León XIV saluda desde lo alto del Papamóvil antes de presidir su audiencia general
El Papa reivindica el rito frente a la «frenética actividad» y exhorta a cuidar la belleza de las celebraciones
Durante la catequesis de este miércoles, el Santo Padre ha instado a los fieles a no ser «espectadores mudos» y a recuperar la capacidad de comprender los símbolos para participar plenamente en el misterio de la fe
el Santo Padre ha continuado su ciclo de catequesis sobre la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, deteniéndose en la importancia del rito, el signo y el símbolo. Ante miles de fieles, el Pontífice ha subrayado que la liturgia no es un conjunto de «ceremonias arbitrarias», sino la mediación eclesial necesaria para recibir el don divino.
La liturgia frente al activismo
El Papa ha definido el papel del rito en la vida del creyente. Lejos de ser un esquema que encorseta la libertad, el rito interrumpe nuestras «actividades frenéticas» para reconducirnos a lo esencial, y es por ello que «a veces puede contrastar con nuestra tendencia individual a la espontaneidad». Según ha explicado, la lógica litúrgica no se rige por «cálculos productivos», sino por una lógica de gratuidad que permite un descanso regenerador para el corazón.
En este sentido, ha recordado que recordando que el rito nos implica en una secuencia de gestos y oraciones que nos forman en la escucha, la adoración y la comunión eclesial. Para el Santo Padre, la liturgia solo cumple su función si los fieles no se quedan «al margen o como espectadores mudos», sino que participan con todo su ser: cuerpo, mente y corazón.
Profundizando en la «gramática del rito», la catequesis ha distinguido entre el signo y el símbolo. Mientras que el signo remite a una idea, el símbolo tiene la capacidad de evocar todo un sistema de valores y significados. El Papa ha puesto como ejemplo emblemático el agua bendita, que reaviva la conciencia del Bautismo y la adhesión a la vida nueva en Cristo.
Estos símbolos, ha recordado, tienen una dimensión «performativa y transformadora». Acciones tan sencillas como arrodillarse o darse la paz no son gestos vacíos, sino que tienen el poder de tocar el corazón y «generar auténticas relaciones eclesiales».
Capaces de símbolos
Retomando el pensamiento de Romano Guardini, el Santo Padre ha señalado que la tarea primordial de la formación litúrgica es que el hombre vuelva a ser «capaz de símbolos». Ha hecho un llamamiento a cuidar la belleza de las celebraciones «sin arbitrariedad» y a promover una auténtica mistagogía, es decir, un proceso de formación que ayuda a comprender y vivir más profundamente los misterios de la fe a través de la liturgia y los sacramentos.
«La experiencia de una liturgia viva y devota es el mejor recurso para despertar el encuentro con Dios», ha concluido, subrayando que este encuentro, siguiendo la lógica de la encarnación, debe involucrar a todo el hombre: espíritu, alma y cuerpo.