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a León XIV, flanqueado por los capitanes regentes de San Marino, Alice Mina y Vladimiro Selva, saluda a la multitud desde el balcón del Palacio PúblicoAFP

Visita pastoral de León XIV a San Marino y Rímini

El Papa apoya a quienes «pagan en su persona por no traicionar su conciencia» y defiende la vida desde la concepción

Durante su viaje por el centenario de los lazos diplomáticos bilaterales, León XIV propone el ejemplo de San Marino como un «laboratorio de buena política» inmune a la «idolatría» de los proyectos económicos y políticos deshumanizadores

el Papa León XIV está realizando este sábado una trascendental visita pastoral a la República de San Marino y Rímini. Este viaje, que sigue las huellas de las históricas visitas de San Juan Pablo II en 1982 y de Benedicto XVI en 2011, coincide con la conmemoración del primer centenario del establecimiento de relaciones diplomáticas formales entre la Santa Sede y la república más antigua del mundo, formalizadas en abril de 1926.

Ante las más altas autoridades civiles reunidos en el Palazzo Pubblico, el Santo Padre ha pronunciado un discurso donde ha desgranado el verdadero sentido de la palabra Libertas, advirtiendo con firmeza contra las sutiles pero devastadoras esclavitudes ideológicas y materiales de la modernidad.

La libertad no es neutral: el primado innegociable de la conciencia

El Pontífice ha querido profundizar en el célebre testamento espiritual del santo fundador del país: «Relinquo vos liberos ab utroque homine» («Os dejo libres de ambos hombres»). Para León XIV, la auténtica libertad no es un mero concepto político de soberanía o autodeterminación frente a potencias extranjeras, sino que hunde sus raíces directamente en la dignidad humana dada por Dios. «No hay verdadera libertad civil sin libertad personal, es decir, sin el respeto y la promoción de la dignidad de la persona humana, de la cual la libertad es un componente esencial», ha aseverado con firmeza.

En esta línea, el Sucesor de Pedro ha rendido un sentido homenaje a los «mártires de la libertad» de todas las épocas que han defendido la soberanía de la propia conciencia frente a la opresión, proponiendo como modelo universal a San Tomás Moro, patrono de los gobernantes y de los políticos. Enlazando con este ejemplo de santo y mártir, el Papa ha expresado su profunda «solidaridad con quienes, en este momento, pagan en su propia persona por no haber traicionado su conciencia» frente a las hostilidades del mundo contemporáneo.

Contra los nuevos ídolos y la imposición de la uniformidad

Con una mirada crítica sobre los actuales sistemas de gobernanza global, León XIV ha advertido que la libertad y la comunión cristiana están indisolublemente unidas. Así, ha denunciado con severidad «la idolatría que corroe desde la raíz aquellos proyectos políticos y económicos que se presentan en nombre de la libertad, pero que en realidad son esclavos de los ídolos y del poder».

Frente a la tentación totalizadora de Babel, que busca imponer la uniformidad social y el pensamiento único, el Papa ha rescatado la iconografía bíblica del profeta Nehemías en la reconstrucción de Jerusalén, un pasaje clave que inspira su reciente encíclica Magnifica humanitas. El Santo Padre ha recordado que el verdadero desarrollo social nace de «la armonía que surge cuando cada uno asume su parte y todo el pueblo reconoce que su fuerza viene del Señor», priorizando los lazos comunitarios y familiares antes que las meras estructuras de piedra.

Un modelo para Europa: «laboratorio» de la Doctrina Social

León XIV ha roto una lanza en favor del valor geopolítico de los estados pequeños, «a medida del hombre», donde la proximidad política permite una democracia mucho más real y efectiva. En este sentido, ha propuesto formalmente a San Marino como un «'laboratorio' de buena política» donde se apliquen, sin complejos ni rebajas ideológicas, los grandes pilares de la Doctrina Social de la Iglesia: la búsqueda del bien común, la justicia social, la solidaridad y la armonía de la subsidiariedad.

Este desafío cobra una urgencia histórica crucial en el momento en que se encamina a ser operativo el Acuerdo de Asociación de San Marino con la Unión Europea, un escenario donde la pequeña república puede y debe aportar su profunda herencia cristiana a una realidad comunitaria compleja.

Asimismo, el Papa ha reivindicado el multilateralismo y la diplomacia paciente frente a lo que describe en su encíclica como «retóricas agresivas y lógicas de potencia». La auténtica diplomacia, ha recordado, debe «favorecer el diálogo con todos, incluidos los interlocutores considerados más 'incómodos'», utilizando la humildad y la paciencia para coser los hilos de la paz.

El valor absoluto de la vida: de la concepción a la muerte natural

En la cúspide de este «laboratorio de buena política», León XIV ha situado «el cuidado del ser humano» como el fin absoluto de cualquier sociedad civilizada. En un llamamiento que interpela a los debates legislativos actuales, el Pontífice ha insistido en que este cuidado debe traducirse en «la tutela de toda vida, en cada una de sus fases, desde la concepción hasta la muerte natural».

«La calidad de una civilización se mide no por la potencia de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer, por la capacidad de reconocer al otro como un rostro y no como una función», ha proclamado, advirtiendo de que la tecnología debe servir para la atención mutua sin escurrir la responsabilidad y el juicio ético del ser humano.

Este compromiso con la dignidad del sufriente no es ajeno a San Marino; el Papa ha elogiado explícitamente su histórica tradición de asilo, concretada recientemente en su generoso apoyo y hospitalidad al pueblo ucraniano al inicio del conflicto armado.

Tras concluir las reuniones institucionales con el obispo y las autoridades locales, el Papa León XIV se ha asomado al balcón central del Palazzo Pubblico para impartir su bendición a los miles de fieles congregados. Conmovido por el recibimiento, el Santo Padre les ha dirigido un saludo final: «¡Tantos deseos para vosotros: que viváis siempre con auténtica libertad, con la auténtica libertad en Cristo Jesús, con la verdad, y que seáis siempre unidos en este espíritu acogedor!».