Autoexigencia, estrés y migraña está relacionados
El riesgo para tu salud de ser autoexigente: estrés crónico y migrañas
Las personas con migraña, especialmente con aura, puntúan más alto en escalas de sensibilidad sensorial
La migraña, un trastorno neurológico que afecta a millones de personas en España y en el mundo, no solo es un dolor de cabeza intenso: cada vez hay más evidencia científica y clínica que subraya cómo ciertos rasgos psicológicos presentes en muchas personas con migraña —como la autoexigencia, la sensibilidad emocional o el perfeccionismo— pueden influir en su experiencia diaria y en el modo en que viven la enfermedad.
Una investigación reciente empieza a considerar estos aspectos como parte valiosa del entendimiento integral de la migraña. Un estudio publicado en 2023 en la revista Acta Neurologica Belgica observó que las personas con migraña, especialmente con aura, puntúan más alto en escalas de sensibilidad sensorial que la población general, lo que indica una mayor reactividad a estímulos externos e internos. Además, investigaciones publicadas en 2024 en Scientific Reports han encontrado que las personas con migraña muestran con mayor frecuencia esquemas cognitivos caracterizados por normas muy elevadas y autocrítica, rasgos relacionados con la autoexigencia y el perfeccionismo.
A estos hallazgos se suman décadas de evidencia sobre cómo las experiencias adversas en la infancia influyen en la salud a largo plazo. El estudio de Kaiser, con más de 20.000 participantes, demostró que quienes habían vivido múltiples experiencias adversas infantiles (EAI) tenían mayor riesgo de desarrollar enfermedades físicas y psicológicas crónicas, incluidos problemas cardíacos, consumo de drogas y reducción significativa de la esperanza de vida. Cuando estas experiencias se combinan con un sistema nervioso crónicamente desregulado, el organismo prioriza la supervivencia sobre el bienestar, aumentando la sensibilidad al dolor y dificultando la regulación emocional.
Sandra Ferrer, psicóloga sanitaria especializada en terapia de reprocesamiento del dolor y cofundadora de Migralia, explica cómo estos factores se entrelazan en la práctica clínica: «En consulta observamos personas extremadamente responsables, perfeccionistas y sensibles, que han vivido años intentando controlar cada aspecto de su vida y su salud. Su sistema nervioso, constantemente alerta, interpreta muchos estímulos como amenazas, generando hipervigilancia asociada al dolor. Estos patrones no son defectos de carácter, sino facetas que afectan cómo se percibe y afronta la migraña».
Autoexigencia y sensibilidad
Ferrer, que padeció migraña desde los 12 años y llegó a tener hasta 18 episodios mensuales, subraya que la autoexigencia y la sensibilidad emocional pueden convertirse en un motor de estrés crónico si van acompañadas de percepciones prolongadas de amenaza. Esto genera ciclos que afectan directamente al sistema nervioso y la experiencia del dolor: «Cuando nuestro sistema nervioso ha vivido inseguridad crónica, incluso situaciones seguras se perciben como amenazantes. Podemos entrenar al sistema nervioso para que recupere sensación de seguridad, reduciendo la intensidad de los episodios y mejorando la calidad de vida. Además, cualquier pensamiento que generamos se convierte en neuropéptidos que recorren todo nuestro organismo, por lo que tienen efectos bioquímicos en sistemas como el endocrino, el inmunológico o el digestivo», considera Albert Ferrer, cofundador de Migralia, bioquímico y experto en biotecnología molecular.
La literatura científica actual respalda esta visión: no es la estructura de los tejidos lo que determina la predisposición a dolor crónico, sino la interacción entre rasgos de carácter (excesivamente preocupado, controlador, crítico, perfeccionista), estrés acumulado, experiencias adversas tempranas y modelos mentales sobre la enfermedad y el dolor. Estudios muestran que personas con tres o más EAI tienen hasta tres veces más probabilidad de desarrollar migraña y otros síntomas crónicos.