Decía Chesterton que «hay padres tan preocupados por dar a sus hijos lo que ellos no tuvieron, que se olvidan de darles lo que sí tuvieron». Es precisamente esa fe, hoy tan relegada, arrinconada a lo privado, a lo opcional, a lo meramente emocional —tolerada solo mientras no incomode—, la que el mundo olvida, siendo en realidad la que sostiene una vida.