Pérez Castells: «La IA podría acelerar significativamente la llegada de fármacos al mercado»
Pérez Castells: «La IA podría acelerar significativamente la llegada de fármacos al mercado»
La IA permite un diagnóstico más preciso, mejora el pronóstico y adelanta la detección, según el científico
En los últimos 30 días, ¿utilizó alguna herramienta de IA o chatbot para obtener información o consejos relacionados con la salud? Si ha contestado afirmativamente a esta pregunta, es usted uno de los muchos habitantes del planeta que lo hace.
Un estudio realizado en EE.UU. ha concluido que uno de cada cuatro adultos estadounidenses afirma haber utilizado herramientas de inteligencia artificial para obtener información o asesoramiento sobre salud física o mental. Más de la mitad afirma recurrir a esta tecnología para complementar su experiencia en el ámbito de la salud, utilizando la IA antes o después de consultar con un médico.
Ante esta realidad, el químico de la Universidad San Pablo CEU, Javier Pérez Castells, analiza con El Debate qué papel ocupa la inteligencia artificial en la medicina y cuáles son los principales retos que nos esperan en plena era digital y tecnológica.
–¿En qué áreas clínicas está teniendo mayor impacto la IA hoy en día?
–La inteligencia artificial está teniendo un impacto especialmente relevante en el ámbito del diagnóstico. En particular, en el cáncer, donde su capacidad para manejar grandes volúmenes de datos resulta clave. El cáncer no es una única enfermedad, sino un conjunto muy amplio de patologías distintas, hasta el punto de que algunos expertos consideran que cada paciente presenta una enfermedad diferente. En este contexto, la IA permite afinar tanto el diagnóstico como el pronóstico y, sobre todo, facilita una detección precoz, algo fundamental para mejorar los resultados clínicos.
–¿Es precisamente en el cáncer donde se están logrando mejores diagnósticos con IA?
–No solo en el cáncer. La IA también está demostrando una gran eficacia en el análisis de pruebas radiológicas y de imagen. Su capacidad para comparar una prueba concreta con miles de estudios previos la convierte en una herramienta muy potente. Esto ayuda al radiólogo a reducir su carga de trabajo y a mejorar su capacidad diagnóstica.
Además, hay otro aspecto relevante: la relación entre médico y paciente. En los últimos años, el facultativo ha dedicado mucho tiempo a tareas administrativas, como la redacción de historiales clínicos. Ahora, gracias a sistemas de grabación y transcripción automática, la IA puede asumir esa carga burocrática, lo que permite recuperar una interacción más humana en la consulta.
–¿Podría la IA llegar a anticipar enfermedades antes de que se manifiesten?
–Sí. Existe una línea de desarrollo basada en la monitorización constante de pacientes con factores de riesgo. A través del seguimiento de constantes vitales y otros indicadores de salud, es posible detectar señales tempranas de problemas, como enfermedades cardiológicas o incluso la aparición de metástasis o recaídas en pacientes oncológicos.
No obstante, este enfoque también plantea cuestiones éticas. Vivir bajo una monitorización constante puede generar ansiedad en algunas personas. Por ello, es importante utilizar estas herramientas con cautela y equilibrio.
El profesor Javier Pérez Castells, en un momento de la entrevista
–¿Qué límites no debería cruzar la inteligencia artificial en medicina?
–El principal límite es claro: la IA no debe sustituir al profesional sanitario. Debe ser una herramienta de apoyo, no un reemplazo. Puede ayudar a ahorrar tiempo, mejorar la precisión y fundamentar mejor las decisiones, pero la responsabilidad final debe recaer siempre en el médico.
La IA no debe sustituir al profesional sanitario. Debe ser una herramienta de apoyo, no un reemplazo
También es importante entender que la IA no es una herramienta creativa, sino que se basa en el análisis de datos previos. Por eso, los profesionales deben saber hasta qué punto confiar en ella y mantener siempre su criterio clínico.
–¿Existe el riesgo de que los médicos confíen demasiado en la IA?
–Sí, ese riesgo existe, como ocurre con cualquier tecnología. Si los sistemas funcionan bien de forma consistente, puede aparecer una tendencia a delegar en exceso y a relajarse en la toma de decisiones. Sin embargo, es algo que los profesionales deberán gestionar.
Como suele suceder con los avances tecnológicos, tras una fase inicial de gran entusiasmo, estas herramientas tienden a encontrar su lugar y a consolidarse como lo que realmente son: apoyos que mejoran el trabajo, pero no lo sustituyen.
–Como científico, ¿qué es lo que más le ilusiona de la IA?
–Desde el punto de vista de la investigación, el potencial es enorme. Uno de los grandes retos actuales es el tiempo que tarda un fármaco en llegar al mercado desde su descubrimiento, que puede superar los diez años, en gran parte debido a las fases clínicas.
La IA podría acelerar significativamente este proceso. Por ejemplo, se está explorando la posibilidad de utilizar «brazos virtuales» en ensayos clínicos, lo que permitiría reducir la necesidad de grupos de control con tratamientos antiguos. Esto no solo agilizaría los ensayos, sino que también resolvería dilemas éticos.
Acortar el tiempo entre un descubrimiento científico y su aplicación real en pacientes sería, sin duda, uno de los avances más importantes que puede traer la inteligencia artificial en salud.