León XIV bendice a un niño durante la audiencia general
Audiencia General
El Papa reaparece en su primer acto público con buen aspecto y pide proteger el matrimonio y la familia
Durante la Audiencia General, el Pontífice ha vuelto a hacer un firme llamamiento a la defensa de la persona en todas sus etapas
El Papa ha dedicado la catequesis de la Audiencia General a reflexionar sobre la doctrina de la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II referente al matrimonio y la familia. Durante su intervención, el Santo Padre ha abordado los desafíos contemporáneos más urgentes «a la luz del Evangelio y de la experiencia humana», advirtiendo de que «el bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar».
En su alocución, el Pontífice ha subrayado que el Concilio no se limita a repetir valores tradicionales, sino que plantea una concepción renovada del matrimonio como una «íntima comunidad conyugal de vida y amor». Trascendiendo la sola dimensión contractual, ha recordado que el fundamento de esta unión reside en el «pacto conyugal», entendido como el «acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente».
Esta entrega recíproca entre hombre y mujer —en la que «ya no son dos, sino una sola carne»— exige una «plena fidelidad» y una «indisoluble unidad». Asimismo, el Papa ha enfatizado que el amor conyugal no se reduce al simple atractivo erótico, sino que abarca a toda la persona y se expresa en cotidianos «sentimientos y gestos de ternura».
Los padres, cooperadores del amor creador de Dios
El Santo Padre ha remarcado que la fecundidad es «el don más excelente del matrimonio» y que, al transmitir y educar la vida humana, los padres se convierten en «cooperadores del amor de Dios Creador y como sus intérpretes». Por ello, ha recordado que la vida humana nunca debe ser descartada.
Haciendo suyas las palabras del texto conciliar, el Papa ha hecho un firme llamamiento a la defensa de la persona en todas sus etapas, aseverando que «la vida desde su concepción ha de ser salvaguardada con el máximo cuidado». En esta misma línea, ha subrayado la necesidad innegociable de rechazar «el aborto y el infanticidio» pidiendo también que «los mismos actos propios de la vida conyugal, ordenados según la genuina dignidad humana, deben ser respetados con gran reverencia».
Para concluir, el Santo Padre ha definido a la familia como «escuela del más rico humanismo» y «fundamento de la sociedad». Por esta razón, ha dirigido un mensaje a quienes tienen responsabilidades políticas y culturales, recordándoles el deber de «contribuir eficazmente al progreso del matrimonio y de la familia». Tras calificar este compromiso como algo «más urgente que nunca», el Pontífice ha concluido invocando la protección de la Sagrada Familia de Nazaret para que «ilumine en el camino y proteja a las familias de todo el mundo».