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Ana Ortiz de Obregón
El código de la escrituraAna Ortiz de ObregónGrafóloga forense. Autora de 'El código de la escritura' (LID Editorial)

Lo que dice la firma de María Jesús Montero: protagonismo en gran formato

La firma de la exvicepresidenta reúne varios rasgos relevantes: tamaño extraordinario respecto al texto, ejecución rápida y firme, estructura condensada en iniciales y una gran C final envolvente. Ese conjunto forma el código de su escritura y permite observar cómo se presenta ante sí misma y ante los demás

Firma de María Jesús Montero

Firma de María Jesús Montero

El rasgo más llamativo de su grafismo, es, sin duda, su dimensión. Ocupa un espacio muy superior al del texto predeterminado del documento y domina visualmente el conjunto. Esa desproporción revela fuerte concentración del yo, elevado concepto de sí misma y necesidad de que su presencia quede afirmada sin ambigüedades.

La amplitud del gesto revela una personalidad inclinada a posiciones centrales, poco cómoda en planos secundarios y con tendencia a medir su valor en función de la consideración que recibe del entorno.

La firma se construye en un solo rasgo, simplificado y rápido, que integra nombre y apellidos mediante iniciales enlazadas: M, J, M y una gran C final. El movimiento muestra una mente orientada a lo práctico, más apoyada en la razón que en la fantasía. Tiende a encauzar su energía hacia lo útil, distingue con rapidez lo esencial de lo accesorio y muestra mayor interés por hacer y resolver que por demorarse en matices o detalles secundarios.

Otro rasgo importante reside en la forma del trazo. La firma es semicurva. La curva refleja el componente más social de la personalidad: adaptación, trato accesible y habilidad relacional. El ángulo representa el lado desafiante de la personalidad. Aporta firmeza, resistencia y criterio propio. En esta escritura ambos elementos aparecen combinados: facilidad para mostrarse cordial, capacidad para ajustar las formas a cada circunstancia y sensibilidad para percibir intenciones ajenas. Al mismo tiempo, mantiene criterio propio y escasa inclinación a ceder cuando considera comprometida su posición.

La presión constituye otra de las claves del conjunto. El trazo muestra energía abundante, empuje vital y resistencia. Se aprecia una personalidad activa, insistente y con necesidad de dejar impronta sobre cuanto la rodea. Esa presión asciende en vertical y nace desde la zona inferior del espacio gráfico. Denota clara autoafirmación, necesidad de mando y tendencia a imponer su criterio. Prefiere posiciones desde las que decidir antes que someterse a decisiones ajenas.

La gran C final, correspondiente a Cuadrado, envuelve parte de la firma y cierra el conjunto bajo una misma órbita personal. El gesto amplía la presencia propia y revela necesidad de abarcar, dejar huella y mantener bajo control la situación.

En esta firma aparecen además dos rizos de la subjetividad especialmente marcados en la C final. La escuela francesa denomina a estos detalles gestos tipo y la italiana los llama rizos de la subjetividad. Son trazos que, aunque puedan parecer insignificantes a primera vista, suelen delatar tendencias profundas de la personalidad. En ellos afloran con frecuencia aquellos rasgos predominantes que terminan imponiéndose en la conducta y en la forma de relacionarse con el entorno.

El primero, situado en la zona superior de la C, refleja una marcada autoimportancia y alta propensión a sobredimensionar su papel. Revela gusto por hacerse notar y tendencia a proyectar una seguridad superior a la habitual ante los demás. Existe necesidad de presencia, sensibilidad al reconocimiento y escasa comodidad cuando el entorno no confirma la consideración esperada.

El segundo rizo de la subjetividad lo encontramos en la prolongación de la C, que denota apoyo pasional a sus ideas. No se limita a sostener una posición desde la razón: la acompaña de implicación emocional, convicción intensa y energía personal puesta al servicio de aquello que defiende.

En suma, la firma de María Jesús Montero muestra a una mujer de elevado concepto de sí misma, con marcado gusto por el reconocimiento, poco dada al segundo plano e inclinada a hacer prevalecer su criterio.

Y ahora, lector, fíjese en su propia escritura. ¿Cómo es el tamaño de su firma? ¿Ocupa más espacio que su letra habitual o pasa desapercibida? Le leo en los comentarios.

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