El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y arzobispo de Valladolid, Luis Argüello
Entrevisra a monseñor Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española
Argüello, sobre los retos de la familia: «El matrimonio no es una ley externa imposible, sino un regalo sostenido por la gracia»
El presidente de la Conferencia Episcopal Española analiza en Roma la caída de los matrimonios en España –que han pasado de superar el 30 % a situarse por debajo del 17 % en una década– y aboga por reorientar la pastoral hacia el acompañamiento de los jóvenes
Roma ha acogido estos días a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo para dialogar sobre los retos que afronta la familia y relanzar una acción pastoral compartida con motivo del décimo aniversario de la exhortación apostólica Amoris laetitia. Al frente de la delegación de los obispos españoles se encuentra monseñor Luis Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), jurista de formación que ingresó en el seminario a los 30 años.
En conversación con El Debate, el prelado ha trazado un diagnóstico de la situación del matrimonio en la sociedad contemporánea y ha desgranado las respuestas con las que la Iglesia busca acompañar a las nuevas generaciones frente a la incertidumbre y el miedo al compromiso.
¿Comprometerse limita la libertad?
El escenario que describe monseñor Argüello para España es de gran preocupación: en apenas diez años, la proporción de matrimonios celebrados por la Iglesia se ha reducido a la mitad, cayendo de más del 30% a situarse por debajo del 17% actual, al tiempo que disminuyen la natalidad.
A juicio del presidente de la CEE, este fenómeno responde a una cultura secularizada e individualista que sitúa la autonomía personal como un bien difícilmente compatible con decisiones definitivas. A ello se suman «la precariedad laboral, la movilidad y las dificultades de acceso a la vivienda».
En este sentido, advierte de que «la cultura contemporánea introduce la sospecha de si comprometerse mediante una alianza disminuye la libertad», subrayando además que «si no se analiza el matrimonio en relación con las transformaciones culturales y socioeconómicas actuales, resulta muy difícil abordar la situación».
Según advirtió monseñor, en el corazón de la juventud convive un contraste evidente: «Los jóvenes siguen teniendo en su corazón el deseo de amar y ser amados, y crece el deseo de formar una familia; lo que ocurre es que también crece la duda sobre si esto es realmente posible».
La comunión y «Amoris laetitia»
Al ser preguntado sobre los debates suscitados tras la publicación de Amoris laetitia sobre la comunión sacramental a parejas en situación irregular, el prelado señaló que «poner excesivamente el foco en esta cuestión despista de la propuesta espléndida que hizo el Papa Francisco», la cual se centra en «cómo proponer la vocación al matrimonio hoy, en una época en la que la mayoría de los jóvenes no tienen como perspectiva de su vida casarse y donde no se está abierto a la vida».
Respecto a la participación eucarística, Argüello recordó en sus declaraciones a El Debate que «todos los miembros de la Iglesia somos pecadores perdonados» y que para comulgar plenamente se requiere «vivir en gracia de Dios». Además, el arzobispo salió al paso que quienes interpretan esto como un rechazo: «No poder comulgar no significa estar excomulgado; la excomunión es algo completamente distinto, pues implica una ruptura plena, completa y formal con lo que la Iglesia propone».
En estos casos, monseñor Argüello explicó que «existen situaciones estables que comprometen esta condición y que deben abordarse planteando, por ejemplo, en el caso del matrimonio, la posibilidad de una nulidad previa o cuál debe ser el acompañamiento concreto necesario para que esa propuesta de comulgar plenamente en gracia de Dios pueda ser vivida, acompañada o madurada». Según enfatizó el prelado, «la clave pastoral radica en cómo acompañamos estas situaciones desde su raíz y momento concreto, buscando ajustar el ideal de vida propuesto por la Iglesia a la realidad que cada uno vive».
El matrimonio, un proyecto de vida
Frente al temor al fracaso en el matrimonio, el presidente de la Conferencia Episcopal rechazó concebir el sacramento como un mero código normativo formal: «Si el matrimonio se concibe únicamente como una ley externa que impone indisolubilidad, fidelidad y fecundidad, resulta imposible de asumir». Por el contrario, recalcó que «debe comprenderse como un proyecto de vida regalado por el Señor, asistido por su gracia y por el respaldo comunitario».
En este sentido, monseñor Argüello remarcó a El Debate que la vivencia matrimonial exige romper con la individualidad: «Los matrimonios cristianos deben estar dispuestos a acoger esa gracia y a cultivar la compañía de otros hermanos, ya que intentar vivirlo de manera aislada resulta inviable».
El matrimonio, concluyó, ofrece categorías fundamentales como el perdón, el servicio mutuo y la «colaboración con el Dios creador en la transmisión de la vida», permitiendo experimentar «la acción santificadora del Espíritu Santo, que viene en ayuda de nuestra debilidad para que podamos vivir aquello que por nuestras solas fuerzas no podríamos vivir».