Un fiel se confiesa con un sacerdote en las calles de Metz, durante el Viaje Apostólico del Papa
El Papa hace balance de su viaje a Francia con Notre-Dame como símbolo: «La Iglesia y Europa están llamadas a un nuevo renacimiento»
Durante la Audiencia General, el Pontífice desgranó las tres etapas de su visita pastoral —París, Lourdes y Metz—, ensalzó la fe de los jóvenes franceses, defendió la dignidad de la vida frágil y recordó las raíces cristianas del continente europeo
El Papa ha dedicado la Audiencia General a reflexionar sobre su reciente Viaje Apostólico a Francia. Bajo el hilo conductor del «renacimiento», el Santo Padre tomó como símbolo central la Catedral de Notre-Dame de París, un templo que tras el devastador incendio sufrido hace siete años vuelve a lucir en todo su esplendor como imagen viva de la Iglesia y del futuro de Europa.
Para el Pontífice, la reconstrucción de Notre-Dame representa mucho más que una hazaña arquitectónica: constituye una prueba manifiesta de la «posible colaboración entre Iglesia, Estado, instituciones públicas y sociedad civil». Según destacó, esta sinergia en favor del bien común debiera convertirse en el estilo habitual de las instituciones civiles, económicas y culturales, un mensaje que trasladó explícitamente tanto a las autoridades francesas como a los miembros de la UNESCO. En todas estas instancias, el criterio fundamental sobre el que basar la cooperación debe ser «la dignidad de la persona humana».
Un templo de «piedras vivas» y el despertar de los jóvenes
Más allá de sus muros de piedra, el Santo Padre subrayó que la catedral es figura del pueblo de Dios. En su catequesis, contrapuso espiritualmente la liturgia solemne de las Vísperas celebrada en Notre-Dame con la multitudinaria Vigilia a la que asistieron 80.000 jóvenes celebrada esa misma noche en el Estadio de Francia con la juventud gala.
El Papa enfatizó la verdadera naturaleza eclesial recordando que «la Iglesia no está hecha de piedras o de cemento, sino de personas que aman a Jesucristo porque han sido amadas por Él». Ante miles de rostros conmovidos en el estadio, el Pontífice les dirigió unas entusiastas palabras: «¡Vosotros sois los santos de Francia!», señalando dicha vigilia como un gran motivo de esperanza para el país.
Jóvenes participan en una vigilia de oración presidida por el papa León XIV en el Stade de France
A esta vitalidad juvenil se suma el «notable y creciente número de jóvenes y adultos que piden el Bautismo» en territorio francés, una realidad que el Pontífice abordó al intervenir en la Asamblea sinodal provincial de París para animar el camino de los catecúmenos. Esta renovación tuvo su manifestación cumbre en la Misa celebrada en la Place de la Concorde, cuyos fieles se extendían a lo largo de la Avenida de los Campos Elíseos hasta el Arco del Triunfo.
Lourdes: «Santuario de la civilización del amor» y defensa de la vida
En su segunda etapa como peregrino en el Santuario de Lourdes, el Papa renovó su mirada maternal hacia los enfermos y frágiles, reafirmando de manera tajante el valor sagrado de la existencia:
«Toda vida humana, de cualquier condición, también en la fragilidad más grave, conserva la propia dignidad inviolable y merece ser cuidada, acompañada, aliviada del sufrimiento con la compasión humana y con el auxilio de los medios que ofrece la ciencia».
Por este motivo, definió a Lourdes como un «santuario de la civilización del amor». Durante su estancia en la villa pirenaica, mantuvo además un encuentro privado con víctimas de abusos para transmitirles la determinación de la Iglesia de «escuchar y caminar con ellos mientras buscan la sanación», trabajando activamente en la prevención de este drama.
Metz y las raíces cristianas en la reconstrucción de Europa
La gira pastoral concluyó en Metz, región marcada por las heridas de la Segunda Guerra Mundial y cuna de Robert Schuman, impulsor de la unidad europea. El Pontífice trazó un paralelismo histórico asegurando que, al igual que ocurrió con la catedral parisina, Europa resurgió de sus cenizas tras el conflicto bélico sobre los cimientos de la democracia, la solidaridad y la fraternidad, los cuales «deben mucho a sus raíces cristianas».
Para revitalizar el proyecto europeo en un contexto globalizado, el Pontífice enfatizó el papel crucial del entendimiento entre confesiones, recordando la firma en Metz de un llamamiento conjunto por el diálogo y la paz suscrito por líderes de diversas tradiciones religiosas.
El Papa concluyó su alocución invocando el lema central del viaje: Pour que le monde ait la vie («Para que el mundo tenga vida», Jn 6, 51), pidiendo que esta visita pastoral rinda frutos duraderos de fe y fraternidad.