Varias personas intentan sujetar sus paraguas en Santiago de Compostela
Las justificaciones de la Aemet después de decir que el invierno sería «más cálido y seco de lo normal»
La agencia subraya que en ningún momento afirmó que el invierno fuese a ser cálido en términos absolutos, es decir, sin presencia de frío
En las últimas semanas se ha difundido ampliamente la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) que apuntaba a que el invierno actual sería «cálido y seco». Sin embargo, esta valoración no ha coincidido con la percepción de buena parte de la ciudadanía. Muchas personas consideran que la estación está resultando no solo más lluviosa que en años recientes, sino también especialmente fría, salvo estas últimas jornadas de temperaturas primaverales. Esta aparente contradicción ha generado dudas y comentarios en distintos ámbitos, lo que ha llevado al organismo meteorológico a ofrecer aclaraciones públicas.
Ante la creciente confusión, la Aemet decidió explicar con mayor detalle el alcance de su previsión a través de un hilo publicado en la red social X. En esos mensajes, el organismo trató de matizar el significado técnico de sus estimaciones estacionales y de diferenciar entre la percepción subjetiva del tiempo diario y el análisis climatológico basado en datos y promedios a largo plazo.
El origen de la polémica se sitúa el 30 de noviembre, cuando la Aemet difundió un mensaje en el que indicaba que existía entre un 60 % y un 70 % de probabilidad de que el invierno –considerando los meses de diciembre, enero y febrero– registrara temperaturas superiores a lo habitual en el conjunto de España. En contraste, la probabilidad de que el trimestre invernal fuese más frío de lo normal se situaba en torno al 10 %. Estos porcentajes forman parte de los modelos de predicción estacional que emplean variables atmosféricas y oceánicas para estimar tendencias generales, no episodios concretos.
La clave de la cuestión reside en la interpretación del término «más cálido de lo normal». La Aemet subraya que en ningún momento afirmó que el invierno fuese a ser cálido en términos absolutos, es decir, sin presencia de frío. Lo que señalaba era que, en promedio, las temperaturas podrían situarse por encima del valor medio del período de referencia 1991-2020. Este matiz es fundamental, ya que un invierno con una media ligeramente superior a ese promedio puede incluir, sin contradicción alguna, olas de frío, heladas intensas o nevadas puntuales.
La diferencia entre tiempo y clima también ayuda a comprender el desencuentro. El tiempo describe las condiciones meteorológicas que se experimentan en días o semanas concretas, mientras que el clima se refiere a tendencias y promedios calculados a lo largo de décadas. Así, una sucesión de jornadas frías o lluviosas puede influir poderosamente en la sensación colectiva, aunque el balance global del trimestre termine situándose dentro de los parámetros previstos por los modelos.
En cuanto a las precipitaciones, la percepción de un invierno más lluvioso puede estar relacionada con episodios concentrados de lluvias intensas en determinadas regiones. No obstante, el carácter «seco» o «húmedo» de una estación se determina al comparar el acumulado total con los registros históricos. De nuevo, se trata de una evaluación estadística que no siempre coincide con la impresión subjetiva generada por temporales destacados.
La Aemet insiste en que sus previsiones estacionales no son pronósticos cerrados, sino estimaciones de tendencia. Por ello, un invierno que incluya episodios fríos notorios puede, al mismo tiempo, considerarse «más cálido de lo normal» desde el punto de vista estadístico, sin que exista contradicción real entre los datos y la experiencia diaria.