La dermatitis atópica se dispara en primavera

La dermatitis atópica se dispara en primaveraGTRES

Día Mundial de la Dermatitis Atópica

Diez consejos para cuidar la piel con dermatitis atópica

El 14 de septiembre se celebra el Día Internacional de esta enfermedad inflamatoria

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que se caracteriza por una sequedad intensa, irritación y una picazón persistente, capaz de interrumpir el sueño y reducir la calidad de vida de quienes la padecen.

Las manifestaciones cutáneas pueden ir desde placas eczematosas hasta sequedad y rugosidad, las cuales suelen empeorar con la exposición a alérgenos. En los últimos 30 años su incidencia se ha duplicado, convirtiéndose en la segunda causa más frecuente de consulta dermatológica.

A pesar de su prevalencia, aún circulan muchos mitos: no es una enfermedad contagiosa, no se transmite como un virus, ni necesariamente deriva de una alergia atópica (aunque esta puede agravarla). En realidad, está más vinculada a factores genéticos. La dermatitis atópica es tratable, pero no tiene cura definitiva.

Aunque afecta sobre todo a la infancia, también puede persistir en la edad adulta. Afortunadamente, existen múltiples formas de controlar sus síntomas y mejorar el bienestar a través de un tratamiento adecuado.

«Actualmente, casi uno de cada diez niños nacidos presenta esta condición atópica, lo que hace que se convierta en un asunto de suma importancia abordar adecuadamente esta cuestión», explica Jerónimo Ors, farmacéutico y director de la firma de cosmética botánica Cosméticos Paquita Ors.

Qué hacer para cuidar la piel

En este sentido, el experto en el cuidado de la piel, aconseja poner en práctica diez recomendaciones:

La limpieza de la piel atópica es fundamental para eliminar la suciedad, pero debe realizarse con moderación. Un exceso puede dañar la barrera protectora natural y causar irritación, mientras que una higiene insuficiente favorece la aparición de infecciones. Encontrar el equilibrio es clave para cuidar este tipo de piel.El agua desempeña un papel esencial en el cuidado diario. Las duchas deben ser cortas, con agua tibia, y al terminar es importante secar bien la piel con una toalla o albornoz, prestando atención especial a los pliegues y los espacios entre los dedos.Los productos de higiene pueden resultar agresivos para la piel atópica. Se recomienda usar muy poca cantidad de gel de ducha —aproximadamente el tamaño de un garbanzo— para todo el cuerpo. En la cocina o al fregar, es preferible utilizar guantes de protección. También conviene evitar lavarse las manos en exceso, reservando este hábito para momentos necesarios, como tras ir al baño o antes de comer.Las pieles sensibles suelen reaccionar ante el polvo y productos químicos. Estas sustancias y, con frecuencia, se asocian con alergias o asma. Siempre que sea posible, hay que minimizar la exposición: usar guantes y un paño húmedo o aspirador para limpiar, y mantenerse alejado de ambientes con polvo, obras o pintura.Es mejor evitar prendas ajustadas y elegir tejidos naturales, como el algodón, que respetan la sensibilidad de la piel.Las personas con piel atópica tienen mayor tendencia a desarrollar alergias e intolerancias. Conviene reducir el consumo de comida rápida, kiwis, plátanos, fresas, frutos secos (en especial cacahuetes) y chocolate. También es recomendable limitar las bebidas con cafeína por su efecto sensibilizante.El nerviosismo y la tensión aumentan la sensibilidad cutánea. Aunque no siempre es sencillo de manejar, actividades como el deporte, la meditación o los trabajos manuales ayudan a relajarse y mejorar el bienestar.La piel atópica es más vulnerable a la radiación ultravioleta, requiere protección adecuada. Se aconseja utilizar fotoprotectores de amplio espectro con un factor no inferior a 50.La hidratación en fundamental. Aplicar cremas o leches corporales con ingredientes calmantes como avena, caléndula o mimosa ayuda a mantener la piel suave y confortable.La superficie de la piel alberga microorganismos –hongos, bacterias y virus– que conviven bajo el control del sistema inmunitario. Preservar este equilibrio es vital. Hoy en día existen productos dermatológicos probióticos que favorecen la presencia de bacterias beneficiosas y limitan el crecimiento de especies dañinas.

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