Los beatos Diego Ventaja Olmos y Manuel Medina Olmos, asesinados el 30 de agosto de 1936
90 años de los primeros mártires de la Guerra Civil
Verano de 1936, el de los diez obispos torturados y asesinados por el Frente Popular
Probablemente nunca en la historia se haya producido una mayor matanza de prelados en tan corto espacio de tiempo
En apenas 37 días de 1936, diez obispos españoles fueron capturados, encarcelados, vejados, torturados y martirizados in odium fidei. Y todos ellos murieron perdonando e incluso bendiciendo a sus asesinos. Tal día como hoy, pero de aquel año aciago, caían abatidos los obispos de Guadix y Almería. Y no serían los últimos de la macabra lista: el 30 de noviembre sería asesinado monseñor Juan de Dios Ponce (Orihuela) y, pocos días después, caería monseñor Manuel Irurita (Barcelona). Posteriormente se produjo un parón de casi dos años y medio hasta que el 7 de febrero de 1939, monseñor Anselmo Polanco, obispo de Teruel, fue fusilado por los comunistas en su huida hacia Francia, ya con la contienda completamente perdida.
Pero regresemos a la efeméride de la que hoy, 30 de agosto, se cumplen 90 años: el martirio de los beatos Diego Ventaja Olmos y Manuel Medina Olmos, obispos, respectivamente, de Guadix y Almería. El primero de ellos había sido nombrado obispo de la diócesis granadina en 1928, y allí, en su palacio arzobispal, fue apresado el 27 de julio de 1936 por un grupo encabezado por el propio alcalde de Guadix y trasladado, junto a otros tres sacerdotes, a Almería, donde permaneció retenido en el barco prisión Astoy Mendi y en el acorazado Jaime I. Como recoge en Religión en Libertad el sacerdote y experto en persecución religiosa en los años 30 en España Jorge López Teulón, con más de una veintena de libros publicados en su haber, «en la madrugada del 30 de agosto fue trasladado en camión hasta el barranco de los Chismes en término de Vícar, donde lo fusilaron junto a otros dieciséis sacerdotes y seglares».
El beato Diego Ventaja Milán nació en una familia humilde, pero destacó en los estudios y llegó a obtener tres doctorados en la Universidad Gregoriana de Roma. Pero nunca olvidó sus orígenes y vivió «treinta y tres años de fecundo ministerio sacerdotal, en torno al Sacromonte de Granada, y en las escuelas del Ave María», explica López Teulón. «Gran catequeta y pedagogo, profesor en el colegio-seminario, predicador incansable, destaca en él su profunda espiritualidad, su desprendimiento, su humildad y su celo sacerdotal», agrega el experto.
Los diez obispos martirizados en el verano de 1936
- 26 de julio: Eustaquio Nieto (Sigüenza)
- 5 de agosto: Salvio Huix (Lérida)
- 7 de agosto: Cruz Laplana y Laguna (Cuenca)
- 9 de agosto: Florentino Asensio (Barbastro) y Miguel Serra (Segorbe)
- 11 de agosto: Manuel Basulto (Jaén)
- 12 de agosto: Manuel Borrás (Tarragona)
- 22 de agosto: Narciso Esténaga (Ciudad Real)
- 30 de agosto: Diego Ventaja (Almería) y Manuel Medina (Guadix)
En 1935 tomó posesión de la diócesis de Almería, y en su consagración participó el obispo de Guadix-Baza, monseñor Manuel Medina Olmos, que se convertiría así en compañero de ministerio y, apenas un año después, de martirio.
El beato Diego Ventaja
López Teulón sitúa el contexto de la época: «En 1936 había cuatro logias en Almería capital, con 273 masones, y seis logias en pueblos de la provincia. Fueron los artífices directos e indirectos de la campaña antirreligiosa, que llenó de ataques a la Iglesia las columnas de la prensa izquierdista y los mítines callejeros de motivación electoral». Pese a ello, con el estallido de la Guerra Civil no trató de escapar de Almería, «pues quería pasar entre sus fieles la fecha aniversario de su entrada en la diócesis».
«Con el perdón en los labios»
Fue detenido y encarcelado junto a monseñor Manuel Medina Olmos, con el que alcanzó la palma del martirio en el barranco de los Chismes, en el término municipal de Vícar.
«Nuestros mártires han ejercitado la paciencia en las tribulaciones, el perdón ante los insultos, la humildad hasta el extremo de las más grandes humillaciones, el dolor moral de los desprecios y el dolor físico de los tratos vejatorios», dijo de ellos el obispo Álvarez Gastón en 1993 con motivo de su beatificación. «Y todo, con el perdón en los labios, con la bendición en las manos y visible amor en sus corazones. En el caso del obispo Diego Ventaja podemos añadir que, con una mirada penetrante, difícil de olvidar, que fue una llamada al arrepentimiento de sus verdugos», añadía entonces. «En ningún momento abrigó sentimientos que enfrentaran a hermanos contra hermanos. Así entregó su vida poniéndose al frente demás de un centenar de sacerdotes y algunos religiosos y seglares, que con él ofrecieron el sacrificio supremo del martirio», concluía.