El peculiar estudio de tatuajes que reparte Medallas Milagrosas
Ni Harry Potter ni símbolos del zodíaco: el artista de Nueva York que evangeliza con sus tatuajes
Tommy Houlihan vivía como «una estrella de rock», hasta que se topó con el testimonio de un exsatanista que lo llevó a profundizar en su propia fe y a replantearse el propósito de su tienda
En pleno corazón de Nueva York, a pocos pasos del bullicioso Times Square, un pequeño estudio de tatuajes destaca no solo por su ubicación, sino por lo que ocurre dentro de sus paredes. Se trata de 'Times Square Tattoo', un negocio que, más allá del arte corporal, ha sido transformada por su dueño, Tommy Houlihan, en lo que él mismo define como un «ministerio para la Medalla Milagrosa».
Según recoge Catholic News Agency (CNA), Houlihan, de 55 años, ha tatuado desde 1990, pero su tienda tomó un rumbo inesperado desde que hace unos años regresó a la fe católica. En la entrada del local, dos letreros con la imagen de la Medalla Milagrosa marcan el tono de lo que el visitante encontrará dentro.
Ya en el interior, el ambiente dista mucho del de un estudio de tatuajes convencional: las paredes están cubiertas de rosarios, crucifijos e imágenes religiosas, mientras que un antiguo banco de iglesia hace las veces de sala de espera. Sobre el mostrador, un frasco de vidrio repleto de medallas bendecidas aguarda a cada persona que cruza la puerta.
«Trabajo casi exclusivamente con turistas de todo el mundo», explicó Houlihan a CNA. «Y cada persona que entra en mi tienda recibe una medalla nada más entrar. Y luego vuelan de regreso a Francia, Alemania, Argentina, Canadá, o a donde sea que regresen, lo que nos convierte en un ministerio mundial», explica.
Un banco de iglesia, imágenes religiosas y rosarios son algunos de los elementos que se encuentran en este estudio
Ser el antídito a una «cueva de víboras»
Nacido en un barrio neoyorquino, Houlihan creció en un hogar católico. Durante sus primeros años como tatuador, vivió sin grandes limitaciones: «Usaba joyas caras, ropa a medida e iba a buenos restaurantes todas las noches», relata. En sus propias palabras, «vivía como una estrella de rock». Sin embargo, con el tiempo su vida se desmoronó. «Todo se acabó porque reprimí mi fe», reconoce.
El cambio comenzó tras conocer el testimonio de Zachary King, un exsatanista convertido al catolicismo a través de la Medalla Milagrosa, lo que le llevó a profundizar en su propia fe y a replantearse el propósito de su tienda.
En el proceso, Houlihan consultó a varios sacerdotes, incluidos exorcistas, sobre cómo reconciliar su trabajo con su fe. En una de esas conversaciones, relató el entorno que rodea a su tienda: a su derecha, un centro wiccano —grupo dedicado a realizar hechizos y canalizar energías—; a su izquierda, un templo masónico; y justo enfrente, una iglesia de la Cienciología. Ante ese panorama, lo resumió con contundencia: «una cueva de víboras». La respuesta de uno de los sacerdotes fue clara: le dijo que él era el «antídoto». A partir de ahí, decidió consagrar su tienda a la Virgen María.
«La Virgen se encarga de darme lo suficiente»
Además de repartir Medallas Milagrosas gratuitamente, Houlihan ha impuesto reglas sobre los tatuajes que hace en su estudio. Se niega a realizar diseños con simbología satánica, signos del zodíaco, elementos relacionados con brujería o hechicería —incluyendo referencias a Harry Potter o la serie Wicked—, imágenes que profanen símbolos sagrados, contenido LGBTQ+ o tatuajes en partes del cuerpo con intención sexualizada. «Hay ciertas imágenes que no puedo poner. Algún día tendré que responder por eso», explicó.
Aunque reconoce que sus directrices han tenido impacto económico, dice no estar preocupado. «Definitivamente recibí un golpe, pero la Santísima Madre se asegura de que gane suficiente dinero para sobrevivir», afirmó. La reacción de los clientes al recibir la medalla es, en su mayoría, positiva. Según sus cálculos, alrededor del 60 % la acoge con agrado; un 30 % se muestra indiferente y el resto la rechaza o responde con abierta hostilidad.
Aun así, Houlihan se mantiene firme. Considera que su tienda es una herramienta de evangelización. «Espero que tengan una conversión instantánea», dijo. «Y si son malos católicos, que se conviertan en buenos católicos, y si son buenos católicos, que se conviertan en grandes católicos», señala.
Más allá del arte corporal, Houlihan tiene un objetivo: que las personas que pasan por su tienda «experimenten un cambio en sus vidas y en su fe», como a él mismo le sucedió. Sostiene que el estudio no solo le ha ayudado a mantenerse firme en su vida espiritual, sino que también se ha convertido en una forma concreta de «dar la palabra de Dios» a quienes cruzan sus puertas.