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Lourdes méndez

La inadmisión de la reforma constitucional que incluye el derecho al aborto

El reciente dictamen del Consejo de Estado que avala la reforma constitucional, consistente en introducir como derecho el aborto en su artículo 43, no convalida lo que sin duda es un fraude, y existen diversas razones por las que no deberá admitirse a trámite en la Cámara Baja

El Gobierno de Sánchez, que destila corrupción, alcanza su máxima expresión corrompiendo la esencia misma del derecho, esto es, corrompiendo la justicia. Resulta detestable, infame, y profundamente injusto aquel gobierno que considera un derecho, el matar a un ser humano.

El reciente dictamen del Consejo de Estado que avala la reforma constitucional, consistente en introducir como derecho el aborto en su artículo 43, que requiere el voto de tres quintos del Congreso, no convalida lo que sin duda es un fraude y existen diversas razones por las que no deberá admitirse a trámite en la Cámara Baja.

i) Esta modificación debería realizarse a través del procedimiento de reforma total previsto en el artículo 168, que sería de aplicación por afectar a un derecho fundamental y preceptos constitucionales que gozan de una posición preferente en materia de derechos y libertades: particularmente aquellos que consagran la dignidad de la persona (artículo 10) y el derecho a la vida (artículo 15).

ii) Y, aunque así se hiciera, no sería posible sin atentar contra el conjunto de la Constitución. La Constitución constituye un sistema, dotado de una estructura, que impide la modificación aislada de los presupuestos o fundamentos que la sustentan. Las reformas constitucionales encuentran límites infranqueables cuando afecta a la esencia, valores o principios sobre los que se asienta, como ocurre en este caso.

Si acudimos al derecho comparado encontramos, entre otras, una importante sentencia 1146/1988 de la Corte Constituzionale italiana, aplicable al caso español, que dictamina: «la constitución italiana contiene determinados principios supremos que no pueden ser subvertidos ni modificados en su contenido esencial, ni siquiera por leyes de revisión constitucional. Se trata de los principios que la propia Constitución prevé explícitamente como límites absolutos al poder de revisión constitucional (…) como de los principios que, aunque no se mencionen expresamente entre los que no pueden someterse al procedimiento de revisión constitucional, pertenecen a la esencia de los valores supremos en los que se basa la Constitución italiana».

Sánchez anuncia la reforma constitucional a sabiendas de que no será posible realizarla. Esta corrupción de la justicia, cuyo único resultado es la muerte, obedece a una intención perversa: la utilización de los supuestos derechos humanos como principal objetivo de lucha partidista. La utilización de un drama como el aborto, para sus intereses bastardos. La crueldad que se manifiesta en considerar como bueno lo que resulta ser una tragedia.

La izquierda, en los foros internacionales, ha logrado incluir el aborto disfrazado como derecho a la salud sexual y reproductiva, en el catálogo de derechos humanos, y ha logrado que muchos partidos políticos, como el PP, se sumen a esta idea, como se evidenció recientemente con la aprobación de un informe en el Parlamento Europeo. Un lamentable PP que ha abandonado en el «sagrado consenso social» la defensa del derecho a la vida. Así lo afirmó su portavoz hace pocos meses, para no respaldar la iniciativa parlamentaria de Vox de derogar la actual ley del aborto.

Hay bienes que para un político son indisponibles, y principios que son innegociables. Uno de ellos es el derecho a la vida. Viene a cuento citar a Benedicto XVI, que en un discurso en el Bundestag dijo una frase tan aplicable al caso español: «Si el derecho se basa solo en el consenso de una mayoría, y no en la justicia, el Estado se vuelve una cuadrilla de bandidos».

Cuando se convierte un postulado ideológico en un derecho humano, se corrompe la esencia misma del derecho, se corrompe la justicia. El aborto no es un derecho humano, ni puede serlo. Los derechos humanos son los que corresponden al género humano por su propia naturaleza y no por concesión de un gobierno. La ciencia aporta la evidencia que describe al ser humano, y por tanto al individuo de la especie humana, como un continuo biológico sin cortes ni barreras: un mismo ser humano en desarrollo desde su concepción hasta su muerte, de modo que «humano» es el derecho a la vida.

La historia del siglo XX ha sido el terrible laboratorio de las consecuencias de aplicar una ética que niega la dignidad intrínseca de ser humano: aborto, eutanasia, eugenesia….y, aunque, diferentes ideologías persistan en la destrucción de Occidente, en Vox, (que es el único partido que en España lo hace), no descansaremos de combatirlas. Los tiempos están cambiando y esperamos que todos ellos, con sus políticas suicidas, sean el remanente de un pasado que felizmente poco a poco va quedando atrás.

En Vox sabemos, y así lo defendemos, que es la justicia la que te lleva a la vida.

Lourdes Méndez es diputada nacional de Vox