Huevos escalfados
Día Mundial de la Seguridad Alimentaria
Cómo conservar y manipular los huevos para evitar intoxicaciones
La llegada del calor obliga a extremar las precauciones en la conservación y preparación de los alimentos. Las altas temperaturas favorecen la proliferación de bacterias y aumentan el riesgo de toxiinfecciones alimentarias, especialmente cuando no se respetan las normas básicas de higiene y refrigeración.
Con motivo del Día Mundial de la Seguridad Alimentaria, que se celebra cada 7 de junio, el Instituto de Estudios del Huevo recuerda que la seguridad de los alimentos no depende únicamente de los controles realizados durante su producción y distribución, sino también de cómo los consumidores los manipulan y conservan en sus hogares.
Los huevos comercializados en España cumplen con los estrictos requisitos de seguridad alimentaria establecidos por la normativa europea y, por tanto, son productos seguros para el consumo. Sin embargo, al tratarse de un alimento fresco, pueden deteriorarse si no se mantienen en condiciones adecuadas de higiene y temperatura.
Siempre en la nevera
Por ello, los expertos recomiendan conservarlos siempre en el frigorífico y evitar cambios bruscos de temperatura que puedan afectar a su calidad. También aconsejan colocarlos en los estantes interiores del refrigerador, en lugar de la puerta, donde las variaciones térmicas son más frecuentes.
Mantener los huevos dentro de su envase original ofrece además una ventaja adicional: permite consultar fácilmente la fecha de consumo preferente y protege el producto frente a posibles contaminaciones externas.
Otra recomendación importante es no lavar los huevos antes de guardarlos. La limpieza debe realizarse únicamente justo antes de utilizarlos para evitar dañar la capa protectora natural de la cáscara.
Higiene en la cocina
La manipulación de los alimentos desempeña un papel fundamental en la prevención de enfermedades transmitidas por los alimentos.
Lavarse las manos antes y después de cocinar, utilizar utensilios y superficies limpias y evitar el contacto entre alimentos crudos y cocinados son medidas básicas que ayudan a reducir el riesgo de contaminación cruzada.
Estas precauciones adquieren una especial relevancia durante los meses de verano, cuando las bacterias pueden multiplicarse con mayor rapidez si los alimentos permanecen demasiado tiempo a temperatura ambiente.
Tortillas y mayonesas caseras
Algunas preparaciones elaboradas con huevo requieren una vigilancia adicional. Es el caso de las tortillas poco cuajadas, los revueltos o las mayonesas caseras, en los que el huevo puede no alcanzar temperaturas suficientes para eliminar posibles microorganismos.
Los especialistas recomiendan consumir estos alimentos inmediatamente después de prepararlos o conservarlos refrigerados y consumirlos en un plazo máximo de 24 horas.
En el caso de la mayonesa casera, añadir unas gotas de limón o vinagre puede contribuir a dificultar el crecimiento bacteriano gracias a la acidificación de la mezcla.
Salmonelosis
Entre las toxiinfecciones alimentarias más conocidas se encuentra la salmonelosis, una infección que suele estar relacionada con una conservación o manipulación inadecuada de alimentos como los huevos y sus derivados.
Por ello, el Instituto de Estudios del Huevo insiste en que la información y la concienciación de los consumidores siguen siendo herramientas esenciales para prevenir este tipo de problemas de salud.
La correcta refrigeración, la higiene durante la preparación y el control del tiempo que los alimentos permanecen fuera del frigorífico son medidas sencillas que pueden marcar la diferencia y ayudar a disfrutar de los alimentos con seguridad durante todo el verano.
Siete reglas de conservación
- Planificar con antelación: No preparar cantidades excesivas de comida y hacerlo con la mínima antelación posible, ya que volúmenes elevados dificultan su mantenimiento en frío o en caliente.
- Mantener la nevera por debajo de 5º C: Si es posible, utilizar un termómetro para comprobar la temperatura. Es importante comprobar si hay espacio suficiente para permitir la circulación del aire entre alimentos.
- Mantener la comida caliente por encima de 65º C: Las comidas calientes deben mantenerse y servirse por encima de 65º C. Si quieres conservarlas en caliente para consumirlas posteriormente, introdúcelas en el horno a una temperatura superior a 65º C.
- Dividir la comida en porciones para enfriarla: Si la comida recién cocinada no se va a consumir inmediatamente, conviene reducir la temperatura lo antes posible. Para ello, cuando deje de liberar vapor, pásala a varios contenedores pequeños e introdúcelos en la nevera o en el congelador. También puedes enfriar los recipientes bajo el chorro de agua fría o sumergiéndolos en agua con hielo como paso previo a meterlo en el frigorífico.
- Comprobar las instrucciones de conservación: Leer en la etiqueta del alimento si éste se conserva en refrigeración o en congelación. Muchos alimentos se conservan a temperatura ambiente pero, una vez abierto el envase, requieren conservación en frío.
- Transportar los alimentos en frío: Se recomienda llevar siempre una bolsa isoterma para transportar la comida perecedera como, por ejemplo, los congelados o los refrigerados. Al acudir a un picnic, es aconsejable incluir en la bolsa isoterma un acumulador de frío o botellas con agua congelada para mantener el frío durante varias horas.
- En caso de duda, desechar el alimento: Si algún alimento perecedero ha estado en el rango de peligro de dos a cuatro horas a temperatura ambiente, hay que consumirlo inmediatamente. Si han pasado más de cuatro horas en ese rango de temperaturas, no es seguro consumirlo.