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El santuario de Nuestra Señora de Las Caldas, en Cantabria

El santuario de Nuestra Señora de Las Caldas, en Cantabria

La carestía vocacional se lleva por delante 422 años de historia de los dominicos en Cantabria

«Solo nos hemos ido en dos momentos: cuando la Desamortización y en la Guerra Civil, porque mataron a todos los religiosos», rememora el último superior de la comunidad que ayer echó el cierre

Ayer domingo fue un día especialmente triste en el santuario de Nuestra Señora de Las Caldas, en el valle de Buelna (Cantabria). El padre Francisco García Ortega, OP, el último superior de la comunidad, fue el encargado de poner fin a 422 años de presencia dominicana en el lugar. «Entré en Las Caldas hace 55 años, cuando ingresé en la Orden de Predicadores. Tenía 17 años. En aquella época estaba aquí la etapa de Filosofía, que eran dos años, y había 50 frailes en cada clase, más los profesores. Todos éramos dominicos», rememora. «Éramos más de 200 frailes, y ahora somos solo 2», señala en una entrevista que le ha hecho la diócesis de Santander.

«Los dominicos llevamos cuatro siglos en Las Caldas. Y solo nos hemos ido en dos momentos: cuando la Desamortización y en la Guerra Civil, porque mataron a todos los religiosos; pero enseguida se rehízo la comunidad, y hemos continuado hasta ahora», explica este fraile, que ahora se trasladará a la comunidad de los dominicos en Sevilla.

Claustro del santuario de Las Caldas

Claustro del santuario de Las Caldas

Efectivamente, como recoge el propio portal de la orden religiosa, «el hecho más luctuoso y, al mismo tiempo, el más glorioso de la historia del santuario» se produce «el 22 de diciembre de 1936». «Nueve religiosos de la comunidad, cinco sacerdotes y cuatro hermanos, custodios de santuario y educadores de los colegiales, son detenidos por los agentes revolucionarios. Ese mismo día, que el calendario litúrgico dominicano celebra el Patrocinio de María sobre la Orden, la comunidad había terminado los ejercicios espirituales. Al atardecer los religiosos son llevados a la checa de Santander, y pocas horas después, en la noche del 22 al 23, son lanzados con lastre al mar en la bahía santanderina. No hubo juicio alguno: única causa de la ejecución, su condición religiosa», detalla.

No hay relevo

Nueve décadas después, la extinción definitiva de la comunidad dominicana de Las Caldas se ha debido a un hecho mucho más prosaico: la falta de vocaciones. «Son muchos los conventos que se cierran. Si no hay relevo vocacional, no podemos aspirar a mantener lo que tenemos», razona el religioso.

La iglesia del santuario, con su soberbio retablo churrigueresco

La iglesia del santuario, con su soberbio retablo churrigueresco

En Cantabria, donde los dominicos gozaron antaño de una notable presencia, ésta se ha quedado reducida a su mínima expresión: «Hemos estado en Potes, en Ajo, en Santillana, en Las Caldas y en Montesclaros, además de atender la parroquia de Covadonga, en Torrelavega. Y ahora solo queda Montesclaros, con una presencia muy débil», constata el religioso.

¿Cuál es el futuro que le espera al santuario que custodia a la la patrona del valle de Buelna? Ayer domingo, en la misa, el prior de los dominicos, fray Francisco Javier Carballo, OP, entregó el santuario al obispo de la diócesis de Santander, monseñor Arturo Ros. «Aunque siga perteneciendo a los dominicos, el santuario se entrega a la diócesis, porque es la casa de la Virgen, para que se mantenga el culto. Mucha gente la quiere, y viene a Ella», señala el P. Francisco. «Hasta el 30 de septiembre seguirá habiendo celebraciones litúrgicas en el santuario», añade. A partir de esa fecha, será la diócesis santanderina quien tendrá que coordinar la atención de este inmenso santuario.

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