El 30 de mayo de 1919, el rey Alfonso XIII inauguraba solemnemente el Monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, a las afueras de Getafe (Madrid), centro geográfico de España.
En aquella celebración el pueblo español, por boca de su monarca, se consagró al Sagrado Corazón: «Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de sus hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de la ciencia y de las letras y en nuestras leyes e instituciones».
Muchos estudiosos coinciden en señalar que, tras aquel acto, la suerte del monarca estaba echada: la masonería no perdonaría jamás este gesto.