Personas caminan por la calle con paraguas en Madrid
Enero fue el mes con menos horas de sol en España en los últimos 30 años
En Orense las horas de sol cayeron casi un 57 % respecto a la media; en Pontevedra, un 56 %; y en Gijón o Burgos, un 40 %
Enero de 2026 se ha convertido en el más lluvioso de los últimos 25 años en la España peninsular. Así lo ha confirmado este martes la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), que cifra en 119 litros por metro cuadrado la precipitación media registrada durante el mes, un 85 % por encima del promedio correspondiente al periodo 1991-2020. El dato, incluido en el balance climático difundido por el organismo, consolida a este inicio de año como un episodio excepcional en términos de lluvias.
En su informe mensual, la Aemet subraya que se trató de «un mes muy húmedo en cuanto a precipitaciones y normal en temperaturas». Esta doble característica resume un enero marcado por abundantes lluvias, pero sin desviaciones térmicas significativas respecto a los valores habituales.
Desde el punto de vista estadístico, el mes presentó «un carácter muy húmedo, con un valor sobre la España peninsular de 119,3 litros por metro cuadrado, lo que representa el 185 % del valor normal del mes, es decir, un 85 % por encima de ese valor normal (periodo de referencia: 1991-2020)». Con estos registros, enero de 2026 se sitúa como el séptimo más húmedo desde que comenzaron las mediciones en 1961 y el segundo del siglo XXI, únicamente superado por el de 2001, según detalla el comunicado oficial.
La distribución de las precipitaciones no fue homogénea. El organismo meteorológico precisa que el mes resultó especialmente húmedo en áreas del litoral mediterráneo, con especial incidencia en la Comunidad Valenciana y Murcia, así como en determinados puntos del norte peninsular. En contraste, la cornisa cantábrica presentó en términos generales valores normales e incluso zonas con carácter seco. Por su parte, en ambos archipiélagos predominó una situación húmeda o muy húmeda en el conjunto de las islas.
Más allá de la lluvia acumulada, el mes destacó también por la escasez de horas de sol. La persistente nubosidad convirtió a enero en el mes con menos insolación en la Península desde 1996 y en el segundo más oscuro desde el inicio de la serie en 1984. Así lo explica el investigador Dominic Royé, de la Misión Biológica de Galicia, a partir de datos de la Organización Europea para la Explotación de Satélites Meteorológicos.
Royé detalla que enero registró la mayor anomalía negativa de horas de sol de toda la serie histórica, con una media de 29 horas menos en la península, solo superada por las 33 horas menos contabilizadas en 1996. Habitualmente, enero ronda en la península unas 185 horas de sol, aunque con notables diferencias territoriales: entre 100 y 120 en el norte y entre 250 y 270 en el sur. Este año, casi todo el territorio quedó por debajo de esos valores, con la excepción de Murcia, Almería y Baleares, que se mantuvieron dentro de la normalidad.
Las mayores reducciones de insolación se concentraron en la fachada atlántica y en el noroeste. En Galicia, los descensos fueron especialmente acusados: en Santiago las horas de sol cayeron casi un 50 % respecto a la media; en Vigo, un 48 %; y en La Coruña, un 46 %. Aún más marcadas fueron las reducciones en Orense, con un 57 % menos; Pontevedra, con un 56 %; y Lugo, con un 55 %. Son porcentajes superiores a los registrados en ciudades como Madrid, donde la caída fue del 20 %; Sevilla, del 30 %; o Gijón y Burgos, ambas con un 40 %.
El investigador señala que la orografía influye en estas variaciones, ya que las zonas montañosas suelen experimentar mayores reducciones de insolación, mientras que en la costa la nubosidad tiende a disiparse con mayor rapidez. No obstante, matiza que más precipitación no implica necesariamente menos horas de sol, puesto que puede llover intensamente en periodos breves y después despejarse el cielo. También la propia estación del año condiciona los registros, dado que en enero la duración del día es sensiblemente menor que en meses como julio.
Por último, Royé recuerda que la disminución de la exposición solar tiene efectos conocidos sobre el estado de ánimo. «Tiene un efecto fisiológico pero también psicológico, porque nos deprime muchas veces, sobre todo a los que estamos más al norte», subraya. Aun así, apunta que en ocasiones la percepción social de un invierno especialmente gris puede no corresponderse exactamente con los datos objetivos, aunque la reiterada presencia de borrascas, muchas de ellas de alto impacto y con nombre propio, refuerza esa sensación.
La última en llegar ha sido Marta, la decimotercera borrasca de alto impacto de la temporada. La Aemet ha destacado que es el año en que más pronto se ha alcanzado la letra ‘M’, ya que hasta ahora la más temprana había sido Myriam, nombrada el 3 de marzo de 2020. A partir de este miércoles, además, se espera la llegada de una nueva borrasca, Nils, que volverá a afectar a la península y marcará los próximos compases del invierno meteorológico.