Cartel de aviso de tsunamis
El Pacífico comienza a estabilizarse tras rebajarse la alerta de tsunami
Las autoridades de varios países costeros han desactivado las alarmas mientras se normaliza la actividad en las zonas afectadas por el fuerte terremoto
Tras el brutal terremoto de magnitud 8,8 que sacudió la península rusa de Kamchatka —uno de los más potentes jamás registrados en la zona—, la amenaza de tsunami empieza, poco a poco, a disiparse. Japón y Estados Unidos, que activaron rápidamente sus protocolos de emergencia, ya han recuperado cierta normalidad. Sin embargo, en Centroamérica y Sudamérica, aunque algunas alertas han sido levantadas, las autoridades siguen en guardia.
El temblor provocó al menos cuatro olas de gran tamaño que impactaron contra Paramushir, una isla del archipiélago de las Kuriles. El agua avanzó hasta 200 metros tierra adentro, dañando infraestructuras del puerto de Sévero-Kurilsk. Afortunadamente, no hubo víctimas, en parte gracias a la rápida evacuación de unas 2.700 personas, entre ellas unos 600 niños.
Y cuando parecía que lo peor había pasado, Kamchatka volvió a sacudirse con otro sismo, esta vez de magnitud 6,2, registrado a unos 200 kilómetros al este de Petropávlovsk-Kamchatski y a 69 kilómetros de profundidad. Horas más tarde, el Ministerio de Emergencias ruso desactivó la alerta de tsunami, aunque el susto seguía muy presente.
En Japón, país acostumbrado a convivir con la tierra temblando, el miedo fue palpable. Las sirenas sonaron a lo largo de toda la costa pacífica y más de dos millones de personas fueron evacuadas como medida preventiva. El terremoto provocó retrasos y cancelaciones tanto en trenes como en vuelos, especialmente en Tokio y en el aeropuerto de Sendai.
Aunque las olas no alcanzaron alturas devastadoras —1,3 metros en Iwate, 80 centímetros en Hokkaido y unos 30 en Yokohama—, el susto fue suficiente para dejar a muchos con el corazón en un puño.
Ahora, con las órdenes de evacuación retiradas y las alertas rebajadas a simples avisos de precaución, la vida comienza a retomar su ritmo. Aun así, la Agencia Meteorológica de Japón (JMA) pide no bajar la guardia: podrían producirse réplicas o cambios inesperados en el nivel del mar.