Dos mujeres discuten en la calle
Ni le digas que se calme ni le grites: tres claves para gestionar un enfado
Alex Dakov explica las tres técnicas de la neurociencia para calmar a una persona enfadada
Intentar razonar con una persona que está muy enfadada no siempre funciona. Cuando las emociones están a flor de piel, insistir en los argumentos puede aumentar la tensión en lugar de ayudar a resolver el conflicto.
Alex Dakov, conferenciante de liderazgo y alto rendimiento, propone tres técnicas de comunicación para gestionar estas situaciones y facilitar que la otra persona recupere la calma.
Dakov explica que uno de los errores más habituales es intentar convencer a alguien cuando está dominado por sus emociones.
Su propuesta se basa en tres estrategias: reconocer la emoción de la otra persona, regular la propia respiración y modificar el tono de voz para reducir la tensión de la conversación.
Poner nombre a la emoción
El experto afirma que el error número uno que comete casi todo el mundo es intentar razonar con la otra persona cuando está secuestrada por sus emociones. «La lógica no funciona un cerebro emocional».
Dakov recomienda ponerle nombre a la emoción utilizando un tono firme, amable y seguro, con frases como «veo que estás muy enfadado por esto». El objetivo es demostrar que se ha identificado la emoción sin alimentar la confrontación.
«Estas palabras activan automáticamente su córtex prefrontal y reducen la respuesta reactiva de la amígdala. Nombrar el sentimiento obliga a su cerebro a procesarlo de forma racional».
Respira despacio
La segunda propuesta consiste en regular la propia respiración en lugar de decirle a la otra persona que se calme.
Expresiones como «cálmate», «respira hondo» o «baja el tono» pueden interpretarse como una orden o una descalificación y, en determinadas circunstancias, aumentar el enfado.
Como alternativa, Dakov recomienda respirar de forma pausada y profunda mientras se mantiene la conversación. La idea es transmitir serenidad mediante el propio comportamiento, sin imponer instrucciones a quien está alterado. «Sus neuronas espejo no pueden evitar copiar tu fisiología y le activan su nervio vago disminuyendo el cortisol. Al final no puedes gritarle mucho rato a alguien que está respirando tranquilo», señala Dakov.
Bajar el tono y habla despacio
La tercera técnica consiste en reducir el volumen de la voz y ralentizar el ritmo al hablar. En lugar de responder a los gritos con más intensidad, Dakov propone mantener un tono bajo y un ritmo pausado.
«Si hablas más bajo y más despacio, obligas al cerebro del otro a esforzarse para escuchar. Ese pequeño esfuerzo cognitivo lo saca del modo emocional y lo devuelve a la conversación».
Dakov resume esta idea con una regla sencilla: «No puedes apagar un incendio echándole más gasolina».