¿Cómo era la mente de quien hizo de la belleza un hábito?
Pasó de la pobreza en Polonia a crear un imperio global con tan solo doce tarros de una crema casera. Pionera de la cosmética moderna, fue la primera en clasificar la piel por tipos y en utilizar batas de laboratorio en sus tiendas para dotarlas de seriedad científica. Así era la mente de Helena Rubinstein, la mujer que transformó el cuidado de la piel en una industria y dejó reflejada su personalidad en los trazos de su escritura
Firma de Helena Rubinstein
La firma de Helena Rubinstein se sostiene sobre tres pilares que reflejan cómo era su personalidad: una escritura clara, simplificada y angulosa. Unas mayúsculas ampliamente desarrolladas con grandes bucles en la zona superior. Una firma dominada por una larga barra ascendente de la «t». La convergencia de estos rasgos forma el código de la escritura de una mujer de carácter tenaz y orgullosa de sí misma, de trato exigente con la gente y con una visión comercial vanguardista.
El primer gran eje de este código gráfico es una letra clara, simplificada y muy angulosa, especialmente en el dibujo de la letra «n» minúscula. Aunque a primera vista parece la escritura caligráfica propia de una mujer de su época, en realidad simplifica el modelo escolar, elimina gran parte de los movimientos accesorios y concentra el trazo en lo esencial. La claridad del grafismo y la simplificación de las formas reflejan una mente práctica, capaz de ir directamente a lo importante y de centrar toda su energía en aquello que consideraba verdaderamente útil. La letra «n» destaca por sus montes angulosos, que sustituyen las formas redondeadas del modelo caligráfico, un rasgo que muestra cómo mantenía sus propios criterios con firmeza, no se dejaba doblegar con facilidad y afrontaba la vida con una actitud dura y combativa. Su carácter era exigente, resistente y poco dado a las concesiones, sosteniendo sus decisiones incluso cuando encontraba oposición.
Este carácter quedó patente con veintitantos años, cuando huyó de su casa al no aceptar el matrimonio de conveniencia que su padre le imponía. Escapó a Australia con unas monedas y unos tarros de la crema facial que hacía su madre. Allí notó que las mujeres sufrían de una piel extremadamente seca y agrietada. Al ver el contraste con su piel blanca y cuidada, comenzó a distribuir su crema casera, y cuando se agotaron las existencias utilizó su ingenio: mezcló grasa de oveja (lanolina, un producto abundante y barato en la zona) con extractos vegetales para replicar la fórmula. La bautizó como Valaze y abrió su primer salón en Melbourne, logrando un éxito comercial y económico inmediato.
El segundo pilar del código de su escritura está en las iniciales de su nombre y apellido. La «H» de Helena concentra el rasgo más llamativo. Antes de escribir la letra, incorpora un amplio bucle que no pertenece a la forma caligráfica de la «H». No es un gesto espontáneo, sino que lo realiza de manera consciente y precisamente en la zona superior de la escritura, la zona de las ideas, de la inteligencia y de la razón. Refleja cómo Helena Rubinstein prepara el terreno desde el pensamiento dibujando un amplio bucle que llama poderosamente la atención dentro del conjunto de una escritura angulosa. Ese movimiento muestra una actitud calculada de aproximación hacia los demás: quiere agradar, despertar una buena impresión y presentar una imagen cuidada antes de mostrarse. La cordialidad que expresa este gesto responde a una decisión consciente. Es una cortesía elegante, diplomática y protocolaria, que le permite relacionarse con los demás manteniendo siempre el control de la situación. Sobre esa forma de presentarse construye, además, una elevada conciencia de sí misma y el orgullo por el lugar que ha conquistado.
En esa misma línea, la «R» de Rubinstein desarrolla un gran bucle en la zona superior, hinchado y exagerado, que traza el gesto tipo de la inflación. Este rasgo muestra a una Helena Rubinstein muy orgullosa de sí misma, vanidosa y plenamente satisfecha de cuanto había conseguido. Concedía una enorme importancia a su propia imagen, a la posición social alcanzada y al efecto que producía sobre los demás. Le gustaba brillar, despertar admiración y que su nombre quedara asociado a cualidades extraordinarias. Esa necesidad de reconocimiento desarrolló su pasión por el lujo, las joyas, el arte moderno y la alta costura, que convirtió en una expresión más de su éxito y de la elevada consideración que tenía de sí misma.
Estos rasgos de su letra son el fiel reflejo de su audacia. Con las ganancias obtenidas en Australia, se trasladó a Europa para expandir su negocio, abriendo salones de lujo en Londres y París, donde se codeó con la vanguardia artística y la aristocracia. En 1914, huyendo de la Primera Guerra Mundial, se mudó a Nueva York. Allí fundó Helena Rubinstein Incorporated y comenzó su célebre rivalidad comercial de por vida con Elizabeth Arden por el control del mercado estadounidense. También supo «arruinarse» y enriquecerse aún más durante la Gran Depresión, comprando en secreto las acciones de su negocio que previamente había vendido a Lehman Brothers.
El tercer rasgo predominante del código de su escritura está en la barra de la letra «t», que es extraordinariamente larga y ascendente. Refleja a un tiempo su personalidad combativa, una voluntad muy firme, una gran capacidad para superar obstáculos y un acusado amor propio. Muestra a una mujer que se rebela frente a los criterios ajenos cuando estos entran en conflicto con sus propias convicciones. Además, revela una marcada tendencia a dirigir y dominar las situaciones, manteniendo siempre el control sobre cuanto considera importante. Siempre proclive a mantener el control sobre cuanto considera importante. Por encima de todo, esta barra de la «t» revela una mujer que afronta la adversidad creciendo ante ella y que encuentra en cada dificultad un estímulo para seguir adelante.
Este rasgo aparece reforzado por la prolongación final de la «y» de «Sincerely», donde vuelve a dibujarse el gesto tipo del apoyo pasional a las ideas. Revela una intensa carga pasional y una actitud defensiva. Esa determinación quedó reflejada en la forma en que entendió el significado de belleza ligada al cuidado de la piel como base fundamental. Aplicó los conocimientos adquiridos durante sus estudios de Medicina al cuidado de la piel. Fue la primera en clasificarla por tipos, diseñó productos específicos para cada uno de ellos, creó una rutina facial y transformó sus salones de belleza en espacios que recordaban a una consulta médica. Sus dependientas vestían batas blancas y las clientas recibían un diagnóstico personalizado. Con ello convirtió el cuidado de la piel en salud y sentó las bases de la cosmética moderna.
En definitiva, el código de la escritura de Helena Rubinstein descubre una personalidad fuerte, orgullosa y extraordinariamente segura de sí misma. Era exigente y muy consciente de su propio valor. Afrontaba la vida desde el control, la disciplina y una marcada independencia de criterio, manteniendo siempre una cierta distancia emocional. Inteligente, estratégica y profundamente apasionada por sus ideas, rara vez modificaba un criterio cuando estaba convencida de él. Y ahora, lector, la próxima vez que siga una rutina de cuidado facial, recuerde que todo comenzó con una mujer que transformó una crema casera en el primer método científico para cuidar la piel, a golpe de tesón y visión comercial. Mire ahora su letra. ¿Reconoce en ella alguno de los rasgos de la escritura de Helena Rubinstein? Cuéntemelo, le leo en los comentarios.