Dieta cerebro
Alimentación
La dieta para el Alzheimer que ralentiza el envejecimiento del cerebro: más bayas y menos cereales
Un mayor consumo de dulces se relacionó con una expansión ventricular más acelerada y con atrofia del hipocampo
Seguir una alimentación equilibrada, centrada en productos de origen vegetal, con un consumo moderado de alimentos saludables de origen animal y una baja ingesta de ultraprocesados, se asocia con un envejecimiento más saludable. Este se define como alcanzar los 70 años sin desarrollar enfermedades crónicas graves y manteniendo un buen estado físico, mental y cognitivo.
Un estudio publicado en la revista Journal of Neurology Neurosurgery & Psychiatry apunta a que seguir una pauta alimentaria que combine elementos de la dieta mediterránea con la conocida como dieta MIND podría contribuir a frenar determinados cambios estructurales vinculados al envejecimiento del cerebro. Esta propuesta nutricional, diseñada para reducir la presión arterial y favorecer la salud neurológica, se asocia con una menor pérdida progresiva de tejido cerebral con el paso del tiempo.
En concreto, los investigadores observaron que esta alimentación guarda relación con una menor reducción de la materia gris, considerada el núcleo del procesamiento de la información en el cerebro y fundamental en funciones como la memoria, el aprendizaje o la toma de decisiones. Asimismo, detectaron una menor dilatación de los ventrículos cerebrales, un fenómeno que suele reflejar procesos de atrofia en los que la pérdida de tejido se acompaña de un aumento de los espacios ocupados por líquido cefalorraquídeo.
Qué comer y qué no
La dieta MIND, acrónimo en inglés de intervención dietética para retrasar la neurodegeneración, ya había sido vinculada en trabajos previos con un mejor estado cognitivo.
Pese a estos antecedentes, hasta ahora no se había determinado con claridad su impacto directo sobre los cambios estructurales del cerebro asociados al envejecimiento, que a su vez están vinculados con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el Parkinson.
Este patrón alimentario promueve la ingesta habitual de verduras de hoja verde, otras hortalizas, bayas, frutos secos, cereales integrales, pescado, legumbres, aceite de oliva y carne de ave, además de recomendar un consumo moderado de vino. En paralelo, aconseja limitar productos como mantequilla o margarina, quesos, carnes rojas, dulces, repostería y comida rápida frita.
El equipo científico analizó a 1.647 personas adultas de mediana y avanzada edad, con una media de 60 años al inicio del seguimiento.
A lo largo de un seguimiento medio de 12 años, las pruebas de imagen mostraron en el conjunto de los participantes una reducción del volumen cerebral total, así como de la materia gris, la materia blanca y el hipocampo. Paralelamente, aumentaron los niveles de líquido cefalorraquídeo, el tamaño de los ventrículos y las hiperintensidades en la materia blanca, indicadores de daño tisular.
Bayas, pollo y menos dulce
Entre los alimentos que más contribuyeron a estos efectos beneficiosos destacan las bayas, asociadas a un crecimiento más lento de los ventrículos, y la carne de ave, vinculada tanto a ese menor incremento ventricular como a una reducción más pausada de la materia gris.
En contraste, un mayor consumo de dulces se relacionó con una expansión ventricular más acelerada y con atrofia del hipocampo, mientras que la comida rápida frita también se asoció a una disminución más rápida del volumen de esta región cerebral.
Los investigadores subrayan: «Las fuentes de proteínas como las aves de corral pueden reducir el estrés oxidativo y mitigar el daño neuronal». Y añaden: «Por el contrario, los alimentos fritos y la comida rápida, a menudo ricos en grasas poco saludables, grasas trans y productos finales de glicación avanzada, pueden contribuir a la inflamación y al daño vascular».
Qué pasa con los cereales y el queso
De manera inesperada, el análisis también detectó que una mayor ingesta de cereales integrales se asociaba con cambios estructurales menos favorables, como una pérdida más rápida de materia gris y del volumen del hipocampo, además de una mayor expansión ventricular. Por el contrario, el consumo de queso se vinculó con una evolución más lenta de estos indicadores y con una menor presencia de lesiones en la materia blanca.
El consume de queso se vinculó con menor presencia de lesiones en la materia blanca
Las asociaciones observadas se mantuvieron en diversos análisis adicionales y resultaron más intensas en los participantes de mayor edad, lo que sugiere que esta dieta podría ser especialmente útil en personas con mayor riesgo de envejecimiento cerebral acelerado. Asimismo, los efectos positivos fueron más evidentes en quienes mantenían una mayor actividad física y no presentaban sobrepeso u obesidad, lo que apunta al valor de combinar distintos hábitos saludables.