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Las lesiones más frecuentes en el esquí y cómo evitarlas
Con la llegada de nieve, las pistas de esquí de toda España se llena de personas que quieren practicar este deporte
El esquí es uno de los deportes de invierno más populares en todo el mundo. Consiste en deslizarse sobre la nieve con dos tablas fijadas a las botas mientras se controlan la velocidad y la dirección con el peso del cuerpo, la técnica y el uso de los bastones. Aunque requiere cierta destreza, el esquí es accesible para todos los niveles, desde quienes buscan un primer contacto con la nieve hasta quienes disfrutan de la adrenalina de las pistas más exigentes.
Más allá de lo recreativo, es una disciplina que combina resistencia cardiovascular, fuerza, equilibrio y propiocepción, lo que lo convierte en un ejercicio muy completo. También aporta beneficios psicológicos: mejora la concentración, reduce el estrés y permite disfrutar de entornos naturales únicos.
Sin embargo, como todo deporte que implica velocidad y superficies inestables, el esquí presenta riesgos. Conocer las lesiones más frecuentes y cómo prevenirlas es clave para disfrutar de la actividad con seguridad.
Las lesiones más frecuentes
Según explican desde Quirónsalud, al analizar el perfil de las lesiones más comunes entre esquiadores, se observan diferencias según el género. Las mujeres presentan mayor predisposición a sufrir lesiones de rodilla, especialmente del ligamento cruzado anterior, mientras que los hombres sufren con más frecuencia lesiones en la parte superior del cuerpo.
Según la doctora Nuria Urquiza, especialista en Traumatología del Centro Médico Quirónsalud Plaza Euskadi, esto se debe a diferencias anatómicas y hormonales, además de que, en general, «los hombres tienden a asumir más riesgos durante la práctica del esquí, lo que les expone a fracturas de clavícula o luxaciones de hombro».
Cómo evitar lesiones en el esquí
La prevención empieza mucho antes de pisar la nieve. Una preparación física adecuada, que incluya fuerza en piernas, trabajo de core, equilibrio y resistencia cardiovascular, reduce de forma notable el riesgo de sufrir lesiones típicas del esquí, especialmente en rodillas y muñecas. A esto se suma la importancia de una buena técnica: recibir clases con profesionales, aprender a distribuir el peso, controlar la velocidad, frenar correctamente y saber cómo caer disminuye la probabilidad de impactos y torsiones dañinas. También es esencial utilizar el material adecuado: fijaciones bien reguladas, casco obligatorio, gafas que aseguren buena visibilidad y botas y esquís en correcto estado.
El segundo pilar preventivo tiene que ver con la conducta en la pista. Un calentamiento previo, comenzar por trazados acordes al nivel y progresar de forma gradual ayuda a evitar sobreesfuerzos y caídas. Conocer las condiciones meteorológicas, adaptar la velocidad al estado de la nieve y descansar cuando aparece la fatiga son hábitos clave, ya que el cansancio es uno de los principales factores de riesgo. En conjunto, combinar preparación física, técnica correcta, equipamiento seguro y prudencia durante la jornada permite disfrutar del esquí minimizando la posibilidad de lesiones.