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El incendio en Cerro Muriano (Córdoba) de este fin de semana parece haber respetado esta imagen de la VirgenEFE

Oraciones, misas y hasta exorcismos: así ha implorado el pueblo fiel el auxilio de Dios contra los desastres

Desde que los apóstoles constataron que «hasta el viento y el mar» obedecían a Cristo, la Iglesia ha invocado su protección ante catástrofes como los incendios devastadores

Algunos pensarán que solo es superstición, o ritos del pasado propios de «una fe infantil» o «felizmente superada». Pero, como el mismo Cristo aseguró en el Evangelio que «si no os hacéis como niños no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 18, 3), el pueblo sencillo y fiel siempre ha acudido a Dios, a la Virgen y a los santos para implorar su protección frente al granizo, las inundaciones, los desastres naturales y el fuego. Es la respuesta de los creyentes frente a aquellos que sólo confían en los medios humanos.

En estos días de incendios asoladores, numerosos obispos de las diócesis donde se han desatado las llamas han rogado a Dios para que «proteja a quienes siguen en peligro», «consuele a los familiares» o incluso «despierte en todos nosotros la solidaridad, el cuidado de la creación y la esperanza en medio de las dificultades».

El obispo de Solsona, Francesc Conesa, y la virgen dels Torrents en Espunyola (Barcelona), en marzo de 2023, para pedir lluviaEFE

Pero, desde que los apóstoles constataron que «hasta el viento y el mar» obedecían a Cristo (Mt 8, 27), la Iglesia se ha atrevido también a pedirle al Señor que manifieste su poder sobre los desastres naturales que afectan al hombre: sequías, granizo, malas cosechas, inundaciones e incendios.

En el VI volumen del Leccionario del Misal Romano, se recogen las Misas por diversas necesidades, entre las que figura una titulada En tiempo de terremoto, para pedir lluvia, para pedir el buen tiempo, para alejar las tempestades, en cualquier necesidad. «Tú creaste el cielo y la tierra y todas la maravillas que hay bajo el cielo, y eres Señor de todo; no hay, Señor, quien se te pueda oponer», reza la primera lectura, extraída del Libro de Ester (4, 17). Otra de las lecturas propuestas, del Libro de las Lamentaciones (3, 17-26), dice así: «Hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza: que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión; antes bien, se renuevan cada mañana: ¡qué grande es tu fidelidad!».

«El viento cesó»

Entre las lecturas propuestas del Nuevo Testamento figura una de la Carta de Santiago, donde el santo patrono de España afirma: «Dichoso el hombre que soporta la prueba, porque, una vez aquilatado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman» (1, 12). Entre los evangelios estipulados para esta misa aparece el citado más arriba en el que, los discípulos, asombrados, se preguntan: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!», después de que Cristo les recriminara: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?». «El viento cesó y vino una gran calma», asegura el evangelista.

Primera página del libro 'Exorcismi contra imminentes tempestates, fulgurum & grandinis'

Pero, además de las misas, la Iglesia siempre ha ofrecido oraciones y hasta exorcismos contra los desastres naturales. Lejos de negar la ciencia o los medios humanos, se trata del reconocimiento de que Dios es el Señor del mundo, de que «Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga» (Mt 3,12). En el ejemplar de la imagen, fechado a finales del siglo XVIII o principios del XIX, lleva un título lo suficientemente elocuente: Exorcismos contra las inminentes tempestades de rayos y de granizo y conjuraciones para exterminar a todos los animales nocivos, y también bendiciones de campos, de términos y otras cosas. Al final encontrarás la procesión para cualquier necesidad, extraída de la costumbre de la Iglesia metropolitana de Zaragoza según el Ritual Romano de Pablo V.