La Santa Sede informó que, antes de salir al público, el Pontífice se confesó en la basílica, dedicó tiempo a la oración y cruzó la 'Puerta Santa' jubilar. Tras impartir la bendición, el Pontífice se acercó a saludar a los fieles, dedicando un momento especial, aunque limitado para garantizar su reposo, a un grupo de niños enfermos presentes en la celebración.
Mientras Francisco se recupera, las misas en el Vaticano son presididas por clérigos o cardenales, quienes leen en su nombre sus discursos y homilías. «Queridos hermanos y hermanas enfermos, en este momento de mi vida comparto mucho con ustedes: la experiencia de la enfermedad, de sentirnos débiles, de depender de los demás para muchas cosas, de tener necesidad de apoyo. No es siempre fácil, pero es una escuela en la que aprendemos cada día a amar y a dejarnos amar», confesó Francisco en la homilía leída por el arzobispo italiano Rino Fisichella.