Retratos de grupos multiétnicos
La ciencia explica por qué algunas personas nunca olvidan una cara
A los que tienen esta habilidad, nada corriente, se les conoce como 'superreconocedores'
Hay quien tiene la extraordinaria capacidad para reconocer un rostro al que no ha visto en 30 años o al que vio tan solo 30 segundos. A las personas con esta habilidad, nada corriente –solo un 2 % de la población la tienen– se les conoce como 'superreconocedores'.
Según investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW) en Sídney, lo que distingue a los 'superreconocedores' no es la cantidad de detalles que pueden captar al observar una cara, sino la calidad de la información en la que fijan su atención visual.
El doctor James Dunn, autor principal del estudio, publicado en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, explica que «las personas con una capacidad de reconocimiento excepcional no solo miran con más atención, sino que también lo hacen de forma más inteligente. Seleccionan las partes más útiles de un rostro para su análisis». Según detalla, «en realidad no ven más, sino que sus ojos se fijan de forma natural en las partes del rostro que contienen las mejores pistas para distinguir a una persona de otra».
Para descubrir en qué se diferencian estas personas del resto al examinar un rostro, los investigadores recurrieron a la tecnología de seguimiento ocular. Mediante este sistema, analizaron los movimientos de la mirada de 37 'superreconocedores' mientras observaban fotografías de rostros en una pantalla. Sus resultados se compararon con los de un grupo de control compuesto por 68 individuos con habilidades promedio de reconocimiento facial.
A partir de los datos recogidos por el software de seguimiento ocular, los científicos recrearon lo que había visto cada participante y volcaron esta información en nueve redes neuronales ya entrenadas para reconocer rostros. A continuación, estas redes de inteligencia artificial recibieron la misma tarea que los participantes humanos: determinar si dos caras pertenecían a la misma persona.
«La IA se ha vuelto muy hábil en el reconocimiento facial; nuestro objetivo era aprovechar esto para comprender qué patrones oculares humanos eran los más informativos», explicó Dunn. Los resultados no dejaron lugar a dudas: incluso con la misma cantidad de información visual, las redes neuronales alimentadas con los patrones oculares de los 'superreconocedores' fueron significativamente más precisas que aquellas que procesaron los datos de observadores promedio.
El propio Dunn lo resume así: «Nuestra investigación anterior muestra que las personas con una capacidad de reconocimiento superior realizan más fijaciones y exploran los rostros de forma más exhaustiva. Incluso teniendo en cuenta que han observado más partes del rostro, resulta que lo que observan también es más valioso para identificar a las personas».
No puede aprenderse
No obstante, esta capacidad no puede aprenderse como un simple método o técnica. Según el investigador, hay un componente cognitivo profundo que no depende únicamente del entrenamiento visual. «Su habilidad no es algo que se pueda aprender como un truco», asegura el experto. «Es una forma automática y dinámica de captar lo que hace único a cada rostro». Y añade: «Es como una caricatura: la idea de que al exagerar los rasgos distintivos de un rostro, este se vuelve más fácil de reconocer. Las personas con una capacidad de reconocimiento excepcional parecen hacerlo visualmente; se centran en los rasgos más diagnósticos del rostro de una persona».
Humanos frente a IA
El estudio también ofrece una comparación reveladora entre las estrategias humanas y las de las máquinas. En un comunicado, la Universidad explica que mientras que los sistemas de reconocimiento facial basados en inteligencia artificial –como las puertas electrónicas de los aeropuertos– analizan todos los píxeles de una imagen simultáneamente en condiciones controladas, los humanos dirigen su atención a zonas específicas del rostro. «En situaciones muy controladas como las puertas electrónicas de los aeropuertos, donde se cuenta con iluminación estable, distancias fijas e imágenes de alta calidad que coinciden con fotos estandarizadas, la IA superará lo que cualquier ser humano puede hacer», afirma Dunn. Sin embargo, aclara que «cuando las condiciones no son las ideales, los humanos aún pueden tener ventaja –especialmente con personas que conocemos bien– porque aportamos contexto y familiaridad a la tarea. Pero esa brecha se está reduciendo a medida que la IA evoluciona».
Finalmente, el estudio no solo aporta conocimientos sobre la percepción visual humana, sino que también podría tener implicaciones prácticas para el desarrollo de tecnologías de reconocimiento facial más eficaces. «Esto demuestra que la habilidad de reconocimiento facial no se basa solo en lo que sucede en el cerebro posteriormente, sino que comienza con nuestra mirada. La forma en que exploramos un rostro determina lo que aprendemos sobre él», concluye Dunn.