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Cristianos liberados en la Casa de Gobierno de KadunaAFP

Liberados 86 cristianos en Nigeria mientras nuevas masacres dejan más de 200 muertos en el país

El Gobierno ha señalado directamente a «células terroristas» y el presidente Bola Ahmed Tinubu vinculó los ataques al Boko Haram, el grupo terrorista fundamentalista islámico

Nigeria vive una dualidad trágica. Mientras la comunidad recibe con esperanza la liberación de 86 fieles de la iglesia de los Serafines y Querubines en el estado de Kaduna, el país se desangra por una nueva ola de ataques que ha dejado cientos de víctimas en los últimos días. La liberación de estos cristianos, confirmada por la Agencia Fides, pone fin a un cautiverio que comenzó el pasado 18 de enero.

En aquel momento, un comando de hombres armados irrumpió en dos templos de la comunidad de Kurmin Wali durante un servicio religioso. De los 175 fieles que se encontraban inicialmente en el lugar, 89 lograron escapar las primeras horas, pero 86 permanecieron en paradero desconocido hasta esta semana, cuando fueron liberados tras una operación conjunta de las fuerzas de seguridad.

Sin embargo, este rescate es apenas una gota en el océano de masacres que asola el país. La brutalidad terrorista ha golpeado la aldea de Woro, en el estado de Kwara, donde la cifra de muertos asciende ya a 175 personas. A este dramático balance se suman otras 47 víctimas en los estados de Katsina, Kwara y Benue, tras ataques indiscriminados contra mercados y zonas residenciales por parte de milicias armadas que no solo asesinan, sino que saquean ganado y reducen a cenizas viviendas y comercios.

Vista general de los escombros quemados y las viviendas dañadas tras el ataque perpetrado en WoroAFP

Ante el recrudecimiento de la violencia, el presidente Bola Ahmed Tinubu ha desplegado un batallón del Ejército. El Gobierno ha señalado directamente a «células terroristas» y el presidente lo vinculó a Boko Haram –grupo terrorista fundamentalista islámico– como responsable de estas acciones motivadas, según el mandatario, por el rechazo de los aldeanos a la ideología yihadista.

Monseñor Matthew Hassan Kukah, obispo de Sokoto, ha alzado su voz en Yola para denunciar la normalización de la muerte en el país: «No hay otro país donde 10 personas sean asesinadas los lunes, 50 los martes, 100 los miércoles, y esto continúe cada semana. ¿Cómo puede un país continuar así?».

Kukah no solo ha señalado la falta de seguridad, sino que ha advertido sobre el peligro de encuadrar los asesinatos y las masacres desde una perspectiva de carácter religioso, asegurando que «tales narrativas aumentan la desconfianza y profundizan las divisiones entre las comunidades». Para el prelado, Nigeria corre el riesgo de perder «su rumbo moral e institucional» si sus líderes no apuestan por la unidad y no abordan la problemática a nivel político e institucional con la participación de los líderes religiosos y comunitarios.