León XIV se dirige a la multitud durante la audiencia general semanal
«La música no es un mero adorno»: El Papa urge a recuperar la nobleza y la sencillez en el canto litúrgico
Durante la Audiencia General de este miércoles, el Santo Padre ha profundizado en el valor «inestimable» de la música sagrada, advirtiendo que no debe someterse a modas pasajeras y recordando que cantar es una forma privilegiada de rezar en comunión
No es casualidad que la música sacra haya ocupado este miércoles el tema de la Audiencia General, a apenas dos días de la fiesta de san Pío X, uno de los grandes impulsores de su renovación en la Iglesia. En 1903, pocos meses después de su elección, el Pontífice publicó el motu proprio Tra le sollecitudini, en el que estableció tres características que debían distinguir la música litúrgica: santidad, bondad de las formas y universalidad.
Es decir, debía ser verdaderamente religiosa, musicalmente digna y capaz de ser utilizada por la Iglesia más allá de gustos particulares o modas pasajeras. Además, promovió especialmente la recuperación del canto gregoriano frente a la influencia de estilos teatrales y profanos.
Más de un siglo después, el Papa ha retomado esta cuestión desde el capítulo sexto de la Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II, para recordar que la música no ocupa un lugar secundario en el culto, sino que «constituye una parte necesaria o integral de la Liturgia solemne».
Más que un ornamento: una forma de orar
El Papa ha sido contundente al afirmar que la música debe estar íntimamente unida a la acción litúrgica para ser verdaderamente santa. «La música forma parte de la acción litúrgica, y no es un mero adorno de la celebración», ha subrayado, explicando que, en este contexto, cantar y tocar instrumentos equivale a rezar y sintonizar el corazón con Dios y con los hermanos.
Haciendo suya la máxima de San Agustín, el Santo Padre recordó que «cantar es propio de quien ama», una dimensión afectiva que ayuda a abrir el corazón a la gracia divina y a dejarse moldear por ella. Además, destacó la capacidad de la música para generar unidad: «Por medio de la sinfonía, las voces contribuyen a unir los ánimos, superando las diferencias entre las personas», convirtiéndose así en una manifestación tangible de la naturaleza de la Iglesia.
Contra las modas y por la calidad musical
León XIV también ha señalado las exigencias técnicas y espirituales que deben regir las composiciones religiosas. Ha pedido que, por encima de «las modas o de las sensibilidades particulares», la música responda a lo que es adecuado para cada momento de la celebración. En este sentido, ha abogado por una forma que sea «a la vez noble y sencilla, de alta calidad musical y fácil de ejecutar», especialmente cuando el objetivo es la participación de toda la asamblea.
En cuanto a las letras, el Papa ha instado a que los textos sean «adecuados, profundos y, al mismo tiempo, simples de comprender», nutriéndose principalmente de la Sagrada Escritura y la Tradición. Todo ello bajo el antiguo principio de lex orandi lex credendi: la forma en que la Iglesia reza debe reflejar fielmente lo que cree.
El órgano de tubos y el silencio sagrado
Al abordar la participación activa de los fieles, el Santo Padre ha recordado que no se trata solo de cantar, sino de entrar en el misterio que se celebra. Para ello, ha pedido fomentar las aclamaciones, la salmodia y, de manera crucial, «un silencio sagrado». Respecto a los instrumentos, ha recordado la preeminencia que el Concilio otorga al órgano de tubos, aunque también ha señalado el uso de otros instrumentos siempre que «convengan a la dignidad del templo y contribuyan realmente a la edificación de los fieles».
También ha hecho una mención especial a la importancia de la schola cantorum–coro encargado de interpretar el canto litúrgico durante las celebraciones de la Iglesia– y a la necesidad de proteger el patrimonio musical de la Iglesia frente a «impropiedades de estilo» o músicas «desaliñadas».
Finalmente, el Santo Padre ha puesto el foco en la importancia crítica de la formación para salvaguardar este tesoro artístico y espiritual. León XIV ha recordado que la Iglesia recomienda encarecidamente fomentar la formación y la práctica de la música sacra «en los seminarios, en los noviciados de religiosos de ambos sexos y en las casas de estudios», así como en el resto de instituciones y escuelas católicas. Para el Pontífice, no se trata solo de una instrucción técnica o artística, sino de un deber pastoral: es imperativo garantizar a los músicos, compositores y cantores una «sólida formación litúrgica» que les permita comprender el misterio que sirven a través de sus notas.
En esta misma línea, ha animado a los centros educativos a promover la música tradicional de cada pueblo y a trabajar en una adecuada «educación del sentido religioso» de los fieles. Como broche final, el Papa ha invocado las palabras de San Ignacio de Antioquía, invitando a que «cada uno de vosotros también se convierta en coro» para que, en la armonía de la concordia, la Iglesia pueda tomar «el tono de Dios en la unidad» y cantar a una sola voz por Jesucristo al Padre.