Desmayos por calor
Así reacciona el cuerpo ante un golpe de calor: síntomas y riesgos
Las altas temperaturas propias del verano incrementan el riesgo de sufrir mareos, bajadas de tensión y pérdidas de conocimiento. Solo en 2025, el calor fue responsable de 3.832 muertes en España, una cifra superior a la registrada por los accidentes de tráfico. Sin embargo, detrás de muchos de estos episodios confluyen factores cotidianos y, en gran medida, evitables, como la deshidratación, la toma de determinados medicamentos, las comidas abundantes o la práctica de ejercicio en las horas de mayor calor.
Según explica Piluca Barrau, farmacéutica y divulgadora sanitaria, el síncope por calor se produce cuando el cerebro deja de recibir durante unos segundos el flujo sanguíneo necesario debido a una caída brusca de la presión arterial.
«El síncope no suele avisar. Muchas veces la persona simplemente nota un mareo, visión borrosa o sensación de debilidad y, en cuestión de segundos, pierde el conocimiento. Lo preocupante es que gran parte de los factores que lo provocan son evitables», señala la experta.
Calor y deshidratación
Durante los episodios de altas temperaturas, el organismo trata de disipar el calor aumentando el flujo sanguíneo hacia la piel. Este mecanismo natural provoca una disminución de la presión arterial que, si se combina con una hidratación insuficiente, puede derivar en mareos o incluso en pérdidas de conocimiento.
«Muchas personas piensan que solo les afecta el calor extremo, pero basta una combinación de altas temperaturas y una hidratación insuficiente para desencadenar un episodio de síncope», advierte Barrau.
Medicamentos que aumentan el riesgo
Los especialistas alertan también sobre el efecto de algunos fármacos durante el verano. Diuréticos, antihipertensivos, betabloqueantes, ansiolíticos o determinados antidepresivos pueden potenciar los efectos del calor sobre la presión arterial o dificultar la regulación de la temperatura corporal.
Por ello, los expertos recomiendan revisar la medicación habitual con el médico o el farmacéutico, especialmente en personas mayores y pacientes polimedicados.
«Nunca debemos suspender un tratamiento por nuestra cuenta, pero sí conviene saber cómo puede influir el calor en determinados medicamentos y qué precauciones debemos adoptar», asegura Piluca Barrau.
Comidas y ejercicio al sol
Las comidas abundantes constituyen otro factor de riesgo. Tras una ingesta copiosa, parte del flujo sanguíneo se dirige al aparato digestivo, lo que puede provocar una disminución temporal de la presión arterial, sobre todo en personas mayores o en quienes siguen tratamientos para la hipertensión.
Además, la combinación de calor, alcohol, comidas copiosas y levantarse de forma brusca incrementa significativamente la posibilidad de sufrir un desmayo.
La práctica de ejercicio físico en las horas centrales del día también multiplica el riesgo. Aunque la actividad física es beneficiosa para la salud, realizarla entre las 11:00 y las 18:00 horas puede resultar especialmente peligroso cuando las temperaturas son elevadas.
Los expertos aconsejan priorizar las primeras horas de la mañana o el final de la tarde para hacer deporte y prestar atención a síntomas como mareo, dolor de cabeza intenso, visión borrosa, confusión o debilidad extrema, señales que obligan a interrumpir la actividad y buscar un lugar fresco.
Las personas mayores de 65 años constituyen el principal grupo de riesgo frente a los efectos del calor. Su menor sensación de sed, el consumo habitual de varios medicamentos y una menor capacidad para adaptarse a cambios bruscos de temperatura aumentan su vulnerabilidad durante los episodios de calor intenso.
Pérdida del conocimiento
En caso de pérdida de conocimiento, los especialistas recomiendan comprobar en primer lugar si la persona respira y colocarla tumbada con las piernas elevadas en una zona fresca, manteniéndola bajo observación.
Asimismo, debe solicitarse atención médica urgente cuando el desmayo se prolonga, existe confusión al recuperar la consciencia o aparecen signos compatibles con un golpe de calor, como piel muy caliente, alteraciones del comportamiento o desorientación.
Para prevenir estos episodios, los expertos insisten en tres medidas básicas: mantener una hidratación constante, evitar la exposición al sol y el ejercicio físico en las horas centrales del día y revisar la medicación habitual antes del verano con un profesional sanitario.
«El calor no mata de golpe. Mata en la suma de decisiones que damos por normales: la medicación de siempre, la comida de siempre, el paseo de siempre, en el mes que ya no es el de siempre», concluye Piluca Barrau.