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Harold en el centro de rehabilitaciónMorrello

«Me dijeron que no caminaría más»: el jubilado que se rompió el cuello y desafió a los médicos

La fisioterapeuta Sam Miggins fue su salvadora. No le dejó solo en ningún momento. De hecho, nada más conocerle no dudó en un segundo en hacer cumplir su sueño y asegurarle que le iba a ayudar a andar

Aunque como todo ser humano tenía dos piernas, Harold Price prefería las ruedas. Este hombre de 82 años, al que le encantaba perderse con su bicicleta o moto y que recorría alrededor de 153 kilómetros a la semana, ha desafiado a todos los médicos. Después de un trágico accidente a 24 kilómetros por hora, el ingeniero jubilado se cayó del vehículo y se golpeó en la cabeza. Tras meses hospitalizado, le dijeron que no iba a volver a caminar. Sin embargo, su esfuerzo hizo que su pronóstico cambiase.

Tras el grave accidente, Harold pasó meses en la cama del hospital. Se había roto la quinta vértebra, situación que le provocó una compresión de la médula espinal, comenta el paciente a The Guardian. Al ver lo sucedido, los facultativos le comentaron que no iba a poder volver a caminar nunca más. En ese momento, pensaba que estaban exagerando. Su mente sentía que podía levantarse y salir corriendo, pero cuando lo intentó, se desplomó, revela al medio británico. No obstante, estaba decidido a demostrar todo lo contrario.

Aunque trataban de ayudarle para que Harold llevase su vida con total normalidad, lo cierto es que no funcionaba. Se terminaba cayendo. «No había mucha esperanza», apuntó su mujer a la BBC. Esto les llevó a tomar una decisión: reformar su casa para ganar en accesibilidad. Cuando estaban en mitad de la obra, el matrimonio recibió una buena noticia: habían admitido al hombre de 82 años en la Clínica Morrello para comenzar con la rehabilitación. Sin embargo, debía pagarlo de su bolsillo 800 libras esterlinas al mes porque el Sistema Nacional de Salud no se lo financiaba.

La fisioterapeuta Sam Miggins fue su salvadora. No le dejó solo en ningún momento. De hecho, nada más conocerle no dudó en un segundo en hacer cumplir su sueño y asegurarle que le iba a ayudar a caminar. Este simple comentario le motivó: «Imagínense cómo me sentí. ¡Después de meses de que me dijeran que no podía!», subraya el paciente a The Guardian.

Cuando le dieron plaza, comenzó a asistir dos veces por semana. Su entrenamiento, que consistía en reproducir lo que antes hacía asiduamente: bicicleta estática, pero se convirtió en una actividad muy complicada de realizar. Pedaleaba una bicicleta estática que, aunque tenía motor, le obligaba a hacer fuerza. También tenía que llevar a cabo una secuencia de estiramientos de cadera y tronco para fortalecer y ganar estabilidad.

Aunque fue lento, poco a poco empezó a mejorar. A pesar de esto, el proceso no fue sencillo. Según relata al medio británico The Guardian, se acostaba por las noches y a veces no quería despertar. Sin embargo, por las mañanas cambiaba de pensamiento. Sabía que iba a superarlo y, para ello, debía intentarlo.

Pasaron seis meses y, aunque no caminaba completamente, empezó a sentir mejoras. No obstante, se seguía cansando en distancias largas, pero ya no necesitaba a cuidadores que le ayudasen a vestirse o a levantarse por las mañanas. Cumplió su palabra, y demostró a todos lo médicos que estaban equivocados.