El Papa sostuvo la ampolla que contiene la sangre de San Genaro, patrón de Nápoles, que se licúa de forma prodigiosa tres veces al año. Fue en la catedral de Nápoles, el Duomo, donde el Pontífice advirtió contra el peligro del aislamiento que agota al clero. Denunció que el individualismo es una tentación que vacía de sentido el ministerio y genera rostros tristes. Además, pidió a los sacerdotes ejercitar el «arte de la proximidad» y buscar formas de vida común.