SIBO
Día Mundial de la Microbiota
Recaídas en el SIBO: por qué el antibiótico no siempre es suficiente
Los expertos advierten de que tratar únicamente el sobrecrecimiento bacteriano no siempre evita la reaparición de los síntomas
Muchos pacientes diagnosticados de SIBO (sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado) comparten una misma experiencia: tras completar el tratamiento, los síntomas mejoran, pero meses después vuelven a aparecer. Gases, hinchazón abdominal, dolor digestivo o alteraciones del tránsito intestinal reaparecen con frecuencia, lo que pone de manifiesto la complejidad de este trastorno.
Cada vez son más las investigaciones que apuntan a la microbiota intestinal como uno de los factores clave para explicar estas recaídas. Los especialistas señalan que, en muchos casos, eliminar el exceso de bacterias en el intestino delgado no resulta suficiente si persisten alteraciones más profundas en el ecosistema intestinal.
«En muchos casos, el problema no es únicamente la presencia de un exceso de bacterias en el intestino delgado. Detrás suele existir una alteración más profunda del ecosistema intestinal a nivel del colon que favorece que el SIBO reaparezca una vez finalizado el tratamiento», explica la Dra. Mar Sánchez Somolinos, jefa de la Unidad de Microbiota de Neogenia.
Diversos estudios han constatado que el SIBO y otros trastornos digestivos funcionales, como el síndrome del intestino irritable (SII), comparten características comunes, entre ellas alteraciones de la microbiota intestinal, cambios en la motilidad digestiva, procesos inflamatorios de bajo grado y disfunciones en el eje intestino-cerebro.
Pérdida de bacterias beneficiosas
Cuando la microbiota intestinal pierde diversidad y equilibrio —una situación conocida como disbiosis— pueden aparecer síntomas como hinchazón, gases, diarrea, estreñimiento o dolor abdominal.
Los pacientes con SIBO y síndrome del intestino irritable presentan con frecuencia una disminución de bacterias consideradas beneficiosas, especialmente de los géneros Bifidobacterium y Lactobacillus, junto con un aumento de microorganismos potencialmente patógenos capaces de generar una fermentación excesiva y una mayor producción de gases.
«Cada vez sabemos más sobre el papel que desempeña la microbiota en estos trastornos. No solo importa qué microorganismos están o no presentes, sino también las sustancias que producen y cómo influyen en la inflamación, la permeabilidad intestinal o la motilidad digestiva», señala la especialista.
Más allá del tratamiento antibiótico
Uno de los motivos que podría explicar la elevada tasa de recaídas es que los tratamientos antibióticos, aunque necesarios en muchos casos para reducir el sobrecrecimiento bacteriano, no siempre corrigen los factores que favorecieron su aparición.
La rifaximina continúa siendo uno de los tratamientos más empleados en determinados tipos de SIBO. Sin embargo, cada vez existe un mayor consenso científico sobre la necesidad de integrarla dentro de un abordaje terapéutico más amplio y personalizado.
Entre los factores implicados destaca también la alteración del complejo motor migratorio, un mecanismo fisiológico encargado de «limpiar» el intestino delgado entre comidas y evitar la acumulación excesiva de microorganismos.
Además, el estrés crónico, determinadas enfermedades metabólicas, el sedentarismo, la falta de sueño o una alimentación inadecuada pueden contribuir a alterar la microbiota intestinal y favorecer la reaparición de los síntomas.
Alimentación, una herramienta clave
Dentro de las estrategias terapéuticas con mayor respaldo científico se encuentra la dieta baja en FODMAP, basada en la reducción temporal de determinados hidratos de carbono fermentables que incrementan la producción de gases y la distensión abdominal.
No obstante, los especialistas recuerdan que este tipo de alimentación debe aplicarse siempre bajo supervisión profesional y durante periodos limitados.
«La dieta baja en FODMAP puede ser muy útil para controlar síntomas, pero mantener restricciones prolongadas sin supervisión puede reducir algunas bacterias beneficiosas de la microbiota. El objetivo final debe ser recuperar la máxima diversidad alimentaria posible», explica la Dra. Sánchez Somolinos.
Papel de los probióticos
Junto a las modificaciones dietéticas, los probióticos están adquiriendo un protagonismo creciente dentro del abordaje integral del SIBO.
Diversas investigaciones sugieren que determinadas cepas de los géneros Bifidobacterium y Lactobacillus pueden contribuir a mejorar síntomas como la hinchazón abdominal, los gases o el dolor digestivo, aunque la respuesta depende tanto de la cepa utilizada como de las características individuales de cada paciente.
«Los probióticos no sustituyen al tratamiento médico cuando es necesario, pero pueden ayudar a restaurar el equilibrio de la microbiota, reforzar la barrera intestinal y contribuir a disminuir el riesgo de recaídas en determinados pacientes», afirma la especialista.