Un artista con un enfermo
Cuando la medicina no puede curar, es el arte quien acompaña: «Lleva siglos haciendo cultura paliativa»
El arte comenzó hace más de 40.000 a 50.000 años. En la Prehistoria y, desde entonces, nos ha acompañado en todo tipo de momentos. Desde el baile en las bodas, hasta la pintura en los museos más destacado de las ciudades. Todo ello con un único objetivo: disfrutar. Sin embargo, es capaz de ir más allá. La cultura puede ser una herramienta para la prevención de la enfermedad, la promoción de la salud y también para la gestión y el tratamiento de la enfermedad.
Esto es posible gracias a Cultura en Vena, una fundación que se dedica a acercar la cultura a los entornos sanitarios, entendiendo que la cultura es un activo en salud, una herramienta para el bienestar. Para ello, integran música, artes visuales, lectura, escritura y mediación cultural en hospitales y territorios rurales en riesgo de despoblación con un modelo profesional, seguro, evaluable y replicable.
Juan Alberto García de Cubas, presidente y fundador de Cultura en Vena, comenta a El Debate que esto es algo que llevan haciendo y defendiendo «desde hace mucho tiempo» y que, desde hace unos años, también reconocen instituciones como la Organización Mundial de la Salud, que cuenta con un departamento de Arts and Health, el Consejo Europeo y la Comisión Europea. Todo esto, asegura, nace «del contacto con la enfermedad, con el sufrimiento, el acompañamiento y la muerte de un ser querido».
Como ocurre en algunas ocasiones, esta idea surgió como respuesta a una experiencia dura que el también arquitecto y museógrafo tuvo que vivir en primera persona. Esto le permitió conocer de cerca la vida hospitalaria y descubrir que los hospitales eran lugares maravillosos para utilizar una herramienta que, desde su profesión, utiliza a diario.
Como arquitecto se dedica al mundo de las exposiciones, el comisariado musical, los museos… Así que simplemente se trataba de cambiar el escenario. Comenzó a utilizar la misma práctica artística, pero en lugar de llevarla a un museo o a un auditorio, la llevó a un hospital.
Ahí empezaron a comprobar que funcionaba y comenzarona realizar estudios clínicos, aprobados por el Instituto de Investigación Clínica. Ahora, Cultura en Vena lidera en España el sector de cultura y salud y, además, son la única entidad española que forma parte de la plataforma europea Culture and Health de la Comisión Europea.
Una iniciativa dedicada a acompañar
El proyecto comenzó en el campo de la oncología, pero pronto empezó a expandirse: «Cuando tienes un recurso que funciona, que es positivo y que está testado, empieza a existir una demanda interna por parte de los especialistas de los hospitales», afirma García de Cubas. Ahora, ya están en especialidades como cuidados intensivos, hematología, paliativos…
Trabajan por demanda, es lo que ocurrió en el caso de los cuidados paliativos. Llegaron cuando el paciente más lo necesitaba. Cultura en Vena trabaja en los hospitales con mediadores culturales y los llamados Músicos Interno-Residentes, que desarrollan diferentes programas artísticos adaptados a las distintas áreas sanitarias.
Pero no basta con saber tocar un instrumento o dominar una disciplina artística. Los profesionales reciben también formación específica para desenvolverse dentro del sistema sanitario y deben demostrar que cuentan con las herramientas emocionales necesarias para enfrentarse a situaciones de dolor y muerte.
Hay personas que son muy buenas artísticamente, pero que todavía no pueden enfrentarse a determinadas situaciones o pensar en atender a una persona que va a hacer esa transición de la vida a la muerte. Y otras sí están preparadas, quizá porque tienen una experiencia previa con algún familiar o por otros motivos.
Para el fundador de Cultura en Vena, la relación entre arte y cuidados paliativos no es, en realidad, algo nuevo: «Las artes llevan siglos haciendo, de alguna forma, cultura paliativa», sostiene. La pintura, la música, la literatura o el cine han abordado durante siglos la muerte, el duelo y el miedo, pero también el cuidado y el acompañamiento de quienes permanecen al lado de una persona enferma.
Y es precisamente ahí donde, según García de Cubas, reside una de las grandes capacidades del arte: llegar donde a veces no alcanzan las palabras. «Hay veces que ya no sabes qué decir», explica. En esos momentos, una canción, una pintura o un libro pueden aportar emociones, sensaciones y compañía.
En los cuidados paliativos, esa capacidad adquiere un significado especial. «El arte no nos enseña a morir, sino a cuidar ese proceso desde otro sitio», resume. Allí donde la medicina ya no puede curar, la cultura puede contribuir al acompañamiento, al alivio del dolor y a crear un espacio para los seres queridos.