¿Hablamos de pedir perdón?
La juerga y el casino de trileros del Grupo de Puebla, que ahora hasta hacen turismo en Barcelona con el croupier Sánchez y el conejito de Playboy Illa, se pasean por España y bien que les gusta. Sinvergüenzas
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De forma inesperada, y desde un lugar sorpresivo y sorprendente, de pronto he tenido acceso a una información histórica y, sobre todo, bastante reciente en la escala secular que me ha abierto los ojos y empujado precipitadamente a escribirlo y comunicarlo.
Y responde, simplemente, a cómo el interés humano, los silenciados horrores históricos y la manipulación de unos hechos en beneficio de naciones poderosas quieren –o quisieran– borrar de su historia infinitas crueldades cometidas bajo banderas de supuesta e impoluta pulcritud, o bajo monarquías y poltronas de poder que han permitido y protagonizado atrocidades inconcebibles contra el ser humano.
Son perversos silencios que no tienen detrás al pueblo judío, que se ocupa y preocupa, año tras año, de que no caiga en el olvido de la historia el Holocausto.
El mundo de los esclavos africanos y el horror de la esclavitud del ser humano no ha tenido los altavoces suficientes para que el mundo escuchara, ni los poderosos han permitido su difusión lo suficientemente.
Las atrocidades cometidas por el supuesto imperio británico, la cruel monarquía belga o el pueblo holandés, principalmente, deberían ser la auténtica leyenda negra mundial reciente, pues cuando se conoce al detalle –como a mí me ha ocurrido leyendo y documentando gráficamente– los centenares de cargueros de esclavos que, partiendo de Liverpool, Bristol o Londres, navegaban con rumbo a las costas africanas centrales para obtener cargamento de millones de esclavos y transportarlos a América en peores condiciones que jaulas de cerdos, desde países como Angola, Congo, Zambia (antigua Rodesia), Mozambique y tantos otros, alimentando a los tiburones en la travesía con los débiles o los muertos, a cualquier persona normal se le revuelven las tripas.
Cuando se tienen delante los carteles anunciantes de la subasta y venta de esclavos, suscritos e impresos por la compañía TOBESOLD&LET sin pudor alguno, o cuando William Wilberforce empezó la campaña de la abolición de la esclavitud en 1833 –han leído bien, en 1833–, uno no puede más que avergonzarse de las acciones británicas, belgas u holandesas y, sinceramente, a título personal y en nombre de todos ellos, pedir perdón a Dios y a tantos seres humanos por tanta crueldad.
A todo ello resulta que aquí, en España, aireado por incultos perroflautas, comunistas, pseudoecologistas y humanistas de pega, con el repugnante silencio cómplice de británicos y otros llamados progresistas europeos, se dedican a exigir a los españoles y a sus instituciones la petición de perdón por el descubrimiento y la puesta en los mapas geográficos, culturales y de evolución de medio mundo, cuando los hechos se produjeron en 1492 y años siguientes –repito, en 1492–, cuando Isabel la Católica declaró a aquellos pueblos ciudadanos súbditos, jamás se implantó la esclavitud y, tan solo por poner un ejemplo, la escuela barroca cuzqueña fue más importante que el barroco europeo, estando hoy vigentes y presentes tanto el cristianismo como el idioma español.
Además, la señora judía errante Claudia Sheinbaum y los, sin duda, indios López, Pérez, García o Silva, con una cara de españoles que corta el cutis, se dedican a reivindicar atrocidades, pero ellos no son incas, ni aztecas, ni toltecas, ni chichimecas.
La juerga y el casino de trileros del Grupo de Puebla, que ahora hasta hacen turismo en Barcelona con el croupier Sánchez y el conejito de Playboy Illa, se pasean por España y bien que les gusta. Sinvergüenzas.
Los españoles no solo no podemos ni debemos disculparnos de la evolución americana, sino que sí debemos pelear con fuerza por difundir al mundo la historia de la Hispanidad, con un fuerte aplauso para José Luis López-Linares y un sonoro abucheo para los british, pues incluso ellos algún día se darán cuenta y quizá hasta descubran que la Union Jack es hispana. Y, por supuesto, cristiana.
¿Entonces? ¿Nos ponemos a hablar de pedir perdón y disculpas en serio?
- Mariano Gomá es presidente del Foro España Cívica