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Eduardo Zalovich
CrónicaEduardo ZalovichTel Aviv (Israel)

¿Cómo es la vida de los cristianos en Israel?

La vida cristiana en Israel tiene una historia de 2.000 años, con momentos de colaboración y muchos de intolerancia y persecuciones. Desde el Papado de Juan XXIII hasta hoy las relaciones entre la Iglesia y el pueblo judío han vivido un lento pero firme avance hacia la comprensión y el respeto mutuo

La basílica de la Anunciación de Nazaret (Israel) acogió el pasado 29 de diciembre la apertura de la Puerta Santa para inaugurar el Jubileo convocado por el Papa Francisco. El cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, presidió el acto

El cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén en la basílica de la Anunciación de Nazaret (Israel)

Hace poco sucedieron dos incidentes delicados, relacionados con la comunidad cristiana. El primero fue la prohibición temporal del paso a dos autoridades católicas a la Iglesia del Santo Sepulcro. Fue en momento de lanzamiento de misiles iraníes y –vale aclararlo– con prohibición simultánea de acceder a todos los lugares sagrados. La situación generó tensión, pero las autoridades actuaron con rapidez y, tras dialogar con los líderes religiosos, se restableció el acceso, garantizando la continuidad de las ceremonias con numero limitado de participantes, por motivos de seguridad.

El segundo ocurrió cuando un soldado rompió una cruz en la «franja de seguridad» del sur del Líbano. Tras el condenable hecho, se ofrecieron disculpas y se coordinó la reparación de la pieza, con supervisión de los responsables del templo. Ambos casos concluyeron de manera positiva, demostrando eficacia en la gestión y respeto por los valores religiosos, evitando que los hechos se intensificaran y reafirmando el compromiso con la convivencia pacífica.

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, publicó un comunicado explicando que «Israel defiende los valores de respeto mutuo entre judíos y fieles de todas las religiones. Todas las religiones florecen en nuestra tierra y consideramos a los miembros como iguales en la construcción de nuestra sociedad. Al igual que la inmensa mayoría de los israelíes, me sentí consternado y entristecido al enterarme de que un soldado dañó un icono religioso católico. Condeno este acto en los términos más enérgicos».

«Las autoridades militares están llevando a cabo una investigación penal y tomarán las medidas disciplinarias contra el responsable. Mientras que los cristianos son masacrados en Siria y el Líbano por musulmanes, la población cristiana en Israel prospera, a diferencia de otros lugares de Oriente Medio. Israel es el único país de la región donde la población cristiana y su nivel de vida están mejorando. Es el único lugar de Oriente Medio que respeta la libertad de culto para todos. Lamentamos profundamente el incidente», zanjó.

Algunos políticos y periodistas, condenando el hecho, lamentaron el «doble rasero» internacional, que casi no informa de matanzas de cristianos en África ni de la nula libertad religiosa en países musulmanes. Pero la vida de los cristianos en Israel debe enfocarse en lo fundamental, dejando de lado coincidencias o discrepancias políticas.

El Vaticano, su rol y la acción de Pierbattista

Las palabras de los Papas sobre el antisemitismo han sido fundamentales. Son una advertencia para que el horror no sea olvidado y para que el odio no vuelva a echar raíces. Entre las últimas se encuentran las de León XIV, quien confió su reflexión en su cuenta de X: «Hoy, Día de la Memoria del Holocausto, deseo recordar que la Iglesia permanece fiel a la firme posición de la Declaración NostraAetate contra todas las formas de antisemitismo, y rechaza cualquier discriminación o acoso por motivos étnicos, de lengua, nacionalidad o religión».

Desde el nombramiento del padre Pierbattista Pizzaballa como Custodio de Tierra Santa –2004-2016– y en 2020 como Patriarca Latino de Jerusalén, se comenzó a superar la distancia que había respecto a la sociedad israelí. Hasta entonces la mayoría de los frailes no hablaba hebreo. Pizzaballa domina el hebreo de modo fluido e impulsó la apertura de su comunidad a la sociedad en general. Una de sus primeras iniciativas fue dar a los jóvenes religiosos la oportunidad de estudiar hebreo. Animó los contactos con instituciones israelíes con el fin de fomentar la cooperación en las áreas de turismo y peregrinación. Como ningún custodio antes que él, tuvo acceso a ministros y altos funcionarios israelíes, incluido el primer ministro.

Impartió una emotiva conferencia pública en idioma hebreo en la Universidad de Tel Aviv, reflexionando sobre la «Iglesia Católica y el Holocausto». Consciente de la necesidad de vincularse con la opinión pública israelí, recibió a grupos judíos en la escuela-monasterio de San Salvador, sede de la Orden Franciscana en Jerusalén. También comenzó a integrar a los empleados musulmanes de la Custodia de Tierra Santa en el marco del Estado israelí. Las escuelas administradas por la Custodia han entrado en el sistema educativo estatal.

Pizzaballa se refirió a la Iglesia en Jerusalén en los siguientes términos: «No por casualidad la llamamos 'Iglesia Madre', no sólo porque de ella nacieron las Iglesias esparcidas por el mundo, sino porque aún hoy custodia de forma única y especial el lugar que hace memoria de la muerte y resurrección de Cristo. En Jerusalén aún hoy se encuentran, juntas, si bien heridas en sus relaciones, todas las denominaciones cristianas. Todos, en definitiva, se encuentran aún hoy en la Ciudad Santa, que es un microcosmos de la vida de la Iglesia en el mundo. En este sentido la podemos definir 'corazón palpitante', porque dona la vida a tantísimos creyentes en el mundo. En ella todavía hoy se concreta la profecía de Isaías, que habla de Jerusalén como la casa de oración para toda la humanidad».

La presencia de la Orden Franciscana es clave en el diálogo interreligioso.

Integración como ciudadanos y soldados

Se calcula que existen cientos de iglesias y lugares de culto cristianos en Israel y los territorios palestinos, incluyendo santuarios mayores, parroquias, capillas y monasterios. Solo el Patriarcado Latino –la principal estructura católica romana en la región– cuenta con decenas de parroquias en Jerusalén, además de escuelas, hospitales y centros sociales. Los católicos son minoría frente a las iglesias ortodoxas, aunque mantienen una presencia institucional sólida. Jerusalén, por su carácter sagrado, concentra una proporción altísima de templos: se cuentan allí decenas de iglesias de distintas denominaciones, muchas dentro de la Ciudad Vieja, donde el equilibrio entre confesiones se rige por un delicado «statu quo» .

Los cristianos ciudadanos de Israel tienen niveles educativos elevados, alta participación en profesiones liberales y una integración considerable. Informes oficiales los describen como una comunidad «integrada» al país, con presencia destacada en universidades, medicina y tecnología. Jurídicamente, gozan de ciudadanía plena, realizan el servicio militar obligatorio y algunos siguen la carrera militar.

En los territorios palestinos, la situación es distinta. Allí, los cristianos forman parte del entramado social palestino. En la franja de Gaza, la comunidad es muy reducida –unos pocos miles– y se encuentra prácticamente aislada. La única iglesia católica del enclave es la parroquia Sagrada Familia. Ciudades como Belén, Ramala y Taybeh tienen una presencia cristiana histórica, aunque la emigración ha reducido su peso demográfico por incidentes con grupos islámicos radicales.

Las relaciones con El Vaticano constituyen un eje fundamental. La Santa Sede mantiene una presencia diplomática activa en Israel y la Autoridad Palestina, así como una red institucional a través del Patriarcado Latino de Jerusalén, restaurado en el siglo XIX y hoy responsable de coordinar la vida pastoral católica en la región. Este patriarcado no solo administra parroquias, sino también escuelas y obras sociales. En términos globales, el Patriarcado Latino agrupa a cientos de miles de fieles en su jurisdicción, que abarca Israel, Palestina, Jordania y Chipre.

Las visitas papales han tenido un impacto muy importante. Desde finales del siglo XX, Pontífices como Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han viajado a Israel, promoviendo el diálogo interreligioso y apoyando a las comunidades locales. Estos viajes apuntaron a reforzar la presencia cristiana y subrayar el carácter universal de los lugares santos.

El respeto religioso en Israel está formalmente garantizado por ley, que protege la libertad de culto y el acceso a los lugares sagrados. Sin embargo, la realidad es más matizada. Existen numerosos ejemplos de convivencia pacífica y cooperación interreligiosa, pero también incidentes: actos vandálicos ocasionales contra templos, tensiones en Jerusalén durante celebraciones y restricciones de acceso por asuntos de seguridad. Estas tensiones suelen intensificarse en períodos de conflicto regional, como se ha visto tras la guerra de Gaza iniciada en 2023. Pero no son la norma, sino excepciones condenadas.

En el ámbito familiar y social, la vida cristiana mantiene los rasgos tradicionales. La familia sigue siendo el núcleo central, con celebraciones religiosas –Navidad, Pascua– que combinan liturgia y convivencia comunitaria. Las escuelas cristianas, muchas gestionadas por órdenes religiosas, tienen un papel clave en mantener la identidad.

La actitud política de los cristianos varía según el contexto. En Israel, muchos adoptan una postura pragmática, centrada en la integración y el progreso social, aunque no libre de reivindicaciones sobre reconocimiento. En los territorios palestinos, muchos se identifican con la causa nacional palestina, pero con énfasis particular en el diálogo y la no violencia.

Tanto El Vaticano como el Patriarcado Latino, coinciden en subrayar una paradoja: Tierra Santa es el corazón espiritual del cristianismo, pero sus comunidades locales son pequeñas. Informes del propio Patriarcado destacan la vitalidad de la fe y el compromiso social de los fieles, al tiempo que alertan sobre la emigración. Desde el mundo evangélico, por su parte, existe un enorme interés por Israel, vinculado a interpretaciones teológicas y redes internacionales de apoyo.

En definitiva, la vida de los cristianos en Israel tiene una presencia que se remonta –obviamente– a mas de 2.000 años. Inicialmente, Roma los consideraba una secta judía más. Entre la integración y alguna tensión, la fe de estas comunidades es un componente clave en la sociedad pluralista israelí . Como dato final, no muy conocido, existen unos 20.000 judíos mesiánicos, que se consideran seguidores del camino señalado por Jesús: lo consideran el Mesías pero continúan identificándose con el judaísmo.

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