Fernando Mendoza celebrando la victoria de la temporada con sus amigos dominicos
El mejor jugador de fútbol americano universitario: «Soy un hombre católico y le doy toda la gloria a Dios»
El quarterback de 23 años Fernando Mendoza no solo ha cerrado la temporada con la victoria de su equipo, sino que reivindica la oración, la Misa y la confesión como parte de su vida diaria
Fernando Mendoza no ha sido noticia esta temporada solo por ganar partidos con 23 años. El joven quarterback de los Indiana Hoosiers ha hablado de su fe católica con la misma naturalidad con la que dirige a su equipo en el campo, atribuyendo públicamente sus éxitos a Dios y llevando incluso su trofeo más prestigioso a los sacerdotes que le acompañan espiritualmente en la universidad. Un testimonio que se ha avivado tras cerrarse este lunes una temporada histórica en la que el joven levantó el trofeo del campeonato nacional del fútbol americano universitario tras vencer a los Miami Hurricanes por 27-21.
Estas competiciones reúnen a estudiantes-atletas de universidades de todo el país y constituyen el principal semillero de la NFL, la liga profesional. No se trata por tanto de una competición menor: estadios llenos, audiencias millonarias y una presión comparable a la del fútbol profesional, ante un público que, en este caso, incluía al presidente Donald Trump y al secretario de Estado, Marco Rubio.
Mendoza, cubanoestadounidense e hijo de inmigrantes, ya había hecho historia semanas antes al ganar el Trofeo Heisman, el mayor reconocimiento individual del fútbol americano universitario. Pero si algo ha distinguido al joven esta temporada no ha sido solo su rendimiento deportivo, sino la naturalidad con la que ha hablado de su fe católica.
Meditar y rezar antes de cada partido
El pasado 7 de enero, durante una conferencia de prensa previa a la semifinal contra Oregon, explicó su forma de prepararse mentalmente: «Sinceramente, no escucho canciones para motivarme porque necesito mantenerme sereno, tranquilo y concentrado. En realidad, medito y rezo antes de cada partido».
No era una declaración casual. El pasado noviembre, tras otra victoria en el campo, Mendoza ya había afirmado en televisión que daba «toda la gloria a Dios». Y en diciembre, al recoger el Heisman, volvió a situar su fe en primer plano: «Primero, quiero agradecer a Dios por darme la oportunidad de perseguir un sueño que una vez se sintió a un mundo de distancia».
El reconocimiento público llegó también desde su propia universidad. El padre Patrick Hyde, sacerdote dominico de la capellanía de la Universidad de Indiana, le felicitó con un mensaje en el que también le definía como «el chico que ves cada domingo en Misa».
Esa coherencia se hizo especialmente visible cuando Mendoza decidió regalar su Trofeo Heisman a los sacerdotes de su universidad, a quienes les dijo que: «Esta iglesia [la del campus] y todos vosotros sois una de las principales razones por las que esto ha sucedido».
En declaraciones a la prensa, el propio jugador explicó el motivo: «Soy católico, soy un hombre católico, y ellos han hecho mucho para ayudarme, ya sea en la confesión, en conversaciones o en la Misa de cada domingo. Por eso, doy gracias a Dios por lo que he podido conseguir esta temporada [...] creo que fue muy importante llevarlo a ellos, especialmente a personas que han sido grandes mentores religiosos para mí».