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Consuelo Correa con su perroAntena 3

Una mujer deja toda su herencia a su perro: «No estoy loca, mi hijo está de acuerdo»

Para hacerlo posible desde el punto de vista legal, Consuelo Correa ha recurrido a una protectora de animales

En España hay aproximadamente entre 9 y 10 millones de perros, superando ya al número de niños menores de 14 años, con cifras recientes que rondan los 9,3 millones, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). El de gatos, un poco por debajo, se sitúa en alrededor de 6 millones. Las mascotas, por ende, están cada vez en más hogares.

Esto hace que muchas personas, al llegar al final de sus días, quieran dejarle parte de su herencia a los animales para garantizar que estén bien atendidos cuando ellos mueran. Aunque parezca sorprendente, ya existen casos que apuntan en este sentido, como el de Consuelo Correa.

La mujer, de 71 años, explicó esta semana en el programa de Antena 3 Y ahora Sonsoles que desde hace más de una década comparte su vida con Mulán, su perra. Durante estos doce años, el animal se ha convertido en su compañera inseparable y en un apoyo fundamental en su día a día. Por este motivo, Consuelo ha tomado una decisión poco habitual pero meditada: destinar toda su herencia al bienestar y los cuidados de Mulán una vez ella falte.

Para hacerlo posible desde el punto de vista legal, Consuelo ha recurrido a una protectora de animales. En una modificación de su testamento, ha nombrado a esta entidad heredera universal, de modo que será la beneficiaria tanto de su dinero como de sus propiedades. La finalidad de esta disposición es clara: asegurar que la perra reciba la atención necesaria durante toda su vida. Además, el documento contempla un segundo supuesto. En caso de que Mulán fallezca antes de que la herencia se haya consumido por completo, el remanente económico se destinará a la Fundación, que podrá emplearlo para seguir ayudando a otros perros en situación de abandono.

La decisión de Consuelo no ha pasado desapercibida y ha suscitado numerosas reacciones. Hay quienes se muestran sorprendidos o incluso críticos al no comprender cómo una madre puede dejar su patrimonio a su perro en lugar de a su hijo. Sin embargo, la protagonista tiene muy claro el motivo de su elección, defiende que se trata de una decisión responsable y consensuada y sostiene que no está «loca».

Según explica, su hijo es una persona plenamente capaz de valerse por sí misma y no necesita esa herencia para salir adelante, por lo que está consensuado con él. Además, Consuelo considera que imponerle el cuidado de Mulán supondría una carga que no desea trasladarle. El estilo de vida de su hijo, marcado por obligaciones que le impiden pasar mucho tiempo en casa, no encaja con las necesidades de atención que requiere su perra.

«Él lleva una vida que no le permite estar todo el tiempo en casa, no le quiero dejar ese cargo», asegura Consuelo, antes de añadir que «ha sido consensuado y él es un amante de los animales también». De este modo, subraya que la decisión no se ha tomado de espaldas a su familia, sino tras hablarlo y reflexionarlo conjuntamente.

La propia Consuelo relata que, cuando comunicó su voluntad al notario, este le explicó que se trata de una práctica cada vez más frecuente. Un dato que, a su juicio, refleja un cambio social profundo: para muchas personas, los animales domésticos han dejado de ser simples mascotas para convertirse en miembros de pleno derecho de la familia. Esta evolución en la forma de entender los vínculos afectivos explica que haya quienes busquen fórmulas legales para protegerlos incluso después de su muerte.

Más allá de la anécdota, el caso pone de relieve una tendencia creciente y un debate de fondo sobre la responsabilidad hacia los animales que dependen del ser humano. Consuelo, convencida de su decisión, defiende que su prioridad es garantizar el bienestar de Mulán.