El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) situó el epicentro del sismo principal, de magnitud 6,0, a 27 kilómetros al este de la provincia de Nangarhar y a una profundidad de ocho kilómetros, lo que suele amplificar el poder de destrucción
¿Por qué Afganistán es uno de los países más sensibles ante los terremotos?
Solamente en lo que llevamos de siglo se estima que en el país afgano han fallecido más de 3.000 personas como consecuencia de los seísmos
En las últimas horas, una nueva tragedia volvía a sacudir Oriente Medio. Un terremoto de seis grados de magnitud provocaba la muerte de, al menos, 812 personas –según el último recuento–, mientras que otras 2.700 han resultado heridas.
El temblor inicial se registró a las 23:47 del domingo hora local (19:17 GMT) y fue seguido de al menos dos réplicas de magnitud 5,2. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS por sus siglas en inglés) situó el epicentro del seísmo a 27 kilómetros al este de Nangarhar y a una profundidad de ocho kilómetros, lo que suele amplificar su poder de destrucción.
Desgraciadamente, la catástrofe que ha tenido lugar en suelo afgano es más habitual de lo que pensamos. En los 25 años que llevamos de siglo, Afganistán ha sido escenario de varios seísmos devastadores que han cobrado miles de vidas. En marzo de 2002, dos seísmos localizados en el noreste del país provocó la muerte de entre 1.800 y 3.000 personas.
Diez años después, dos terremotos de 5,7 y 5,4, con epicentro en la cordillera del Hindukush, provocaron la muerte de alrededor de 300 fallecidos en la provincia de Baghlan, Afganistán. En octubre de 2015, un nuevo seísmo localizado en el noreste del país causó cerca de 400 muertos en Afganistán y Pakistán. De igual manera, en junio de 2022 un terremoto que sacudió las provincias de Paktika y Khost, en el este de Afganistán y cerca de la frontera con Pakistán, causaron la muerte de más de 1.000 personas.
Sin contar el último terremoto de las últimas horas, el más importante del siglo tuvo lugar en octubre de 2023. En aquella ocasión, un terremoto en la provincia occidental afgana de Herat causó la muerte de al menos 2.400 personas.
Los motivos detrás del desastre
Estos episodios confirman a Afganistán como uno de los países más vulnerables del mundo frente a los terremotos, tanto por su ubicación geológica como por la precariedad de sus viviendas y la limitada capacidad de respuesta humanitaria. En primer lugar, el país se encuentra en una zona altamente sísmica, en el cruce de varias fallas tectónicas –la placa índica, que se desplaza hacia el norte, choca y se desliza bajo la placa euroasiática–, lo que lo expone a temblores frecuentes y muchas veces superficiales, que son los más destructivos. Además, gran parte de la población vive en áreas rurales y montañosas, donde el acceso es difícil y los rescates tardan en llegar.
Un hombre afgano herido recibe tratamiento en un hospital tras un terremoto en Jalalabad, Afganistán
A esto se suma la vulnerabilidad de las construcciones: la mayoría de las viviendas están hechas de adobe, piedra o barro sin refuerzos, materiales que se derrumban con facilidad. La pobreza, décadas de guerra y la falta de inversión en infraestructura hacen que no existan edificios antisísmicos ni sistemas sólidos de emergencia. También influyen los servicios de salud limitados y las carreteras destruidas o inexistentes, lo que retrasa la atención a los heridos. En conjunto, estos factores hacen que incluso terremotos de magnitud moderada puedan causar miles de muertes en Afganistán.
La otra cara de la moneda fue la península rusa de Kamchatka, donde un terremoto de 8,8 grados encendió las alarmas de tsunami en varios países del Pacífico, entre ellos Japón, Hawái y Alaska. Afortunadamente, a pesar de tratarse de uno de los seísmos más fuertes de la historia, la península solo tuvo que lamentar daños en infraestructuras y decenas de personas heridas. A diferencia de los distintos temblores en Afganistán, en este caso el epicentro estuvo situado a 149 kilómetros de la costa y a 17 de profundidad. Esto, sumado a la calidad de las infraestructuras y a la concienciación de la población, evitó una catástrofe humanitaria sin igual en la región.