Un estudio identifica un gen que podría explicar parte del riesgo de desarrollar anorexia nerviosa
La anorexia podría tener una pieza clave fuera del cerebro
Un gen relacionado con la grasa podría aumentar el riesgo de la enfermedad
La anorexia nerviosa podría estar relacionada con mecanismos biológicos que van más allá del cerebro. Un estudio financiado por la Universidad Estatal de Michigan ha identificado un gen que actúa principalmente en el tejido graso y los músculos y cuyas variantes podrían aumentar la susceptibilidad a desarrollar este trastorno alimentario.
Los investigadores encontraron que las personas con anorexia estudiadas tenían casi cuatro veces más probabilidades que la población de referencia de portar variantes raras y potencialmente dañinas del gen PLIN4, implicado en la forma en la que las células almacenan grasa.
El hallazgo, publicado en Frontiers in Psychiatry, abre una nueva vía de investigación sobre las bases biológicas de la anorexia, una enfermedad psiquiátrica grave que presenta una de las tasas de mortalidad más elevadas entre los trastornos mentales.
No solo está en la mente
Durante años, buena parte de la investigación sobre la anorexia se ha centrado en los mecanismos cerebrales y psicológicos relacionados con la enfermedad. Sin embargo, el gen identificado en este estudio apunta hacia otro posible componente: la manera en la que el organismo almacena y utiliza la energía.
La investigación sobre la anorexia se ha centrado en los mecanismos cerebrales y psicológicos relacionados con la enfermedad
«El prejuicio predominante es que la anorexia es un trastorno puramente psiquiátrico o incluso histeria en mujeres que simplemente quieren estar delgadas», dijo AJ Robison, profesor distinguido de fisiología de la Fundación de Investigación de la MSU, quien asesoró el estudio. «Este nuevo hallazgo contradice el dogma de que los genes que contribuyen a esta enfermedad se expresan en el cerebro, y eso es realmente novedoso y emocionante».
Robison colaboró en la investigación con Michael Lutter, antiguo investigador de la Universidad de Iowa y actualmente médico especializado en el tratamiento de pacientes con trastornos alimentarios.
El equipo analizó el ADN de 154 pacientes con características que podían indicar una mayor carga genética de la enfermedad, como antecedentes familiares importantes, múltiples tratamientos que no habían funcionado o manifestaciones clínicas poco habituales.
De ellos, 17 personas, aproximadamente el 11%, presentaban variantes raras de PLIN4 que, según las predicciones utilizadas por los investigadores, podían perjudicar el funcionamiento del gen. En una población de referencia sana, estas variantes aparecían en alrededor del 3 % de las personas.
Este gen se expresa principalmente en la grasa corporal y en los músculos. La idea de un gen anoréxico que no se encuentre en el cerebro es completamente novedosa
Además, seis pacientes con anorexia presentaban variantes consideradas especialmente perjudiciales y potencialmente capaces de impedir que el gen funcionara con normalidad. En cuatro de esas familias, un familiar cercano con un trastorno alimentario presentaba la misma alteración genética.
«Probablemente lo más destacable de este estudio es que este gen se expresa principalmente en la grasa corporal y en los músculos», dijo Lutter. «La idea de un gen anoréxico que no se encuentre en el cerebro es completamente novedosa».
No depende de un único gen
Los investigadores subrayan que encontrar una asociación con PLIN4 no significa que este gen sea por sí solo responsable de la anorexia.
La enfermedad es poligénica, lo que significa que múltiples variantes genéticas pueden contribuir a aumentar o reducir el riesgo de desarrollarla. A ello se suman otros factores biológicos, psicológicos y ambientales.
Lutter lleva décadas investigando los componentes genéticos de la anorexia. Los estudios realizados con gemelos ya habían demostrado que existe una importante influencia hereditaria y que las personas con un familiar de primer grado afectado presentan un riesgo considerablemente mayor que la población general.
El investigador compara la búsqueda de estas variantes con la identificación de BRCA1 y BRCA2, genes cuyas determinadas alteraciones aumentan de manera importante el riesgo de cáncer de mama y ovario.
«La mejor manera de entender mi trabajo es que busco las variantes genéticas BRCA1 y BRCA2 asociadas a la anorexia», explicó Lutter. «Estas variantes se encuentran en un pequeño porcentaje de la población, pero aumentan drásticamente el riesgo de padecer anorexia».
Sin embargo, identificar variantes genéticas asociadas a una enfermedad es solo el primer paso. Los genes forman parte de redes biológicas más amplias y actúan en combinación con otros mecanismos celulares.
¿Nuevos tratamientos?
Ese es uno de los objetivos a largo plazo de esta línea de investigación. Si se confirma que PLIN4 y otros genes relacionados con el metabolismo energético participan en la anorexia, los científicos podrían estudiar las vías biológicas implicadas y buscar posibles dianas para nuevos tratamientos.
Actualmente, el abordaje de la anorexia se basa fundamentalmente en la recuperación nutricional y las intervenciones psicológicas.
No existen medicamentos aprobados específicamente para tratar la anorexia nerviosa
Además, los trastornos de la conducta alimentaria han recibido históricamente menos financiación para investigación que otras enfermedades psiquiátricas, una circunstancia que puede haber limitado el desarrollo de nuevas opciones terapéuticas.
«Existe la idea errónea de que la anorexia es consecuencia de la vanidad», afirmó Robison. «Esta idea puede derivar, en cierta medida, de la misoginia. Esta enfermedad se presenta diez veces más frecuentemente en mujeres que en hombres. Esto puede llevar a que las personas tengan ideas preconcebidas sobre la enfermedad basadas en sus propios prejuicios contra las mujeres».
Para los investigadores, comprender la biología de la enfermedad puede contribuir también a combatir esta visión reduccionista de la anorexia como un problema exclusivamente relacionado con la voluntad o la imagen corporal.
«Descubrir los genes que causan esta enfermedad no la curará», dijo Robison. «Pero lo que sí puede hacer es enseñarnos qué la está causando en muchas personas, y podemos usar esa información para diseñar nuevos tratamientos».
Estudiar el metabolismo de la grasa
El resultado, no obstante, debe interpretarse con cautela. Los investigadores advierten de que el estudio se realizó en un grupo especializado de pacientes y que será necesario reproducir los resultados en una población independiente y más amplia para determinar hasta qué punto la asociación con PLIN4 se mantiene.
El equipo continuará investigando si determinadas diferencias genéticas pueden modificar la forma en la que el organismo almacena la grasa y si esos cambios están relacionados con una mayor susceptibilidad a la anorexia. También analizarán el tejido adiposo de pacientes para buscar alteraciones que permitan comprender mejor los mecanismos implicados.
El objetivo final es identificar nuevas vías biológicas que permitan desarrollar tratamientos más eficaces para una enfermedad que, pese a su gravedad, todavía cuenta con opciones terapéuticas limitadas.