El Patriarca Latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, en la Ciudad Vieja de Jerusalén
El cardenal Pizzaballa alienta a los cristianos en Cisjordania: «El mal no tiene el poder absoluto»
El Patriarca Latino de Jerusalén visita Taybeh, cercada por una orden militar israelí, mientras el Papa pide el fin de la violencia contra la población civil
La situación de los cristianos en Tierra Santa atraviesa uno de sus momentos más críticos. En medio de un clima de creciente hostilidad en Cisjordania, el Patriarca Latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, se desplazó el pasado 15 de agosto hasta la localidad de Taybeh para celebrar la Fiesta de la Asunción: «Queremos seguir siendo una comunidad que da a luz a la vida, sin rendirnos ni abandonar nuestros derechos, nuestro derecho a la vida», afirmó durante la homilía de la Santa Misa.
Ante una comunidad que se siente sitiada, Pizzaballa recordó que, aunque el mal parezca poderoso, su dominio no es total. El Cardenal instó a los fieles a proteger sus corazones del miedo y la desesperación, advirtiendo que si el corazón se contamina de estos sentimientos, «el dragón ha ganado», aludiendo a la referencia bíblica del Libro del Apocalipsis.
La visita tiene un fuerte componente simbólico, ya que Taybeh ha sido declarada «zona militar cerrada» por las autoridades israelíes, lo que restringe el acceso a extranjeros y visitantes a este enclave, el único pueblo enteramente cristiano de la zona.
Un acoso que no cesa
La realidad cotidiana para estos cristianos es la de un hostigamiento constante. El Vicario General del Patriarcado Latino de Jerusalén, el obispo Guillermo Shomali, denunció en una entrevista para Vatican News casos de violencia diaria por parte de colonos israelíes, quienes entran en poblaciones como Taybeh para incendiar vehículos e impedir que los agricultores trabajen sus campos.
«Hay un grave problema: los asentamientos. Hay 200, y siguen creciendo. Porque la idea de Israel es limitar la presencia palestina a solo tres lugares, construir colonias alrededor de las ciudades para ocupar el territorio y así lograr la anexión de Cisjordania bajo el nombre de Judea y Samaria», denunció a los medios vaticanos.
La presión se extiende a otras zonas como Beit Sahour, en Belén, donde se han registrado disparos durante protestas contra la construcción de asentamientos en tierras pertenecientes a familias cristianas. En Qusra, al sur de Nablus, familias palestinas viven un auténtico asedio, privadas incluso de servicios básicos como agua y electricidad.
Ante este escenario, el Papa León XIV ha alzado su voz desde Castel Gandolfo. Al concluir el ángelus el pasado domingo, el Pontífice renovó su llamamiento para que cese la «repetida violencia contra la población civil palestina en Cisjordania». Con urgencia, el Papa pidió a la comunidad internacional «que haga que avance la solución de los dos Estados para una paz justa y duradera».
Un futuro de «pequeño rebaño»
Las cifras reflejan una tendencia preocupante. Aunque en términos absolutos hay unos 180.000 cristianos de habla árabe en la región, su peso demográfico ha caído drásticamente. Shomali señala que han pasado de ser el 10 % de la población en el siglo XIX a representar menos del 1 % en la actualidad.
Esta disminución se ve agravada por la crisis en Gaza, donde la infraestructura está destruida en un 80 % y la población sufre una falta crítica de medicamentos y seguridad. A pesar de los desafíos y las restricciones, como las impuestas en las celebraciones de Semana Santa donde el acceso al Santo Sepulcro se limitó a grupos mínimos por razones de seguridad, la Iglesia permanece. En palabras de Pizzaballa, el objetivo es seguir siendo una «voz cristiana» y un «foco de alegría y vida» en medio de la adversidad.