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Antonio Zúñiga, junto a su querida iglesia

Antonio Zúñiga, junto a su querida iglesia

Lleva 80 años de sacristán, ahora tiene 90 y el obispo de Orense le entregará una medalla

Antonio Zúñiga comenzó a ayudar en su parroquia a los diez años: «Cualquiera le puede contar cualquier cosa, que ayudará a solucionarlo sin decir nada a nadie»

Tenía solo diez años cuando recibió el encargo de ser el sacristán de su parroquia de San Vicente de Lobeira (Orense). Antonio Zúñiga Mosquera (1936) ya ha cumplido los 90, pero sigue en activo. Con casi total seguridad, es el sacristán más longevo de España, y el obispado de Orense acaba de anunciar que se ha hecho merecedor de una de las Medallas Pro Ecclesia Diocesana, que «reconocen el compromiso y la corresponsabilidad en la Iglesia, destacando la labor llevada a cabo por aquellas personas físicas, asociaciones o instituciones que se hayan distinguido en su entrega e implicación para la gestión ordinaria o proyectos concretos de su parroquia o de la Iglesia diocesana». La «entrega y dedicación» de Antonio, sin duda, están más que probadas a lo largo de 80 años.

El obispo de Orense, monseñor José Leonardo Lemos Montanet, le entregará la medalla a él y a otros siete premiados el próximo 5 de noviembre en un acto que se celebrará en el Auditorio Municipal de Celanova. Antonio «fue zapatero y trabajador de FENOSA, pero nunca dejó de dedicar tiempo a su labor de sacristán», ha destacado la diócesis al comunicar los premios. «Discreto y servicial, destacan quienes le conocen que cualquiera le puede contar cualquier cosa que ayudará a solucionarlo sin decir nada a nadie», describe. «Para él las necesidades de la parroquia, tanto materiales como espirituales, eran lo primero: el suelo, la calefacción, el tejado, la limpieza del atrio y el cementerio, la agenda parroquial... y especialmente el cuidado de la capilla y devoción de Nuestra Señora do Viso», prosigue.

Antonio Zúñiga

Antonio Zúñiga

«Le he oído decir muchas veces que lo debía todo a los sacerdotes y a la Iglesia», ha explicado Camilo Salgado Vázquez, el actual párroco de San Vicente de Lobeira y arcipreste de Baixa Limia, «pero sabía cómo responder con crecimiento a todo lo recibido». «Cualquier sacerdote o comunidad de la Baixa Limia donde Antonio se haya reunido o recibido la llamada para echar una mano, siempre está dispuesto a dedicar su tiempo y conocimientos (especialmente su voz para fomentar el canto)», prosigue su párroco.

En toda la Baixa Limia, «todos conocen a Antonio Zúñiga, pero no por su nombre, sino por su profesión más larga», añade Salgado. «Muchos le llaman Antonio; otros, señor Antonio; algunos por su primer apellido, Zúñiga, pero estos, y todos los que han tenido la fortuna de tratarlo más de cerca o simplemente saben quién es, lo conocen como el sacristán de Lobeira», agrega el sacerdote. «Hoy en día, cuando la gran mayoría solo piensa en llegar a la jubilación lo antes posible, en una prisa por un trabajo que no les satisface», Antonio «nunca abandonó la sacristía de la parroquia de San Vicente de Lobeira».

Discreto y servicial

Su actual párroco coincide en señalar que «tiene muchas cualidades que le hacen apto para ser sacristán», pero que «hay dos en particular: la discreción y la servidumbre». «La dedicación de Antonio en estas ocho décadas a la parroquia de Lobeira ha sido total. Lo primero siempre ha sido la parroquia y sus necesidades, tanto materiales como espirituales. La iglesia parroquial que lleva el título de diácono y mártir San Vicente sabe mucho sobre la preocupación y ocupación de Antonio: el suelo, la calefacción, el tejado, la limpieza del atrio y el cementerio, la agenda parroquial...», detalla el sacerdote.

En la elección de Antonio como merecedor de una Medalla Pro Ecclesia Diocesana también se ha tenido en cuenta «ser un buen marido, muy querido por su esposa Eduarda y sus hijos, a quienes ambos intentaron educar en la fe con su ejemplo y con la educación que les dieron». Y una última curiosidad que destaca su párroco: «Cuando la Virgen del Viso no puede subir en procesión por la lluvia, es Antonio quien la lleva en su famosa 'Suzuki' a su casa de verano en la cima de la montaña que le da su nombre».

No ha sido el único a quien la diócesis gallega ha reconocido su labor y entrega. Carmen Álvarez, Celsa Yáñez y Dolores Seoane también son sacristanas; esta vez de la unidad pastoral de Celanova. «Son muestra de que hay personas cuya presencia sostiene la vida de una parroquia de una manera silenciosa y constante, ofreciendo con esmero su tiempo y sus cuidados para que las iglesias sean lugares dignos y acogedores donde la comunidad pueda reunirse y celebrar su fe de forma confortable», ha destacado el obispado de Orense. «Conocen cada rincón de sus iglesias, perciben las necesidades y se movilizan para encontrar una solución. También cuidan de quienes forman parte de la comunidad. Se interesan por los vecinos, reparan en las ausencias y procuran saber si alguien está pasando por una dificultad. En esa cercanía cotidiana se expresa una manera de vivir la Iglesia que une la oración, el servicio y el cuidado de las personas», concluye el obispado.

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