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Manuel Martínez-Sellés

Madres Congeladas

Una futbolista, y toda deportista de élite, debería poder ser madre durante su carrera sin sentir que está sacrificando su futuro deportivo. Y, sobre todo, debería poder decidirlo con información realista, sin miedo, sin presiones y sin que nadie le prometa que una pequeña colección de células almacenadas en nitrógeno líquido garantiza la maternidad que desea

Leo con tristeza que la Federación Española de Fútbol ha firmado un acuerdo para que las futbolistas puedan congelar óvulos «si quieren retrasar su maternidad». Se busca favorecer que postpongan (¿hasta cuándo?) su maternidad y equipos de fútbol profesional ya habían tomado medidas similares, bajo el supuesto paraguas de la conciliación.

Creo que plasma bien cómo están cambiando las prioridades en nuestra sociedad. Si los años de máximo rendimiento deportivo coinciden con los de mayor fertilidad femenina, parece que hay que elegir y la balanza cada vez se inclina más hacia un lado.

No sé qué les contarán a estas deportistas de élite, o si les darán información de los riesgos que implica la intervención o de que un óvulo congelado tiene menos del 10 % de probabilidad de terminar en un recién nacido vivo. Si se les informa de que congelar óvulos no congela la edad de la mujer que llevará el embarazo y de que, aunque los ovocitos sean jóvenes, el embarazo se producirá años después y los riesgos obstétricos asociados a una edad materna más avanzada no desaparecen por haber congelado los gametos.

Cuántas de estas maternidades nunca llegarán y tendremos campeonas frustradas por no poder ser madres después de los 35 o 40, cuando podrían haberlo sido en el momento en que el cuerpo está más preparado para la maternidad.

La vitrificación de ovocitos no asegura una maternidad futura y la propia Sociedad Americana de Medicina Reproductiva reconoce que existen importantes incertidumbres sobre la eficacia de la técnica y advierte del riesgo de que las mujeres interpreten los óvulos congelados como una garantía de fertilidad posterior.

Sin embargo, estamos convirtiendo la maternidad en casi una enfermedad, algo que una deportista debe evitar o, al menos, aplazar, medicalizar e intentar asegurar artificialmente para poder desarrollar su carrera. Una «enfermedad» con sus riesgos, ya que la extracción de ovocitos requiere estimulación ovárica hormonal con gonadotropinas y posteriormente una intervención para recuperar esos óvulos.

Estos procedimientos, como cualquier intervención médico-quirúrgica, no son inocuos y sus posibles efectos secundarios incluyen el síndrome de hiperestimulación ovárica, molestias y efectos a largo plazo derivadas de la estimulación, así como los riesgos inherentes a la sedación y al procedimiento de extracción. Por no hablar de la carga psicológica que conlleva tomar esa decisión y la posible decepción futura tras intentos fallidos.

De hecho, los estudios muestran que una proporción relevante de mujeres manifestó posteriormente arrepentimiento, y aunque las «pacientes» deberían recibir información independiente y realista sobre las posibilidades de éxito, lamentablemente esto no sucede en la mayoría de los casos.

Por otro lado, el deporte no es necesariamente enemigo de la fertilidad y los cambios anatómicos y fisiológicos asociados al embarazo pueden mejorar el rendimiento. Así lo atestiguan varios casos de atletas que, tras su embarazo (me temo que ya hay que añadir natural), han mejorado sus marcas deportivas.

El equipo de la profesora Kimber, de la Universidad de Alberta en Canadá, mostró en 2021 que más del 40 % de las atletas optimizaba su rendimiento tras el embarazo. Además, el equipo de la profesora Nolte, de la Universidad de Bochum en Alemania, publicó una revisión en marzo mostrando que la fertilidad de las atletas de élite es similar o, incluso, superior a la de la población general.

En definitiva, el deporte de alto rendimiento exige a las mujeres que alcancen sus mejores resultados durante una etapa de la vida que coincide con una parte importante de su ventana reproductiva. Ante ese conflicto, la respuesta social puede consistir en tratar a las atletas como gladiadoras modernas, potenciar el espectáculo y decirles: «Congela tus óvulos y continúa».

La alternativa ética para mí es distinta: proteger y potenciar la maternidad, no penalizar el embarazo, poner guarderías en centros de entrenamiento, dar apoyo global que incluya aspectos ginecológicos, nutricionales y psicológicos, fomentar programas de retorno progresivo a la competición y permitir flexibilidad durante la gestación y el posparto.

Una futbolista, y toda deportista de élite, debería poder ser madre durante su carrera sin sentir que está sacrificando su futuro deportivo. Y, sobre todo, debería poder decidirlo con información realista, sin miedo, sin presiones y sin que nadie le prometa que una pequeña colección de células almacenadas en nitrógeno líquido garantiza la maternidad que desea.

Manuel Martínez-Sellés es presidente del Colegio de Médicos de Madrid.

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