Zona afectada por el incendio de Niebla (Huelva)
Qué hay que hacer para recuperar un bosque después de un incendio: los expertos advierten de un error habitual
Los expertos recuerdan que la restauración será lenta: un bosque tupido puede tardar entre 40 y 50 años en volver a desarrollarse
Los incendios forestales que han golpeado este verano distintos puntos de España han dejado miles de hectáreas calcinadas y un nuevo reto: cómo recuperar los terrenos afectados sin agravar los daños. Expertos en gestión forestal y conservación ambiental coinciden en que la prioridad después de las llamas no debe ser plantar árboles de forma inmediata, sino evaluar el estado del suelo y actuar primero en las zonas más vulnerables a la erosión.
El decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, Eduardo Tolosana, explica que el primer paso debe ser determinar dónde existe un mayor riesgo. Para ello hay que analizar principalmente dos factores: la pendiente del terreno y la severidad del incendio, es decir, la temperatura que alcanzó el suelo y la intensidad con la que ardió la vegetación. Las zonas con fuertes pendientes y donde el fuego haya afectado gravemente al suelo son las que requieren una intervención más urgente, especialmente ante la llegada de lluvias.
Una de las primeras medidas consiste en instalar pequeñas estructuras que frenen el agua y eviten que las cenizas y la tierra terminen en los cauces. Se trata de palizadas, albarradas o fajinas, construidas habitualmente con restos vegetales del propio incendio y colocadas siguiendo las curvas de nivel. Estas barreras, de apenas medio metro o un metro de altura, permiten retener los materiales arrastrados por el agua y reducir tanto la pérdida de suelo como la contaminación de ríos y arroyos.
Después llegará el momento de decidir si es necesario reforestar. Y aquí los expertos piden paciencia. Muchas especies mediterráneas llevan millones de años conviviendo con el fuego y cuentan con mecanismos naturales para recuperarse. Encinas y robles melojos, por ejemplo, pueden rebrotar gracias a las reservas de energía que conservan en sus raíces. Algunas especies de pino también están adaptadas al fuego y liberan sus semillas tras el calor del incendio.
Por eso, plantar inmediatamente puede ser incluso contraproducente. Jorge Aguado, técnico del programa de Bosques de WWF España, considera imprescindible realizar primero un diagnóstico técnico y comprobar cómo evoluciona la regeneración natural. Introducir maquinaria y trabajadores sobre un suelo recién quemado puede aumentar su deterioro y favorecer la erosión.
No obstante, la regeneración natural no siempre será suficiente. Algunas zonas pueden quedar sin capacidad para recuperarse y otras pueden generar una vegetación excesivamente densa que aumente el riesgo de futuros incendios. Además, determinadas formaciones, como algunos pinares de montaña, presentan una menor capacidad de recuperación y pueden requerir reforestación.
Los expertos también reclaman prestar atención a la fauna. En áreas especialmente valiosas para la biodiversidad, como algunas de Madrid y Castilla y León, será necesario estudiar medidas para proteger especies afectadas por la pérdida de hábitat, como el águila imperial, el águila perdicera o el buitre negro.
El divulgador ambiental Miguel Aguado Arnáez recuerda que la llegada de las lluvias supone un momento crítico. Las cenizas pueden formar una especie de «chapapote vegetal» que reduzca la oxigenación de los ríos, mientras que el agua puede llevarse el escaso suelo que queda disponible para la regeneración.
La recuperación, además, será lenta. Un bosque tupido puede tardar entre 40 y 50 años en volver a desarrollarse. La naturaleza comienza primero con pequeños brotes y arbustos, cuyas raíces ayudan a estabilizar y mejorar el suelo. Después, progresivamente, aparecen los árboles. La restauración, por tanto, debe avanzar «de abajo hacia arriba» y respetar los ritmos naturales del ecosistema.
Todo este proceso tiene además un coste elevado. Las barreras contra la erosión pueden suponer entre 1.500 y 4.000 euros por hectárea, mientras que la reforestación puede alcanzar entre 3.000 y 5.000 euros. Unos costes que, según los expertos, refuerzan una conclusión: prevenir los grandes incendios resulta mucho más barato que extinguirlos y restaurar después el territorio quemado.