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Su reflexión se centra especialmente en varios aspectos que cambian fuera de la temporada estivalGetty Images

Paula Nuévalos, agricultora: «A ti no te encanta el pueblo. A ti te encanta el pueblo en verano»

La trabajadora del campo pone el foco en quienes aseguran que les encanta la vida rural después de pasar allí únicamente sus vacaciones estivales

Con la llegada del verano, muchos pueblos experimentan un cambio de ritmo. Aumenta la presencia de personas procedentes de las ciudades, se llenan espacios de encuentro y la vida social adquiere una intensidad diferente a la de los meses de invierno. Sobre esta diferencia ha reflexionado la agricultora Paula Nuévalos.

La trabajadora del campo pone el foco en quienes aseguran que les encanta la vida rural después de pasar allí únicamente sus vacaciones estivales. «No, cariño, a ti no te encanta el pueblo. A ti te encanta el pueblo en verano, que es cuando está la piscina abierta, cuando vas al bar, cuando te tomas ahí tus vacaciones, lo que te gusta es estar de vacaciones en un sitio tranquilo», sostiene.

Nuévalos diferencia así entre disfrutar temporalmente de la tranquilidad de un municipio y afrontar el día a día durante todo el año. En verano, según expone, la apertura de la piscina, las visitas al bar y la llegada de más vecinos generan unas condiciones distintas a las habituales.

«Pero no te gusta el pueblo. O sea, a ti no te gusta aburrirte en invierno. Bueno, quién se aburre, yo no me aburro en el pueblo, pero bueno, quién se aburre en invierno», añade la agricultora.

Su reflexión se centra especialmente en varios aspectos que cambian fuera de la temporada estival:

  • La reducción de las actividades sociales.
  • La menor presencia de personas en los pueblos.
  • La diferencia entre pasar las vacaciones y residir de forma permanente.
  • El aumento de la socialización durante el verano con otras personas procedentes de la ciudad.

«Creo que estamos confundiendo»

Para Nuévalos, parte de la identificación con la vida rural durante el verano puede estar relacionada precisamente con esa mayor actividad social. La agricultora cuestiona que esa experiencia sea equivalente a vivir en un pueblo durante los meses con menos movimiento.

«Que no haya actividades sociales, que no haya tanta gente. Creo que estamos confundiendo con que lo que me gusta es socializar con la gente de la ciudad que también viene al pueblo en verano, ¿no? ¿Qué opináis?», concluye.

Su planteamiento establece así una diferencia entre el atractivo vacacional de los pueblos durante los meses de verano y la realidad cotidiana de quienes permanecen en ellos también cuando disminuyen la actividad y la población.