Fundado en 1910
Dolors Montserrat

Luchar contra el cuarto vacío

En España, el suicidio es la segunda causa de muerte juvenil. Una verdadera pandemia que el tabú, la vergüenza y el miedo tienden a ocultar en quienes la sufren, en quienes acompañan y en quienes deciden

¿Qué sucede en la mente de una persona cuando pierde todos los anclajes que le atan al mundo? ¿Qué piensa un adolescente en la soledad de su dormitorio un segundo antes de atentar contra su propia vida? Si la respuesta es difícil, la evidencia es letal: en el último año, se produjeron 134 suicidios cada día. 49.042 en total, y de ellos, más de cinco mil eran jóvenes de 15 y 29 años. Es una estadística aterradora. Pero no debemos dejar de mirarla.

En España, el suicidio es la segunda causa de muerte juvenil. Una verdadera pandemia que el tabú, la vergüenza y el miedo tienden a ocultar en quienes la sufren, en quienes acompañan y en quienes deciden.

Es cierto que hemos avanzado. Hay más conversación y menos estigma. Pero naturalizar el dolor y los problemas de salud mental como parte inevitable de la vida es una anomalía moral que no podemos tolerar como sociedad. Hablar de depresión, ansiedad, ciberacoso, adicciones o suicidio con la naturalidad de un tertuliano banaliza el problema, y lo empeora. Reducirlo a números, lo invisibiliza. Y cuando hablamos de salud, la mental es tan prioritaria como la lucha contra el cáncer. De ahí el impulso del Partido Popular Europeo por un Plan Europeo por la Salud Mental.

Porque nombrar no basta. Como ciudadanos, vecinos y familiares, tenemos que mirar, hablar, acompañar y cuidar. En una sociedad empujada hacia el individualismo y encerrada en burbujas tecnológicas que aíslan, debemos ser recuperar lo esencial: el contacto físico, la atención, el cuidado y los hábitos saludables. Explicar que el uso controlado de pantallas no coarta la libertad de nadie, la protege. Que prevenir conductas peligrosas no es catecismo conservador. Es higiene para evitar que un niño sano no acabe su etapa más vulnerable convertido en un adulto roto.

Ante los peligros que esconden las plataformas digitales (acoso, delincuencia, adicciones, violencia, abuso sexual), no queda, sino actuar con reglas claras. Y en ese sentido, estamos liderando un código de directivas que den forma a los avances tecnológicos: diseños no adictivos, privacidad, seguridad, evitar el scroll adictivo. Meta, YouTube, WhatsApp u Open AI nos aportan valor, ayuda, aprendizaje y entretenimiento. Pero ese progreso tecnológico no puede ir desligado de la responsabilidad ética. Su visión empresarial tiene que estar a la altura de su compromiso en la lucha contra la violencia y el abuso, el freno de las adicciones o el bloqueo de conductas nocivas que, en muchas ocasiones, lamentablemente acaban en tragedia.

Pero nada de esto excluye una pieza fundamental: la escuela, la comunidad y la familia. La lucha contra el suicidio, la ansiedad, el ciberacoso, el bullying o la depresión es algo que nos compete a todos. Y aprender a detectar estos problemas es el primer paso para corregir esta lacra.

Octubre es el mes de la salud mental, pero no basta con una foto y un lazo. El Gobierno debe garantizar el acceso universal y con garantías a la atención sanitaria mental de los jóvenes, vivan donde vivan y tengan la renta que tengan. Debe blindar una financiación justa, corregir el déficit de psicólogos españoles, tres veces menos que la media europea, y trabajar más en la salud de los profesionales. Los que cuidan también necesitan cuidado.

Esto tiene que cambiar. Porque nos jugamos mucho más que una estadística. Nos jugamos la dignidad. La política solo sirve si baja del estrado y cuenta lo que importa. Y lo que importa hoy, pero sobre todo importará mañana, será construir una sociedad sana en la que nadie, nunca más, sufra en su cuarto esa soledad que empuja hacia la oscuridad.

  • Dolors Montserrat es vicepresidenta del Grupo PPE en el Parlamento Europeo y también secretaria general del PPE