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Salud mentalFreepik

La salud mental se consolida como el mayor problema de salud para la población española por delante del cáncer

Un 62 % de la ciudadanía sitúa a la salud mental por cuarto año consecutivo, como el mayor problema de salud del país

La creciente visibilidad de los trastornos psicológicos, impulsada por las secuelas de la pandemia y el impacto de los cambios sociales y económicos, ha colocado al bienestar emocional en el centro del debate público. En este contexto, el 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, Ipsos publica anualmente su informe 'Mental Health Day', un estudio internacional que analiza en 30 países la evolución de la percepción ciudadana sobre los principales problemas sanitarios y el papel que desempeñan los sistemas de salud ante ellos. Por cuarto año consecutivo, este estudio confirma que la salud mental es la principal preocupación sanitaria en España.

En nuestro país, el 62 % de la población identifica la salud mental como el principal problema de salud, un porcentaje notablemente superior a la media global (45 %). Solo Suecia supera a España por un punto (63 %), situando a nuestro país como el segundo en Europa donde esta preocupación está más arraigada. Esta inquietud supera incluso al cáncer (51 %), que mantiene un nivel de preocupación constante desde hace cinco años. Completan los cinco primeros puestos el estrés (36 %), la obesidad (29 %) y el tabaquismo (19 %).

Este orden de prioridades varía al analizar los datos por sexo y generaciones. Aunque hombres y mujeres comparten el mismo top 5, son ellas quienes manifiestan una mayor preocupación por la salud mental (67 %), el cáncer (56 %) y el estrés (43 %). Por el contrario, los hombres muestran mayor preocupación por la obesidad (33 %) y el tabaquismo (23 %).

En cuanto a las generaciones, los Baby Boomers señalan el cáncer como su mayor inquietud (63 %), seguido de la salud mental (57 %) y la obesidad (34 %). En cambio, la Generación Z sitúa en primer lugar la salud mental (63 %), seguida del estrés (35 %) y el tabaquismo (32 %).

Un bienestar mental cada vez más presente

El creciente foco en la salud emocional también se traduce en una mayor reflexión personal. El 63 % de los españoles afirma pensar frecuentemente en su salud mental, un aumento de seis puntos respecto al año anterior. Este dato es especialmente significativo entre las mujeres (70 %) y los jóvenes de las generaciones Millennial (72 %) y Z (67 %). En cambio, los hombres (56 %) y los Baby Boomers (53 %) muestran un menor nivel de atención hacia esta dimensión.

Aun así, la salud física sigue ocupando más espacio en las preocupaciones cotidianas: el 77 % de los encuestados piensa a menudo en ella. Nuevamente, las mujeres (81 %) y los millennials (79 %) destacan como los colectivos más sensibles a ambas dimensiones, lo que revela una concepción más integral del bienestar.

Estrés y salud mental: una relación estrecha

Desde 2018, la percepción de la salud mental como una prioridad sanitaria ha crecido vertiginosamente: ha pasado del 23 % al 62 %, un incremento de 39 puntos porcentuales en apenas siete años. Paralelamente, la preocupación por el estrés ha seguido una trayectoria similar: en 2018 la compartía el 25 % de los españoles y en 2025 alcanza el 36 %, situando a España entre los países europeos donde esta inquietud ha crecido con mayor intensidad, junto a Francia, Polonia e Italia.

Estos datos se reflejan en la vida diaria. Un 61 % de los españoles reconoce haberse sentido tan estresado en el último año que su vida cotidiana se vio afectada en alguna ocasión. Este fenómeno es más frecuente entre mujeres (37 %) y jóvenes (40 % en los millennials y 36 % en la generación Z).

Además, un 47 % declara haberse sentido incapaz de hacer frente a la situación en algún momento debido al estrés, y un 37 % sufrió episodios prolongados de depresión a lo largo del año. Entre los jóvenes de la Generación Z, el 17 % llegó a faltar al trabajo por estrés y el 12 % consideró la autolesión o el suicidio, lo que convierte a este grupo en el más vulnerable.

No obstante, también son los más activos a la hora de buscar ayuda. Solo un 27 % de los jóvenes Z admite no haber hecho nada frente al malestar emocional, frente a un 43 % del total de la población, y a un 70 % de los Baby Boomers. Entre quienes sí buscaron apoyo, la mayoría recurrió primero a sus círculos cercanos: un 33 % habló con familiares o amigos, mientras que solo un 17 % acudió a un profesional. Curiosamente, el 18 % reconoce haber recurrido al uso de medicamentos, superando ligeramente al porcentaje de quienes pidieron asistencia especializada.

¿Y el sistema sanitario?

Mientras la sociedad concede una creciente importancia al bienestar mental, el sistema de salud todavía no refleja esta prioridad con igual intensidad. Aunque el 80 % de los españoles considera que la salud física y la mental son igual de importantes –una mejora de siete puntos respecto al año anterior–, el 48 % opina que el sistema sanitario continúa priorizando la atención física. Esta percepción es más acentuada entre mujeres (53 %) que entre hombres (43 %).

En términos generacionales, los Baby Boomers son quienes más creen que ambas dimensiones están equilibradas (44 %), mientras que la Generación Z muestra mayor confianza en que la salud mental empieza a ocupar un lugar más central en la atención pública (14 % lo afirma).

En definitiva, aunque el cambio cultural hacia la salud mental como una prioridad personal y colectiva es evidente, persiste una desconexión entre esta nueva conciencia social y la respuesta institucional. Una brecha que, a la luz de estos datos, reclama con urgencia políticas públicas más ambiciosas, recursos específicos y una integración real del bienestar emocional en los sistemas de salud.

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