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El código de la escrituraAna Ortiz de ObregónGrafóloga forense. Autora de 'El código de la escritura' (LID Editorial)

La firma de Mohamed VI: sagacidad y protagonismo en dos trazos contrapuestos

La personalidad del monarca alauita se cimenta sobre tres rasgos gráficos especialmente significativos: una extraordinaria simplificación del trazo, el amplio rasgo de la petulancia acabado en alfiler y el marcado contraste de tamaño entre el núcleo inicial y el gran desarrollo de la rúbrica. Estos tres elementos conforman el código de su escritura. Al analizarlos, descubrimos una personalidad en la que conviven agilidad mental, una fuerte autoafirmación, habilidad para desenvolverse en su entorno y una marcada necesidad de protagonismo

Firma de Mohamed VI

Una firma que se lee de derecha a izquierda

El primer rasgo evidente es su extraordinaria simplificación y su marcado carácter rubricado. La firma está construida con grafemas de origen árabe extremadamente simplificados y un fuerte componente rubricante. Antes de entrar en detalle, es necesaria una precisión técnica: al tratarse de una firma árabe, su ejecución se realiza de derecha a izquierda.

El propio trazo permite reconstruir este recorrido. El ataque, con una mayor carga de tinta, se sitúa en el extremo derecho; desde ahí, el movimiento avanza hacia la izquierda y se afina progresivamente hasta extinguirse. Este será el sentido de nuestro análisis.

Esta extrema simplificación impide reconstruir con seguridad un nombre legible o determinar qué trazos corresponden a su nombre o a sus apellidos. Sí permite, en cambio, seguir la secuencia de ejecución de la firma: identificar dónde comienza el gesto, reconstruir su recorrido y observar dónde termina. Por ello, el análisis se centrará en los movimientos gráficos visibles y en su secuencia, y no en la identificación de letras concretas.

Una firma reducida a lo esencial

La simplificación gráfica supone, ante todo, una economía de esfuerzo en la ejecución del trazo. El cerebro tiende a abreviar, eliminando movimientos innecesarios y conservando solo aquellos imprescindibles para realizar el gesto.

En Mohamed VI, esta economía refleja capacidad de análisis y síntesis, rapidez de comprensión y agilidad mental. El monarca selecciona, reduce y concentra, mostrando una mente práctica, capaz de discriminar lo accesorio y quedarse con lo esencial.

Seguridad, superioridad y grandes aspiraciones

El segundo gran rasgo de su firma es el denominado rasgo de la petulancia. Se aprecia en el enorme movimiento que, desde el pequeño núcleo inicial, se proyecta hacia la izquierda y asciende hasta ocupar buena parte de la zona superior.

Para interpretar este gesto acudimos al simbolismo del espacio desarrollado por Max Pulver, que vincula las distintas zonas del espacio gráfico con diferentes ámbitos de la personalidad. Su aplicación a escrituras que, como la árabe, avanzan de derecha a izquierda ha sido estudiada posteriormente por autoras como Dafna Yalon, desde una perspectiva intercultural, y Farnaz Masoumzadeh, específicamente en grafismos árabes. Sus trabajos permiten trasladar este marco interpretativo respetando el sentido propio de ejecución.

En este simbolismo, la zona superior se relaciona con el mundo de las ideas, las aspiraciones y las convicciones. Es precisamente hacia esa zona donde Mohamed VI despliega su trazo con extraordinaria amplitud.

La forma nos habla de cómo una persona se presenta ante los demás y se relaciona con su entorno. En esta firma está dominada por un gesto amplio y ampuloso que muestra a un hombre con una elevada seguridad en sí mismo, una fuerte autoafirmación, sentimiento de superioridad y grandiosidad en sus aspiraciones. Esa enorme expansión hacia la zona de las ideas nos muestra a un hombre profundamente convencido de su propio criterio, que otorga un gran valor a sus planteamientos y los sostiene y defiende con determinación.

Sagacidad y sensibilidad defensiva

Este enorme movimiento acaba además en alfiler: el útil permanece sobre el papel mientras la presión disminuye progresivamente y el trazo se hace cada vez más fino hasta extinguirse.

En Mohamed VI, este final muestra su sagacidad, su capacidad de observación y penetración y su habilidad para defenderse, pero también una acusada sensibilidad defensiva que puede volverle susceptible y quisquilloso ante aquello que percibe como una amenaza o un cuestionamiento. Actúa desde sus convicciones, observa, mide el terreno y afina su respuesta, utilizando sus recursos con habilidad para defender sus posiciones.

La necesidad de hacerse visible

El tercer rasgo es el marcado contraste de tamaño entre el pequeño núcleo inicial y el enorme desarrollo de la rúbrica. El tamaño nos habla del concepto que una persona tiene de sí misma y del que desea proyectar ante los demás. Aquí encontramos una enorme desproporción dentro de la propia firma: un núcleo identificativo condensado y reducido frente a una rúbrica de dimensiones extraordinarias.

En Mohamed VI, este contraste muestra una clara conciencia de sí mismo, una gran necesidad de proyectar su presencia ante los demás, hacerse visible, acaparar miradas y no pasar inadvertido.

En ese pequeño núcleo se aprecia además una combinación de curvas y ángulos. La curva aporta flexibilidad y capacidad de adaptación, mientras que el ángulo introduce firmeza y resistencia. En Mohamed VI, esta combinación muestra su capacidad para adecuarse a las circunstancias y elegir la respuesta que mejor se ajusta a cada situación sin perder firmeza en sus posiciones.

A ello se suma un trazo neto y firme, de contornos definidos y sin irregularidades apreciables, que refuerza la precisión y claridad con las que actúa, así como la firmeza de sus convicciones.

El retrato que deja su firma

En definitiva, el análisis de su firma nos muestra a un hombre ágil mentalmente, práctico y con una notable capacidad para separar lo esencial de lo accesorio. Seguro de sí mismo, autoafirmativo y ambicioso en sus aspiraciones, confía profundamente en su propio criterio y defiende sus convicciones con determinación.

Es también sagaz, observador y penetrante; sabe medir el terreno, adaptar su respuesta y utilizar sus recursos para defender sus posiciones sin perder firmeza. Y todo ello convive con una gran necesidad de protagonismo: hacerse visible, acaparar las miradas y no pasar inadvertido. Y ahora, lector, fíjese en su propia firma. ¿Revela también su sagacidad y capacidad para defender sus posiciones? ¿O quizá una necesidad de hacerse visible y no pasar inadvertido? Cuéntemelo, le leo en los comentarios.