El Papa León XIV, a la salida de la catedral de San Esteban, en Metz
León XIV clama por los pilares de Europa: familia, acogida y defensa de la vida humana «en todas sus fases»
El Santo Padre concluye su viaje apostólico a Francia con una Misa en la catedral de San Esteban, donde ha advertido contra la espiral de violencia y ha recordado que «el futuro de Europa no reside en la uniformidad, sino en la armonía de las diferencias».
El Papa León XIV ha presidido en la catedral de San Esteban (Saint-Étienne) de Metz una solemne santa Misa como cierre de su viaje apostólico en Francia.
Como a lo largo de todo el viaje apostólico, miles de fieles se han congregado en esta región histórica atravesada por el río Mosela, calificada por el Pontífice como una tierra que «nunca ha dejado de ser una encrucijada de pueblos, y fue una frontera dolorosa en Europa».
Un escenario cargado de simbolismo desde el cual el Santo Padre ha proclamado un contundente mensaje en favor de la concordia y el rescate de las raíces morales y cristianas del llamado viejo continente.
El perdón frente a la lógica del resentimiento
Aprovechando la reflexión sobre las lecturas litúrgicas a la luz del contexto internacional actual, marcado por episodios de «violencia, manipulación y arrogancia, a diversos niveles», León XIV ha subrayado que la enseñanza evangélica del perdón no constituye hoy una posición de sometimiento. «Estas palabras podrían parecerles a algunos un signo de debilidad, o quizá una rendición frente al mal; pero no es así en absoluto», ha enfatizado el Papa.
Dirigiéndose directamente a una comunidad históricamente castigada por los enfrentamientos bélicos en la frontera europea, el Pontífice ha interpelado a los presentes: «Vosotros, que sois los hijos de esta tierra, lacerada en el pasado por conflictos fratricidas, sabéis bien que no es verdad que el que comete venganza es más fuerte que el que perdona. No es verdad que el que no cede es más fuerte que el que busca la reconciliación. No es verdad que el que se marcha golpeando la puerta es más fuerte que el que afronta el esfuerzo de caminar juntos».
Un momento de la Eucaristía presidida por el Papa en la catedral de San Esteban, de Metz
En este sentido, León XIV ha puesto a la zona como testimonio para la comunidad internacional: «Metz y el río Mosela testimonian al mundo entero que la reconciliación es posible sólo cuando se tiene la valentía de romper las cadenas del resentimiento», remarcando que «frente a la injusticia, el único camino de salvación para el hombre es el amor que se hace cargo del otro y que busca brindar confianza».
Los pilares morales del continente
Durante su homilía, el Obispo de Roma ha explicado que la paz es un don divino, sí, pero que requiere la implicación activa del ser humano en una «auténtica 'obra en proceso'», construida sobre la caridad y la capacidad de perdonar «sin cálculos ni límites, como en una familia».
Asimismo, recordando las célebres palabras de san Juan Pablo II en Santiago de Compostela, ha reivindicado el patrimonio espiritual y moral europeo como previo a su configuración económica y política.
El Pontífice ha enumerado los valores esenciales legados por la fe cristiana al continente: «Principios como la primacía de la persona y el carácter sagrado e inviolable de la vida humana, en todas sus fases y en toda circunstancia; la tutela de la libertad de los individuos; la importancia esencial de la familia como fundamento de la sociedad; la atención a los pobres y a los más necesitados; la acogida del extranjero y el respeto a los ancianos».
La alegoría de las vidrieras de Metz
Para ilustrar el papel de la Iglesia y de la propia Europa, el Papa ha recurrido a la arquitectura de la catedral de San Esteban, conocida históricamente como la Lanterne du Bon Dieu por sus 6.500 metros cuadrados de vidrieras, que integran obras que van desde la época medieval hasta las del pintor judío Marc Chagall.
«Esta catedral nos dice que la luz del Señor no suprime la especificidad, sino que une historias y culturas diferentes en un único y maravilloso mosaico de paz», ha expresado el Santo Padre. En esta misma línea, ha dejado una enseñanza para la construcción sociopolítica europea: «Aprendemos que el futuro de Europa no reside en la uniformidad, sino en la armonía de las diferencias, donde la herida del pasado se convierte en una fisura que deja filtrar la luz».
Al despedirse de la diócesis y disponerse a regresar a Roma, León XIV ha manifestado su deseo de que la comunidad local sea hoy más que nunca «un faro de esperanza para este país, para Europa y para el mundo», antes de trasladarse al aeropuerto de Metz-Nancy-Lorraine para dar por concluida su visita oficial a suelo francés.