Fundado en 1910

El obispo noruego Erik VardenMargot Krebs Neale

«Enfréntate al hecho de que no eres Dios»: las claves de Erik Varden para vivir la Cuaresma sin resignaciones ni excesos

El obispo trapense, que predicará los ejercicios espirituales al Papa y a la Curia, destaca que este tiempo litúrgico no es un período de privaciones superficiales, sino una oportunidad para confrontar la muerte, crecer en compasión y «anclarnos en la realidad»

En una entrevista concedida en 2023 al portal estadounidense The Pillar y conducida por Luke Coppen, el obispo noruego Erik Varden desgranó las claves para afrontar el tiempo litúrgico que ahora comienza. El prelado trapense, cuya voz se ha convertido en una de las más lúcidas del catolicismo actual y además es escritor de libros de sólida espiritualidad que se han convertido en auténticos éxitos de ventas, invita a redescubrir la Cuaresma no como un ejercicio de voluntad propia, sino como un camino de liberación y apertura al misterio de la Pascua.

Para el obispo Varden, salir a la calle con la ceniza en la frente el Miércoles de Ceniza es un gesto de una rebeldía esencial. «Se trata de un rito maravillosamente contracultural», afirma el prelado, señalando que la Iglesia nos obliga a mirar de frente el hecho de que no somos Dios. La sociedad contemporánea, asegura, «es profundamente mendaz con relación a la muerte. Seguimos pretendiendo que no existe. Pero la Iglesia nos dice: mira, así son las cosas. Enfréntate al hecho de que no eres Dios».

Esta «mirada adelante» es crucial, pues la Cuaresma no busca el estancamiento en el pecado, sino la preparación para la victoria de Cristo, recordándonos que somos seres llamados a la redención. Los cuarenta días, que evocan desde el diluvio de Noé hasta el Éxodo de Israel y el ayuno del Señor en el desierto, atraviesan la historia sagrada como un paradigma de preparación y encuentro con lo divino.

Privación con propósito

Muchos asocian la Cuaresma con la idea de «privarse de algo». Varden, quien visitó recientemente la redacción de El Debate en Madrid para hablar sobre su última obra Heridas que sanan, puntualiza que el ayuno puede tener sentido solo si responde a una intención espiritual: «Si me privo de algo porque es superfluo o me hace daño, entonces esto tiene una real dimensión espiritual. La intención es determinante».

Además, explica la diferencia clave entre hacer dieta y ayunar: «Cuando hago dieta, soy el centro de atención; cuando ayuno, el objeto está fuera de mí. Me hace salir de mí mismo e ir al encuentro del otro».

El obispo advierte contra el riesgo de convertir los sacrificios en un triunfo del autocontrol, pues la verdadera razón de ser del ayuno cristiano es «liberarnos del cautiverio de la voluntad personal» y mostrar nuestras limitaciones. La intención es lo que determina la dimensión espiritual.

Orar para no caminar solo

La ascesis, por tanto, debe ir acompañada de una vida de oración. Varden sugiere recurrir al patrimonio de la Iglesia, como las oraciones colectas de la misa diaria o la Liturgia de las Horas, para sentirse configurado con los católicos de todo el mundo. «Rezar con la Iglesia y a través de la Iglesia nos recuerda que la oración no es una acción solitaria. Los católicos del mundo entero son interpelados por los mismos textos, ritos y gestos», asevera.

Del mismo modo, la limosna recupera su raíz etimológica ligada a la misericordia —el eleison de la misa—, permitiendo que la capacidad de compasión del individuo, a menudo anestesiada por el bombardeo mediático de miseria, se «descongele» y alcance un núcleo vulnerable. Incluso en casos de adicciones, el obispo señala que existe una «gracia especial» en este tiempo, sin olvidar el necesario pragmatismo profesional.

Para profundizar en esta mirada más sustancial de la Cuaresma, Varden recomienda también sumergirse en obras literarias, cinematográficas y musicales que acompañen la meditación: La escala espiritual de San Juan Clímaco, Escatología del entonces profesor Ratzinger y Christ in Our Midst, cartas de un monje ruso del Monasterio de Valaam. En el arte, sugiere El Evangelio según San Mateo de Pier Paolo Pasolini y Membra Iesu Nostri de Buxtehude, obras que acompañan la meditación a través de distintas expresiones artísticas.

Disciplina con alegría: la clave trapense

El camino cuaresmal no es un ejercicio de «ombliguismo», sino una senda hacia la alegría pascual. Siguiendo la Regla de San Benito, que sostiene que la vida del monje debería ser una «Cuaresma perpetua», entendida no como miseria, sino como un tiempo de gozo que orienta la mirada hacia la Pascua. Los monjes realizan gestos adicionales «en la alegría del Espíritu Santo», buscando un equilibrio entre disciplina, amor y compromiso, siempre bajo la guía del abad para evitar la presunción.

Al concluir este itinerario, lo esencial es discernir si se ha producido una verdadera expansión interior: «¿He llegado a destino? ¿He recorrido el camino de veras? ¿En qué lugar me encuentro? ¿La proclamación pascual, la irrupción del Aleluya, me llenan de alegría? ¿Se ha expandido un poco mi corazón, se ha vuelto un poco más vulnerable? ¿Soy más libre?». Incluso si la respuesta es negativa, aconseja perseverar: «Aun habiendo tenido una Cuaresma espantosa, dame el céntuplo ahora, por tu gracia, y permite que mi corazón se abra a la plenitud de tu promesa».