Un vídeo de los agustinos sobre el viaje apostólico de León XIV a Argelia
Visita apostólica a África
Así se persigue a los cristianos en Argelia, adonde llega León XIV
Treinta años después de la masacre de los monjes de Tibhirine, los seguidores de Cristo siguen padeciendo acoso constante
El país magrebí al que hoy llega León XIV tiene, en 2026, una comunidad cristiana de alrededor de 156.000 personas, es decir, el 0,3 % de una población total de casi 48 millones. Así se desprende del informe «La opresión de los cristianos en Argelia», publicado por The European Center for Law and Justice (ECLJ), y al que ha tenido acceso El Debate.
La Iglesia católica está presente en Argelia y reconocida por el Estado argelino bajo el nombre de «Asociación Diocesana de Argelia», perteneciendo el resto de cristianos a diversas confesiones protestantes. La comunidad católica en Argelia está conformada, aproximadamente, por 8.000 fieles. Está mayoritariamente compuesta por residentes extranjeros (africanos subsaharianos y, en menor medida, europeos), que se concentran sobre todo en las principales ciudades costeras. Cuatro diócesis conforman esta comunidad católica: la archidiócesis de Argel y las diócesis de Orán, Constantino-Hipponova y Laghuat-Ghardaya.
Estas estadísticas algo exiguas, no se deben, en ningún caso, a la ausencia de tradición cristiana: como señala el informe, «desde el siglo II en adelante, el norte de África fue uno de los grandes centros intelectuales del cristianismo latino. Esta tierra vio nacer a importantes pensadores como Tertuliano (155-220 d. C.), uno de los más grandes teólogos latinos, y San Agustín de Hipona (354-430), Padre y Doctor de la Iglesia, célebre por sus escritos (Confesiones, La Ciudad de Dios) y su lucha contra herejías como la del donatismo». Además, los primeros mártires cristianos derramaron su sangre en esta región, antigua Numidia romana, que hoy corresponde en gran parte a la Cabilia argelina, una región montañosa situada al este de Argel, a orillas del mar Mediterráneo.
El proceso de islamización, iniciado en 680 bajo la batuta de Oqba, compañero de Mahoma, tardó 7 siglos en consolidarse, siendo solo a partir del siglo XII, con el endurecimiento de las normas, cuando fue desapareciendo el cristianismo hasta no quedar, prácticamente, ni rastro a finales del siglo XIII. Hubo que esperar a la década de 1830, con la colonización francesa, para presenciar un resurgir cristiano, con la llegada de colonos y misioneros franceses. Una importante minoría cristiana procedente de Europa se consolidó en las ciudades, donde se construyeron iglesias, escuelas y hospitales. Se fundaron importantes diócesis en Argel, Orán y Constantina. La Iglesia católica se convirtió entonces en una institución oficial e influyente.
Así fue hasta la independencia, acaecida en 1962, una de cuyas consecuencias fue el éxodo de muchos argelinos católicos, y no solo pieds-noirs, es decir los de origen francés o europeo. También los conversos. «La Iglesia católica quedó así reducida a una iglesia tolerada por el Estado, no a una iglesia misionera. Podía seguir existiendo, pero su estatus estaba estrictamente controlado», señala el informe. Así sigue siendo.
Ese severo marco regulatorio fue agravado por la «Década negra», nombre por el que se conoce al periodo de guerra civil entre poder central e islamistas, entre 1991 y 2002, durante el cual fueron asesinados 19 sacerdotes o religiosos, entre ellos los monjes de Tibhirine en 1996 y también, ese mismo año, el obispo de Orán, monseñor Pierre Claverie, víctima de una bomba.
El final del conflicto no trajo ninguna mejoría en lo tocante a la libertad religiosa de los cristianos. Es más, se aplicó con más rigor, si cabe, el sistema en vigor. Señala el informe del ECLJ que «la población cristiana de Argelia no tiene reconocimiento oficial. En virtud de su Constitución de 1963, Argelia nunca ha reconocido explícitamente la existencia de minorías en su territorio. A estos grupos se les niega la denominación de minoría religiosa», reservada en exclusiva a cofradías musulmanas.
La Constitución se limita a mencionar las «religiones distintas del islam», sin otorgarles formalmente un estatus diferenciado. El gobierno da por sentado que todos los argelinos son musulmanes, lo que crea una desconexión entre la identidad religiosa y la situación jurídica de los cristianos. Además, en Argelia no existen estadísticas religiosas oficiales, lo que refuerza la invisibilidad de cualquier comunidad religiosa no musulmana.
El régimen argumenta que reconocer legalmente la existencia de minorías religiosas equivaldría a concederles un estatus especial y acceso a servicios específicos, con las consiguientes implicaciones presupuestarias. También alega motivos de seguridad, en particular el riesgo de inestabilidad política. Bouabdellah Ghlamallah declaró en febrero de 2010, cuando era Ministro de Asuntos Religiosos, que «nadie quiere que haya minorías religiosas en Argelia, porque esto podría servir de pretexto para que potencias extranjeras interfieran en los asuntos internos del país bajo el pretexto de proteger los derechos de las minorías».
Así las cosas, en Argelia 58 iglesias protestantes han sido obligadas a cerrar sus puertas en los últimos año, cierres que resurgieron en 2017 so pretexto de inspecciones sanitarias, y 2019 fue un año particularmente duro para los fieles, con 13 lugares de culto clausurados, la mayoría en Cabilia: las dos iglesias más grandes de Cabilia, las de Tizi Ouzou y Makouda, no se libraron. En abril de 2023, la iglesia de Ait-Douala, en la provincia de Tizi Ouzou, se vio obligada a cerrar bajo presión. Ya en noviembre de 2021, el pastor de la iglesia había sido acosado por la policía y la gendarmería. «Me pidieron autorización para practicar la religión cristiana, amenazándome con arrestarme si seguía celebrando servicios religiosos sin ella», declara en el informe. Por otro lado, la ley de asociaciones de 2012 permite a la administración ejercer un amplio control retroactivo sobre todo el sector asociativo. De hecho, le otorga un plazo de tres meses para solicitar la anulación del registro de una asociación (Artículo 10).
Según Human Rights Watch, esta ley sume a las asociaciones en un «vacío legal» y limita «su capacidad para recibir financiación extranjera o celebrar reuniones públicas». Así, «las asociaciones que intentan registrarse se pierden en un laberinto burocrático, sin poder presentar sus solicitudes y, en ocasiones, viéndose obligadas a operar al margen de la ley».
Se ha iniciado una reforma de esta legislación sobre asociaciones con el objetivo de restringir aún más el marco legal que permite la creación de asociaciones extranjeras en
«Bajo el pretexto de la modernización, las autoridades argelinas están preparando una verdadera represión contra el sector asociativo». En efecto, si bien la ley del 12 de enero de 2012 prohíbe la apertura de iglesias, también invalida la creación de cualquier asociación de origen extranjero o cuyo propósito no sea «apoyar a las autoridades públicas en la aplicación de políticas públicas». Este endurecimiento de las restricciones se produjo tras el movimiento Hirak en 2019, periodo desde el cual, como nos comentó un periodista argelino, «el gobierno ya no tolera las críticas».
Todas estas restricciones administrativas constituyen ataques encubiertos contra la libertad de reunión y asociación de los cristianos argelinos. Sin la posibilidad de que las iglesias evangélicas se constituyan como asociaciones religiosas, ni el reconocimiento de los edificios destinados al culto, toda reunión religiosa queda prohibida. En última instancia, «estas restricciones han dado lugar, a su vez, a procesos penales contra miembros de estas asociaciones con el pretexto de haber convocado y practicado ritos religiosos en lugares de culto no autorizados», lamentó el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los derechos a la libertad de reunión pacífica y a la libertad de asociación, tras su visita oficial a Argelia en septiembre de 2023. A todo esto se añade el delito de proselitismo y la prohibición de «perturbar» la fe de un musulmán, y la exclusión social de los cristianos.
A este país llega hoy León XIV. Sus autoridades saben utilizar al cristianismo cuando les conviene. Así pasó cuando el presidente (1999-2019) Abdelazz Buteflika se acoordó de San Agustín cuando pretendía llevarse bien con Benedicto XVI.